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sábado, 6 de julio de 2013

Patrimonio Edificado de la Venezuela del Siglo XX: Potenciales, Debilidades y Retos para su Preservación


 Autor: Arquitecto FRANCISCO PEREZ GALLEGO
Ponencia presentada en la reunión del Subcomité Latinoamericano de
Patrimonio del Siglo XX de ICOMOS, celebrada en Brasil, 2011. 

1.- VALORACION:

Venezuela, localizada al Norte de América del Sur, sincretiza y fusiona en su  territorio el encuentro del Caribe, los Andes y la reserva Amazónica, áreas geográficas, climática y paisajísticamente muy diferentes. Esta condición que derivó en una diversa y amplia gama de variantes culturales a través de los siglos, desde sus primeras manifestaciones habitables, se vio modificada intempestivamente en el siglo XX.  A partir de 1920, el país cambió súbitamente de una imagen provinciana, acorde a una economía fundamentalmente agraria para enfilarse en la producción petrolera, principal fuente de la economía durante el siglo XX. Este drástico cambio propició una transformación en todos los ámbitos de la vida y con ella de la organización territorial, de la estructura urbana de sus ciudades y de su arquitectura, al incorporarse en su seno,  los patrones de la vida moderna, que vinieron a homologar en cierta medida los caracteres singulares de cada región. Esta situación que puede ser vista como un problema, y que de hecho trajo consecuencias en el funcionamiento e imagen de las ciudades cuyas consecuencias aún padecemos, fue también la gran oportunidad para materializar los ideales del Movimiento Moderno en sus aspectos conceptuales y tangibles.

En consecuencia, Venezuela cuenta con un vasto legado de patrimonio edificado del siglo XX, infravalorado aún por la mayor parte de sus pobladores, que acostumbrados al uso cotidiano de estas edificaciones, no reconocen en ellas los valores que esconden y velan los patrones de vida de la etapa dorada de una Venezuela que significaba la esperanza idealizada de modernidad y progreso, de ascenso social y de oportunidades, que muchos contingentes migratorios visualizaron al escoger este país como opción de vida.

La Venezuela del siglo XX dejó un compendio de actuaciones en el campo de la infraestructura urbana y la arquitectura, cuyos valores aún escasamente estudiados, tienen potencial suficiente como para una declaración mundial. El único caso reconocido en el año 2000, es la Ciudad Universitaria de Caracas, obra magna de Carlos Raúl Villanueva, quien acompañado por un numeroso equipo de ingenieros y artistas de las vanguardias del siglo XX lograron materializar el sueño de la ciudad moderna: La segregación de funciones, la ciudad para el peatón y el automóvil, los alardes plásticos a través de nuevos materiales como el concreto armado y el vidrio, el espacio continuo y dinámico, las formas abstractas y complejas, la salubridad y funcionalidad, pero también el reconocimiento a los valores perennes de las tradiciones, de lo regional, del clima tropical que podían ser reinterpretados y resueltos con nuevos códigos para convertirse en poesía construida, recursos que dieran un viraje a los planteamientos de la Arquitectura Moderna y el llamado Estilo Internacional, generando soluciones adecuadas a las variables ambientales, climáticas y socioculturales de nuestro país. 

El proceso de modernización, cuyo posible momento culmen coincide con los inicios de la segunda mitad del siglo XX, en cuanto a número y cualidad de obras realizadas, no es producto de un gobierno exclusivamente, ni de una sola cabeza. Fue producto de una simbiosis de variables que a partir de la bonanza petrolera abrió un caudal que favoreció esa producción desmedida, a veces, dependiendo como se vea, y sin control que trajo como consecuencia las virtudes y las desgracias de nuestras ciudades. En pocas décadas los centros de nuestras ciudades vieron desaparecer por la piqueta y el buldócer sus casas de patio tradicionales, se ensancharon vías o se abrieron nuevas, arrasando con manzanas enteras de historia de las etapas prehispánica, colonial y republicana, ante la desmedida esperanza de construir mejores ciudades, eficientes funcional y sanitariamente. Retiros de frente, retiros laterales, control de porcentajes de construcción y la aplicación del gabarito, vinieron a sustituir a las fachadas continuas, de alturas constantes y ritmos generados por puertas, ventanas y rejas. Se demolieron importantes edificaciones para ser sustituidas por otras de mayor densidad en miras a resolver las necesidades funcionales de la metrópoli.

Este proceso de re-creación de las ciudades se detuvo o en ralentizó en el último cuarto del siglo pasado, dejando ciudades inacabadas, heterogéneas, repletas de retazos y remiendos, la Ciudad Collage descrita por Colin Rowe, como testimonio fragmentado de una modernidad que no se completó.

A pesar de esta situación, que tiene un doble cariz, las ciudades venezolanas representan arcas de un variado legado arquitectónico que toca todos los temas, donde la modernidad dejó una amplia huella como expresión de esos procesos de cambio histórico, político, sociocultural y económico.

2.- CARACTERIZACIÓN:

El patrimonio edificado del siglo XX en Venezuela se caracteriza por los siguientes aspectos:

*  HETEROGENEIDAD: El siglo XX en Venezuela compendia obras que van desde el historicismo en sus fases finales, caracterizadas por un profuso eclecticismo ornamental, pasando por el neohispánico como último revival historicista, el art Decó como estilo transitorio hasta llegar al momento culmen donde detona de forma avasallante el estilo internacional con sus formas modernas, inspirado en los aportes poéticos de las diferentes vanguardias artísticas lo que se puede enmarcar en la mitad del siglo, para iniciar un declinar hacia las últimas décadas del siglo XX, en experiencias y lenguajes heterogéneos y personalistas, algunos seguidores formalmente del brutalismo, otros de los conceptos del metabolismo, otros del contextualismo, hasta incursionar en las eclécticas experiencias entre el Post Moderno y el Tardo Moderno.

*  HISTORICIDAD: puede analizarse como un arco histórico donde se engloba desde el paso del historicismo decimonónico, todavía vigente en las primeras dos décadas del siglo XX, pasando por el neohispanismo y art decó como ultimas manifestaciones inclinadas a los aspectos de orden ornamental, para llegar al Movimiento Moderno en sus diferentes grados de maduración generacional.

*  CONVERGENCIA PROFESIONAL: de las jóvenes generaciones de arquitectos nacionales con reputados profesionales extranjeros de la arquitectura y la ingeniería lo que produjo un interesante debate en la configuración de las ciudades. La integración de profesionales que habían realizado sus estudios en el exterior como Carlos Raúl Villanueva (Escuela de Beaux Arts de París), Carlos Guinand Sandoz (Technische Hochschule de Munich, Alemania), Gustavo Wallis (especialización en EEUU. con el arquitecto Albert Kahn), Manuel Mujica Millán (Colegio Superior de Cataluña y Baleares), Cipriano Domínguez (pasantía en la Ecole d’architecture de París), Tomas Sanabria (Universidad de Harvard), o trabajado en talleres de arquitectos de reconocida trayectoria donde se había adoptado una posición franca y abierta hacia la modernidad como es el caso de Cipriano Domínguez y Augusto Tobito en la oficina de Le Corbusier, aunado a la incorporación por concurso, o por consultorías específicas de profesionales y artistas extranjeros como es el caso de Gio Ponti, José Luis Sert, Richard Neutra, Niemeyer, Roberto Burle Marx, entre otros, o los profesionales extranjeros que se asilaron en Venezuela después de la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, los cuales se integraron al gremio profesional local.

*  CONTEXTUALISMO: una constante que se manifiesta en buena parte de las edificaciones es la preocupación por la adaptación de los conceptos y postulados de la arquitectura moderna y de su lenguaje formal a las condiciones ambientales, urbanas, técnicas y culturales de nuestro contexto, lo que derivó en múltiples interpretaciones de los temas, fusionándose con nuestra realidad  para producir una riqueza incalculable de testimonios de la época tanto en las edificaciones de mayor complejidad y monumentalidad, como en las más modestas.

*  VERSATILIDAD ADAPTATIVA: constante demostrada por el progresivo cambio de uso a que han estado sometidas muchas de estas edificaciones, incluyendo las de vivienda unifamiliar en aquellas urbanizaciones que devinieron en actividades comerciales y de servicios, lo que tiene un cariz positivo, pero también negativo ya que las readecuaciones en muchos casos no han sido  respetuosas de los valores arquitectónicos de las mismas.  

3.- TEMAS Y EDIFICACIONES EMBLEMA

3.1.- ARQUITECTURA GUBERNAMENTAL

El crecimiento del Estado y con el, su aparato burocrático demandó desde comienzos del siglo XX la materialización de un equipamiento edilicio acorde a las nuevas necesidades. Los antiguos edificios decimonónicos de la época de Guzmán Blanco, quedan insuficientes y se ve necesario ampliar y dotar al gabinete ejecutivo de sedes ministeriales acordes. Las primeras sedes de gabinetes ministeriales se construyen entre 1905 y 1935, entre los gobiernos de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, dentro de una arquitectura signada por el academicismo en la disposición compositiva y el concepto de carácter a través del uso de diversos lenguajes historicistas, que van desde un tardío neobarroco en el Edificio del Ministerio de Hacienda (1907) del arquitecto Alejandro Chataing, hasta incursiones art decó en el Ministerio de Educación (1935-1938) del Ingeniero Guillermo Salas y el Ministerio de Fomento (1935) del arquitecto Carlos Guinand Sandoz.

Aunado a las sedes ministeriales, en el interior del país se refuerza el símbolo de poder político al sumarse los Palacios de Gobierno regionales, de algunos estados que carecían de edificaciones acordes a las exigencias programáticas y urbano-simbólicas del ejecutivo regional. Surgieron así el Palacio de la Gobernación de Caracas (1933) del arquitecto Gustavo Wallis de estilo art Decó, el Palacio de Gobierno del estado Táchira (1931) del arquitecto Luis Eduardo Chataing, la Gobernación del Estado Sucre (1930) y la Gobernación del Estado Guárico (1933-1934) proyectadas estas dos últimas a través del Ministerio de Obras Públicas, todas en estilo neoclásico, o el Palacio de Gobierno del Estado Mérida (1956-1958) en estilo neo hispánico, diseñada por el arquitecto de origen hispano Manuel Mujica Millán, entre otras.

Ya adentrado el siglo XX, desde la década de los 30 se concientiza el fenómeno de la metrópoli y su influencia en la transformación sin control de las principales ciudades del país. En el caso de la capital se conforma la Dirección de Urbanismo del Distrito Federal, que decide la contratación de los urbanistas Prost, Lambert, Wegenstein y Rotival, para disponer un Plan Rector para Caracas, llamado oficialmente, Plan Monumental de Caracas[1], también conocido como el Plan Rotival por el peso de la actuación del ingeniero francés Maurice Rotival en su  autoría y  asesoría  posterior.
Este primer plan urbano de actuación sobre la Caracas Metropolitana, planteaba la dotación de edificaciones de gobierno a lo largo de un gran eje monumental que a la manera de la actuación Haussmaniana en París generara una jerarquización vial, motivo para la inclusión en nodos neurálgicos de edificaciones emblemáticas gubernamentales. Aunque no se materializó a plenitud, sirvió de pauta, años después para la construcción del Centro Simón Bolívar (1942-1957), obra del arquitecto Cipriano Domínguez[2], discípulo de Le Corbusier. Este conjunto, emblema e ícono de la Caracas Moderna, constituyó una propuesta poli funcional que integraba el concepto de la zonificación de funciones, atendiendo tanto al vehículo, como al peatón, integrando en un solo complejo las funciones gubernamentales de los ministerios, servicios comerciales y de transporte. Sus dos torres prismáticas, gemelas se erigieron como remate visual de la Avenida Bolívar, vía de carácter expreso, articulando la direccionalidad de flujos hacia los cuatro puntos cardinales, a escasas dos cuadras del núcleo fundacional colonial.

Para ello se recurrió al uso de formas estereométricas que se encastran y adosan magistralmente, dispuestas de forma simétrica de cada lado de la avenida que se entroniza en su centro, sazonadas con algunas volumetrías curvilíneas que tanto en planta como en alzado imprimen ese equilibrio geométrico abstracto del Movimiento Moderno, incorporando temas como la planta libre, la planta tipo y el techo jardín. El uso de materiales nobles, mármoles y mosaicos vitrificados, en techos, paredes y pavimentos, acompasados de barandas de bronce, cerramientos de aluminio y la incorporación de obras artísticas muralistas de mosaicos, terminan de configurar una imagen plástica de gran fuerza formal. Es un conjunto de composición academicista vista desde su eje principal, pero totalmente funcional, racional, complejo y asimétrico desde sus fachadas laterales.

Dos décadas después, la jerarquía de este conjunto, emblema de la Caracas de los 50, se vio desplazada protagónicamente en escala y usos por el levantamiento de otro conjunto urbano en el lado Sureste de la Avenida Bolívar, el complejo urbano Parque Central (1970-1983), proyectado por el arquitecto Daniel Fernández Shaw (arquitectura) y el ingeniero Carlos Delfino (estructura), construido por la  firma constructora Siso & Fernández-Shaw como reurbanización de la otrora urbanización El Conde. Constituye un complejo multifuncional que además de incorporar dos torres rascacielos de 61 pisos para albergar nuevas sedes ministeriales, se conjugó con otras edificaciones prismáticas de menor altura destinadas a vivienda multifamiliar, sobre un basamento peatonal dinámico de varios pisos que aglutina servicios comerciales, culturales y recreacionales, de acuerdo al concepto de una ciudad dentro de la ciudad. Desde 1979 cuando se inauguró la Torre Oeste, hasta 2003 ostentaron el título de los rascacielos más altos de América Latina, hasta que fueron superadas por la Torre Mayor en Ciudad de México. En la actualidad las Torres de Parque Central son los segundos rascacielos en altura de América Latina. [3]

3.2.- ARQUITECTURA MILITAR: 

El siglo XX en Venezuela, estuvo caracterizado gubernamentalmente por largos períodos de dictadura militar. Estos realizaron importantes inversiones para reforzar el estamento de seguridad del país y su infraestructura. La creación de la Academia Militar, entre los gobiernos de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez,  en miras a la profesionalización castrense determinó el levantamiento del edificio de la Academia Militar de Venezuela, proyectada por el arquitecto Alejandro Chataing (1903-1906), un edificio ecléctico que fusiona un lenguaje militar neo-renacentista con técnicas constructivas modernas de ladrillo y acero, en la colina que domina al Oeste, el centro de la capital.

Pero a esta obra pionera en lo militar después de las múltiples fortificaciones heredadas del periodo colonial, se continuarán durante la dictadura Gomecista el conjunto de edificaciones para la Fuerza Aérea en la Ciudad de Maracay, que aunque no se convierte oficialmente en capital, en la práctica deviene en residencia oficial del ejecutivo. Así se levantan el Cuartel Sucre (1921), el Cuartel Bolívar (1930), ambos proyectados por el arquitecto Ricardo Razetti y  el Cuartel de Caballería José Antonio Páez (1930) proyectado por el Arquitecto Carlos Raúl Villanueva desde la sala Técnica del Ministerio de Obras Públicas con la dirección de las obras del ingeniero Guillermo Pardo Soublette, todos dentro de una línea ecléctica con claras alusiones historicistas a las fortificaciones militares por el uso de garitas, almenas, entre pilastras y cornisas con el uso de materiales modernos.  

La ascendencia de Marcos Pérez Giménez al poder en 1952 otro gobernante militar, trajo consigo nuevas actuaciones en esta temática para modernizar y ampliar el equipamiento castrense. Como parte de este objetivo se plantea la construcción de una nueva sede para la Academia Militar, y para la Escuela de Aplicación, (proyecto de 1945), en los terrenos de la antigua hacienda de caña azúcar, Conejo Blanco ubicada al suroeste de la capital, próxima al pueblo de El Valle, superando ampliamente en espacio y condiciones técnicas a las instalaciones anteriores, lo que permite deducir el peso que este ámbito tuvo en la época.

La nueva academia se convierte en motivo para una nueva transformación y reordenamiento urbanístico concatenada con la construcción de la Ciudad Universitaria de Caracas, que además del tema ad hoc, incorpora una nueva sede para la Escuela de Sub Oficiales, dispuesto de forma simétrica respecto a la Academia Militar, esquema que le permite estructurar un patio de armas que actúa de remate de un eje conmemorativo - paseo cívico-militar para la realización de los desfiles militares de las fiestas patrias.  Completando este conjunto de claros rasgos académicos y uso austero de un lenguaje pseudo-neoclásico, se acopla tangencialmente al eje un club turístico recreacional con hotel, servicios y salas festivas para el disfrute del personal militar, el Círculo de las Fuerzas Armadas (1950-1952) en estilo Internacional.  Todo el conjunto fue proyectado por el Arquitecto Luis Malaussena, con la colaboración en el caso del  Círculo Militar del joven arquitecto de origen alemán recién llegado al país, Federico Beckhoff.

En el litoral se construye la Escuela Náutica de Venezuela (1951) y cerca de Maracay la Base Aérea el Libertador en Palo Negro,  también proyectadas por Luis Malaussena como contribución de este arquitecto al proceso de modernización de las Fuerzas Armadas a mediados del siglo XX, siguiendo patrones similares al de la Academia Militar mediante patios, corredores y pabellones de severa volumetría. [4]

3.3.- ARQUITECTURA EDUCACIONAL:

Sin duda alguna, uno de los temas de diseño que nos dejó un importante legado patrimonial construido durante el siglo XX es el referido al ámbito educacional, ya que a raíz de las transformaciones introducidas por la Ley de Educación de 1940 y la asunción por parte del Estado de la educación como un problema capital, las obras públicas se volcaron en las décadas de 1940 y 50 a la construcción a lo largo y ancho de la geografía nacional, de una importante red de infraestructura educacional que partía de la escuela primaria a través de la inserción de escuelas modelos en las diferentes capitales de los estados, continuando por liceos públicos tipo para la secundaria, hasta rematar de forma estratégica con una espléndida infraestructura para los estudios universitarios.

El conjunto de escuelas se emprende en el periodo presidencial de Isaías Medina Angarita (1940-1945) a través del conjunto de Grupos Escolares en dos series: la serie “República” y la serie “Estado” diseñados en buen número por el Arquitecto Luis Malaussena, en los cuales se fueron ensayando temas como la eficiencia funcional, el confort climático y las respuestas paisajísticas y urbanas al entorno donde se implantaban. En estos grupos escolares, se emplearon los mejores materiales y condiciones espaciales a los que se podía aspirar en la época llegando a constituir los “nuevos templos del saber”, hecho que dice en gran medida la seriedad con que fue asumida por parte del estado este tipo de arquitectura.

Como inventario de estas edificaciones se pueden destacar, en la capital el Grupo Escolar República del Ecuador (1942), el Grupo Escolar República de Bolivia (1942), y el Grupo Escolar y Escuela Normal Miguel Antonio Caro (1943-1945). En estas la selección de estilos fluctúa entre el Art Decó, el Neocolonial y síntesis mas ambiguas y eclécticas que toman elementos de los estilos mencionados, hasta obras posteriores donde se manifiesta el Estilo Internacional. En el interior del país destacan, el Grupo Escolar República de México (1943) en Maracay, Estado Aragua, Grupo Escolar República de Brasil (1942) en San Juan de los Morros, Estado Guárico, Grupo Escolar República de Nicaragua (1945) en San Felipe Estado Yaracuy; Grupo Escolar República de Brasil (1942) en San Juan de los Morros, Estado Guárico; el Grupo Escolar Republica Dominicana (1944) en el Tocuyo, Estado Lara, Grupo Escolar Estados Unidos de América (1944-1945) en Calabozo, Estado Guárico por un lado y los Grupos Escolares Estado Zulia (1945) en Porlamar, Estado Nueva Esparta; el Grupo Escolar Estado Carabobo (1944) en Trujillo [5] y el Grupo Escolar Estado Mérida en Ciudad Bolívar (1942).

A estas debemos agregar el Grupo Escolar Gran Colombia (actual Francisco Pimentel) (1945) proyectado por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva. 

“Las sedes de los grupos escolares, nombre genérico que se da a las edificaciones para la educación primaria que se construyen durante la década de 1940, van a constituir a lo largo de todo el territorio nacional una de las principales muestras concretas de un proceso de modernización de amplio espectro que se materializa en Venezuela y que no queda convertido en simples propósitos y actos de fe.
[6]
Durante la década del 50, se continuó esta tendencia, incorporando nuevos grupos escolares y reforzando la formación de bachillerato con la construcción de sedes para liceos, en los que se adoptaron ya definitivamente esquemas funcionalistas conformados por la articulación de diferentes cuerpos y pabellones con corredores  abiertos, aulas intercaladas por patios de iluminación y ventilación, así como la preeminencia del volumen del auditorio y las áreas administrativas de la institución como planteamientos reiterativos. Son destacadas en la capital las edificaciones del Liceo Caracas (1935-1939) actual sede del Instituto Pedagógico y el Liceo Fermín Toro (1944-1945) proyectados ambos por Cipriano Domínguez, el Liceo Andrés Bello proyectado por el arquitecto Luis Eduardo Chataing (1945). En el interior destacan igualmente edificios de la misma calidad arquitectónica. Merece destacarse los casos del Liceo Libertador (ca. 1945) en la Ciudad de Mérida, el Liceo Lisandro Alvarado en Barquisimeto, ambos proyectados por Cipriano Domínguez. Al caer la dictadura en 1958, el tema educacional es reorientado. Se crea la Oficina de arquitectura del Ministerio de Obras Publicas para instalaciones educativas dentro de la cual se concebirán edificios piloto como el Liceo Pedro Emilio Coll (1958-1959), el Liceo Gustavo Herrera (1963) y el Liceo Urbaneja Achelpohl (1964) y el Liceo Dr. Columbo Silva Bolívar (1958-1959) en Ciudad Bolívar, entre otros.

Completando la atención al estamento educacional para los estudios de tercer nivel se emprende la construcción de un campus universitario para la Universidad Central de Venezuela, a través del proyecto de la  Ciudad Universitaria de Caracas (1943 - 1952) sobre la colonial hacienda Ibarra, productora de caña de azúcar. El conjunto fue proyectado y coordinado por el Arquitecto Carlos Raúl Villanueva, con el apoyo y participación de un distinguido equipo de profesionales de la arquitectura e ingeniería, acompañado de los más destacados artistas de las vanguardias del momento de trayectoria tanto nacional como internacional.

Artistas venezolanos como Alejandro Otero, Alirio Oramas, Oswaldo Vigas, Francisco Narváez y extranjeros como Jean Arp, Fernand Leger, Víctor Vasarely y Alexander Calder entre otros, participaron en el proyecto de la síntesis de las artes. El conjunto fue reconocido y  declarado como Patrimonio Mundial en el año 2000, precisamente por ser un ejemplo excepcional de la arquitectura moderna que comprende un gran número de construcciones y edificios agrupados en un conjunto funcional y bien estructurado, cuyo valor es realzado por obras maestras de la arquitectura y las artes plásticas.[7]   

En el interior de la república y en atención al auge petrolero se desarrolló la Escuela de ingeniería y petróleo para la Universidad del Zulia (1956-1957), proyectada también por el Arquitecto Carlos Raúl Villanueva y las edificaciones para el Rectorado de la Universidad de Los Andes (1950 ca.) proyectada por el Arquitecto Manuel Mujica Millán.

3.4.- ARQUITECTURA MEDICO ASISTENCIAL:

El siglo XX es también la época de levantamiento de los grandes hospitales centrales tipo, los cuales se insertaron en las ciudades de mayor concentración poblacional para actuar como instituciones de referencia regional. Surgieron edificios caracterizados por la implementación de varias plantas y alas tipo, respondiendo a la funcionalidad como premisa, y adecuados material y climáticamente a los diferentes contextos regionales. Una obra temprana en Caracas es el Sanatorio Antituberculoso (1939) proyectado por el arquitecto Carlos Guinand Sandoz en un esquema academicista conformado por pabellones separados por patios, empleando un depurado lenguaje racional con ciertas reminiscencias wrightianas.

Después de este podemos mencionar el Hospital Clínico Universitario (1943-1956) integrante del complejo de la Ciudad Universitaria de Caracas, para cuya construcción se conformó una comisión planificadora liderizada por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva como proyectista, donde también participaron el Ingeniero Guillermo Herrera en el proyecto, el Ingeniero Armando Vegas en la conducción de la obra y la asesoría de los profesionales norteamericanos expertos en hospitales Frank Mac Vey y Tomas R. Penton. Un edificio de composición academicista y referencias mendelssohnianas compuesto por dos prismas longitudinales, uno de mayor altura que otro, de los cuales derivan perpendicularmente de forma escalonada  cuatro prismas rematados en forma convexa, tratados mediante una fuerte policromía que intensifica el juego volumétrico abstracto.

Pero esta obra paradigmática en el tema asistencial no fue aislada, ya que en otros puntos de la ciudad, se van a edificar otros hospitales especializados en determinadas patologías, así como también en las principales ciudades del interior se levantarán otros hospitales centrales. En la capital se construye la “moderna” Maternidad Concepción Palacios (1939) proyectada por el ingeniero Willy Ossot y edificada por la “Constructora Atlas”, el Hospital de Niños José Manuel de Los Ríos (1957), así como los Hospitales Medico Quirúrgicos (1952-1954), que se erigieron en los polos periféricos de la Ciudad, el Hospital  Médico- Quirúrgico de Catia, el de Valle-Coche y el Hospital  Médico Quirúrgico de Maiquetía en Pariata, actual Estado Vargas, todos a través de la Gobernación del Distrito Federal. En todos estos se implementó el tipo edilicio de una torre en forma de paralelepípedo de fachadas diferenciadas de acuerdo a su orientación y plantas tipo, encastrada por contraste a un cuerpo bajo de desarrollo horizontal, que aglutinaba los servicios de emergencias y dependencias administrativas entre otras. 

Una vez concluida la dictadura se levantaron otras edificaciones paradigmáticas que asumieron el papel protagónico como hospital central, proyectados por encargo de la  Dirección de Edificios Médico Asistenciales del Ministerio de Obras Públicas de las cuales debemos destacar en la Capital el Hospital del Oeste Dr. Miguel Pérez Carreño (1965-1970), y el Hospital del Este Juan Domingo Luciani (1969-1987) realizado por los arquitectos Elena Seguias de Ruiz y Nelson Douahi.  En este la volumetría del edificio está basada en un volumen escalonado con predominio horizontal que comprende desde el 1er. Nivel de servicios generales hasta el nivel 3º. El nivel inmediato superior esta tratado como un gran elemento de transición y culmina el desarrollo acentuándose las formas verticales representadas por 4 volúmenes o torres, de características similares, destinadas a hospitalización.[8]

3.5.- ARQUITECTURA COMERCIAL:

No puede faltar en esta compilación valorativa, el ámbito de la arquitectura comercial que dejó un legado importante en la imagen urbana de las ciudades venezolanas del siglo XX.  La llegada del vehículo automotor y los cambios operados en los hábitos de consumo, producto de la renta petrolera y los movimientos migratorios que se dieron desde la década del 40, primeramente de contingentes de técnicos y profesionales norteamericanos que se incorporaron a la industria petrolera, y mas tarde de inmigrantes obreros provenientes de la Europa de Postguerra,  llegando a su culmen en la siguiente década, impactaron radicalmente la escala y dimensión de las ciudades, en particular la capital de la república y aquellas otras vinculadas a la actividad petrolera y comercial.  Dentro de este renglón debemos hacer mención a la construcción de edificios destinados a los mercados centrales, municipales y parroquiales y los pioneros edificios destinados a centros comerciales, levantados en la década de 1950.

La construcción de edificios de mercado se inicia a fines del siglo XIX, en las ciudades de mayor actividad comercial; sin embargo, con el auge de la renta petrolera y el crecimiento desmesurado de las ciudades que se adentraban en el fenómeno metropolitano, desde la primera mitad del siglo XX, se van a construir mercados para albergar la compra y venta de comestibles vegetales y cárnicos, en adecuadas condiciones sanitarias y conservativas, cónsonas con los aires de modernidad. El Mercado de Capacho (1904), en la ciudad homónima del Estado Táchira, el Mercado Principal de Maracaibo (1928),  con estructura metálica de procedencia inglesa  y adaptada al sitio por el ingeniero de origen belga Leon Höet, son experiencias pioneras de visos historicistas y composición académica, en los que se emplearon  componentes de mampostería para la estructura portante y estructuras metálicas prefabricadas para las cubiertas.

En la segunda mitad del siglo XX, se emprenden en la capital de la república, por iniciativa de la Gobernación del Distrito Federal, un conjunto de mercados, que contemplaba en primer término la traslación de la actividad del mercado central decimonónico a la periferia, creando para ello toda una moderna infraestructura de expendio, almacenaje y dependencias administrativas de mayor eficiencia en la parroquia periférica de Coche (1955). Para ello se crea la Compañía Anónima de Mercados, silos y frigoríficos del Distrito Federal [9] bajo cuya gestión se edificaron mercados principales, dotándolos de edificios de estupenda arquitectura, donde se conjugaba funcionalidad, estética y alardes técnicos, política que estuvo encomendada a la Oficina Técnica Carlos Blaschitz. 

El Mercado de Quinta Crespo (1951-1955), Guaicaipuro (1953), La Pastora (1953), Maiquetía (1955), Prado de María (1956)  y Punta de Mulatos (1956), fueron sitios y edificios que se convirtieron en referencias locales, logradas mediante adecuadas inserciones en la trama urbana y la conjunción de duros prismas con paramentos de revestimientos de mortero y bloques de ventilación, en contraste con cubiertas ligeras de grandes luces abovedadas, plegadas u onduladas. De todos estos, el Mercado de Quinta Crespo destacó por su estampa, rematada con una torre de reloj en forma de paralelepípedo que se encastraba en el extremo de un cuerpo bajo.

Por otro lado, la introducción de los primeros modelos del centro comercial vinculados a la idea del supermercado, fueron desarrollados por el arquitecto de origen norteamericano Don Hatch, quien residió en el país entre 1948 y 1959. Estos fueron promovidos por la iniciativa de la Venezuelan Basic Economy Corporation (VBEC), subsidiaria de International Basic Economy Corporation (IBEC), empresa lucrativa concebida por Nelson Rockefeller en su política de penetrar los mercados latinoamericanos donde tenían especiales intereses económicos, con el apoyo de la Corporación Venezolana de Fomento que trataba de impulsar la captación de inversiones extranjeras. Expresión tangible de estos mecanismos metropolitanos del mercado internacional lo representan el pionero Centro Comercial Todos (1954) en Maracaibo, a los que en virtud del éxito obtenido luego se suman  en Caracas, el Centro Comercial Las Mercedes (1955) y el Centro Comercial La Vega (1956-1958). En estos tres ejemplos de arquitectura se manifiesta la aparición de una nueva tipología edilicia, caracterizada por grandes espacios de comercialización para el self service, conectados mediante pasillos y/o sobre espacios de gran escala cubiertos por sofisticadas estructuras ligeras de cerchas metálicas, que permitieron la cobertura de amplias luces libres de columnas, adecuados a la exhibición y venta de los productos.[10]

Una edificación comercial emblemática es la Venta-Exposición de automóviles Angloven, (1954-1956), proyectada por la firma de José Miguel Galia y Martín Vegas. Este pabellón para exhibición, mantenimiento y venta automotriz presentó una imagen vanguardista a partir del uso de la forma circular y una ingeniosa solución estructural de pórticos que parten de una columna central que sostiene una cúpula de 26 metros de diámetro para la comercialización del objeto icónico de la modernidad, el automóvil. [11]

Aunada a estas nuevas tipologías comerciales, las ciudades venezolanas de los años 50, también vieron la instalación de las primeras tiendas por departamentos, de la cual merece hacerse mención la conocida cadena estadounidense Sears Roebuck and Company, que hizo aparición de forma estratégica en 1950, operando ininterrumpidamente hasta 1984.

Se instalaron tiendas de esta cadena en ciudades como Caracas, Maracaibo, Valencia, Puerto La Cruz y Barquisimeto, con proyectos elaborados a partir de esquemas de arquitectos norteamericanos, con la participación del Arquitecto Tomás José Sanabria en algunas, a partir de las pautas de la firma. En estas prevalecía la solución de un binomio edificado formado por el volumen de la tienda, concentrada en una gran caja hermética que aglutinaba varios pisos interconectados por escaleras mecánicas y ascensores, adosada a un cuerpo de varios pisos de estructura en concreto armado a la vista que albergaba el estacionamiento techado, el cual competía jerárquicamente con la primera, como símbolo del papel protagónico del vehículo en la modernidad. La Sede principal de Caracas, que a pesar de los cambios institucionales se había mantenido hasta comienzos de la presente década,  fue reciclada a comienzos de 2001 para albergar la sede corporativa de un banco, conservando la estructura interior pero transformando completamente su envolvente mediante la incorporación de nuevos volúmenes y revestimientos de vidrio y ladrillo a la vista.

La construcción de centros comerciales se convirtió a partir de la década de 1960 en una  constante, que a la par del crecimiento de la ciudad fue legando edificaciones unas de mejores cualidades arquitectónicas que otras, pero en definitiva estos devinieron en nuevos íconos de los diferentes  paisajes urbanos venezolanos. Merecen destacarse por su concepto abierto al contexto urbano a través de volúmenes organizados para conformar calles cubiertas y plazas de estacionamiento adecuado a las condiciones del trópico el Centro Comercial Chacaíto (1965-1968) y el Centro Comercial El Marqués (1971-1973) ambos proyectados por el arquitecto Antonio Pinzani y mas tarde el conjunto del Centro Comercial Paseo Las Mercedes y Hotel Holiday Inn (1969-1974) del arquitecto Jimmy Alcock que introdujo el edificio multifuncional comercial-hotelero combinando un edificio alto destinado al hotel, articulado a un paralelepípedo horizontal horadado en su médula por un interesante patio interior escalonado cubierto por una bóveda flexible traslúcida y flexible.[12]

3.6.- ARQUITECTURA CORPORATIVA:

La arquitectura venezolana desarrollada a partir de la década del 40 no puede dejar de lado el tema corporativo, en un contexto cambiante donde se conjugaba el arribo al país de empresas transnacionales y el despertar y consolidación de empresas locales, producto del atractivo del ingreso petrolero. Las empresas petroleras fueron pioneras en este sentido, al instalarse en las urbanizaciones emergentes de las ciudades de mayor actividad vinculada a la industria petrolera como Caracas y Maracaibo.

El levantamiento de modernos edificios de varias plantas tipo, donde se reunía la eficiencia de funcionamiento con la generación de una imagen corporativa visible para la urbe, fue una constante que nos legó edificaciones como la primera sede de la Shell Oil Company (1946-1950) en San Bernardino, actual sede de la Armada de Venezuela proyectado por la firma Badgeley & Bradbury, de acuerdo a un esquema academicista a pesar de su volumetría moderna; la sede de la Creole Petroleum Corporation (1947-1954) entre las modernas urbanizaciones Los Chaguaramos y Bello Monte de la Ciudad de Caracas, proyectada por la firma Lathrop Douglas Architects de Nueva York[13], la segunda sede de la Shell Oil Company (1957-1960) en Chuao, proyectada por los arquitectos Diego Carbonell y Miguel Salvador; la sede de la Mobil Oil Company (1957) diseñada por el arquitecto Don Hatch en La Floresta y el Edificio Atlantic (1957) que formaba parte del Proyecto del Centro Petrolero de Caracas.

Este último fue programado para albergar a tres empresas petroleras, Atlantic, Mene grande y Texas con proyecto del arquitecto de origen italiano Ángelo De Sapio, quien luego desarrollara una profusa obra internacional. De este último proyecto por razones económicas solo se materializó la sede para la Venezuelan Atlantic Refining Company (VARCO), empresa que operó en Venezuela entre 1925 y 1975.

En estos edificios predomina el uso de la torre en forma de paralelepípedo encastrada a otros cuerpos de desarrollo horizontal para los servicios complementarios, con estructuras de acero expuestas a la vista, o en algunos casos revestidas de concreto, recurriendo a elementos de protección solar a manera de pestañas – aleros horizontales o de brise soleils verticales.[14]

Acompañando la arquitectura para las empresas petroleras, el siglo XX significó la multiplicación de edificaciones para oficinas corporativas de orden privado, tema que se inicia tímidamente en los años 40  dentro del perfil todavía provinciano de las ciudades venezolanas, para estallar dramáticamente hasta configurar complejos paisajes metropolitanos en las décadas de los 70 y 80.

En la década de 1940 va a destacar la figura de Rafael Bergamín con los proyectos para agencias bancarias de los Bancos Unión (1945), Caracas (1951), Mercantil y Agrícola (1952-1953), Venezolano de Crédito (1952-1953) y el Banco de Maracaibo (1955), en el centro de Caracas, en los que creó un tipo que durante años definió la imagen del edificio bancario en Caracas.[15]

También se deben mencionar los primeros edificios sucursales de empresas bancarias diseminados luego hacia el Este, como es el caso del Banco Unión (1953-1955)  proyectado por la firma de arquitectos Carlos Guinand, Moisés Benacerraf y Emile Vestuti, así como el edificio del Banco Mercantil y Agrícola (1954) de la firma Martín Vegas y José Miguel Galia, ambos localizados sobre la pujante Calle Real de Sabana Grande, eje comercial de la capital moderna, cuyas implantaciones ambas en esquina sobre la calle resuelven a la manera moderna mediante prismas de diferente proporción, la articulación y cambio  de escala entre el eje principal y la transversal que deriva de ella.

Podemos mencionar como edificio icónico del edificio multifuncional de oficinas,  comercio y servicios el conjunto de la Torre Polar – Teatro del Este (1951-1954), considerado durante años como el primer rascacielos caraqueño. En este, la torre prismática acristalada de estructura aporticada metálica se acopla a un basamento horizontal permeable de articulación con el anexo volumen del teatro en concreto y ladrillo a la vista con claras alusiones a la arquitectura de Mies Van der Rohe. [16]

En los inicios de la década de los 60 se manifestó cierto estancamiento en la construcción, lo cual se superó con creces con el devenir de las décadas ulteriores. Desde mediados de los 60  se emprenden importantes edificaciones de oficinas, que frente a lo anodino y la estandarización constructiva  de los edificios de las petroleras, irrumpen tratando de ostentar y destacar en el perfil de las ciudades.

En Caracas se erigen destacadas nuevas torres de oficina para satisfacer las necesidades de uso e imagen de empresas nacionales, sedes de editoriales periodísticas, bancarias o de seguros,  que subyugan en altura a la Torre Polar, desplazándola como el edificio de mayor altura. La primera Sede de la Electricidad de Caracas (1953) de Diego Carbonell y Tomas José Sanabria; El Centro profesional del Este (1965) de los Arquitectos Jorge Romero Gutiérrez, Pedro Neuberger y Dirk Bornhorst; La Torre Phelps (1965-1968) proyectada por el arquitecto José Puig, la Torre Capriles (1965-1968)  de los arquitectos John Machado y Gustavo Machado; la Torre sede del Diario El Universal  (1971) de la firma Wilkie, Borges y Pimentel, las Torres para las empresas de seguros La Previsora (1972) y Británica de Seguros (1977-1980) de la oficina de Borges, Pimentel, Lasala y Koifmann, así como la segunda sede de la Electricidad de Caracas (1975-1981) se erigen como nuevos íconos urbanos con una escala monumental, donde predomina el empleo del concreto a la vista, desde unas de imágenes estrictamente racionalistas mediante el uso de parasoles, a otras de carácter brutalista y escultórico como la Torre de La Previsora.

El Edificio de Seguros Orinoco (1968-1972) igualmente se suma a esta lista, proyectado por el Arquitecto José Miguel Galia, haciendo uso de un neoexpresionismo volumétrico a través de la fragmentación del prisma en múltiples entrantes y salientes de vanos y balcones en texturas de ladrillo a la vista.

Por parte del Estado también se levantaron nuevos edificios para albergar funciones específicas de la burocracia gubernamental, que exigían una representatividad iconográfica en la ciudad, actitud que aportó edificaciones como la nueva Sede del Banco Central de Venezuela (1962-1965; 1971-1973), la sede del Instituto Nacional de Cooperación Educativa - INCE (1965-1968) ambas de la oficina de Tomás y Eduardo Sanabria en la capital; o las obras para el Concejo Municipal de Barquisimeto (1966), la sede para la Corporación Venezolana de Guayana (1967-1970) del arquitecto Jesús Tenreiro, o la Aduana de Puerto Cabello (1964) del arquitecto Julián Ferris en el interior del país.
3.7.- ARQUITECTURA TURÍSTICO - RECREACIONAL:

Las metrópolis nacientes en la Venezuela de mediados de siglo XX, demandaban espacios lúdicos, para el esparcimiento y recreación. A su vez la necesidad de captar y alojar cómodamente a empresarios, profesionales y técnicos que se incorporaron en la actividad petrolera a fines de la década del 30, aunado a la gestación de una política de estado para reinvertir la plusvalía petrolera en la actividad turística, dio lugar a otro conjunto de bienes edificados que sirvió de campo experimental para la aplicación de los postulados del Movimiento Moderno tanto para los pioneros, como las jóvenes generaciones de arquitectos que comenzaban a egresar de la joven Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela.

La dotación de paseos y parques urbanos para las ciudades, dando continuidad a la idea de ornato público emprendida en el siglo XIX, dejará legados como el todavía academicista Paseo Los Próceres (1951-1957) proyectado por el arquitecto Luis Malaussena, donde amalgamados a una composición neoclásica, se acoplan ornamentos y grupos escultóricos de tendencia art decó, entre parterres, fuentes y espejos de agua, como preámbulo de la vida civil a la Academia Militar.

Entre fines de la década del 50 e inicios de los 60 destaca en la capital el Parque del Este (1960), diseñado sobre los terrenos de la antigua Hacienda San José “con la finalidad de darle a la población de Caracas un espacio provisto de flora y fauna y ser un lugar para el esparcimiento y recreación en ambiente natural” [17]. Su origen se remonta a la idea del Gobierno de Marcos Pérez Jiménez de realizar en 1960 una Exposición Internacional en Caracas, en los terrenos, entre la Avenida Francisco de Miranda, a la altura de Los Palos Grandes, y la Autopista Francisco Fajardo. Al caer la dictadura el proyecto se reformuló reduciendo la superficie de actuación. En esta obra convergió el trabajo del arquitecto paisajista brasilero Roberto Burle Marx, con profesionales de origen nacional como John Stoddart y Fernando Tábora en la implementación y desarrollo del proyecto, el botánico Leandro Aristiguieta en la asesoría científica y Carlos Guinand en el diseño de algunas edificaciones emblemáticas de su interior como el edificio para el Planetarium Humboldt (1959-1961). En el diseño de este parque, se fusiona la luz y exuberancia de las especies tropicales, con la libertad orgánica de líneas serpenteantes o ameba-formes a través de cominerías, masas vegetales y espejos de agua, que contrastan en determinados locus, con volúmenes de líneas estereométricas que actúan como murallas protectoras o contenedoras de las áreas verdes. Es el caso de las edificaciones para los servicios y cafetines, así como los patios de los Azulejos, de los Muros Rojos y de la Cortina de Agua.[18]

A finales de la década de 1960 destaca el rediseño del antiguo Parque Sucre para su rehabilitación como Parque Los Caobos (1960-1968) según proyecto del arquitecto José Miguel Galia, surcado por un paseo de caobas que conformaran  el camino principal de la antigua hacienda de cacao La Industria, propiedad de Don José Mosquera, ubicada en el sitio de  Quebrada Honda. El parque se dota de nuevas caminerías, quioscos, jardineras y espejos de agua, con líneas quebradas derivadas del uso de una retícula basada en el triángulo equilátero, además de acoger la antigua fuente “La Monumental Venezuela” (1952-1953), alegórica a todas las razas y culturas que cohabitan el país, obra del escultor de origen catalán Ernesto Maragall.

En cuanto a la arquitectura hotelera, que pretendía diversificar la economía del país hacia otros rumbos, se emprende la construcción de hoteles en diferentes escenarios de nuestra geografía, en miras a generar un equipamiento óptimo para estimular la actividad turístico-recreacional. Estos se construyen en su mayoría por iniciativa del Estado, a través de la Compañía Nacional de Hoteles y Turismo (CONAHOTU), empresa gubernamental creada para su fomento; otras menos por el esfuerzo privado de cadenas transnacionales o de carácter mixto a través de concesiones de uso. Las líneas del estilo internacional van a dominar en la totalidad de los edificios, con interesantes propuestas formales y tratamientos de fachada para lograr la adaptación climática a los diferentes contextos donde se implantaron, aunados a la dotación de paisajismos de especies tropicales y la incorporación de acabados locales. 

Así podemos destacar en Caracas el pionero Hotel Ávila (1939-1941), promovido por la compañía de Nelson Rockefeller para ampliar la oferta de alojamiento de alto estándar en Caracas, para los empleados de la industria petrolera, proyectado por los arquitectos norteamericanos Wallace Kirkman Harrison & Andre Fouilhoux; mas tarde el conjunto del Hotel Humboldt y la Estación Ávila del Teleférico (1956), coronando la cima del Cerro El Avila proyectado por el arquitecto Tomás José Sanabria, y los ingenieros Gustavo Larrazábal y Oscar Urreiztieta, con paisajismo de Roberto Burle Marx, además de las estaciones del Teleférico en Maripérez y El Cojo, diseñadas por el arquitecto Alejandro Pietri Pietri. Además de este ícono de la ciudad también destacó la construcción del Hotel Tamanaco Intercontinental (1953), proyectado por la firma norteamericana de arquitectos de Chicago Holabird & Root & Burgee que proyectara varios hoteles en América Latina para la Cadena Intercontinental, con la que colaboró el arquitecto venezolano Gustavo Guinand, con ampliación posterior de los arquitectos Américo Faillace y Manuel Corao (1957).[19] Su volumen de dos alas escalonadas dispuestas en v, hacia el Valle de Caracas y la Urbanización Las Mercedes sería otro icono de la Caracas moderna.

En el interior de la república destacarán como hoteles de playa, el Hotel Guaicamacuto, luego Macuto Sheraton (1955) en la costa  litoral central, proyectado por el arquitecto Luis Malaussena, el  Hotel del Lago (1953)[20] ubicado en Maracaibo, Estado Zulia, proyectado también por Holabird & Root & Burgee, el Hotel Bella Vista en la Isla de Margarita (1955) proyectado por el arquitecto Julián Ferris y el Hotel Cumanagoto (1955), proyectado por la firma del arquitecto Julio Volante y Asociados. En el contexto de hoteles de campo y montaña el Hotel Prado de Río (1954) ubicado en la ciudad de Mérida en medio del paisaje andino, del arquitecto Fruto Vivas; el Hotel Tamá (195) en San Cristóbal del arquitecto Julio Volante; el Hotel Maracay (1954), para la ciudad homónima, dotado de campos de golf, proyectado por Luis Malaussena, el antiguo Hotel Jira-Jara de Barquisimeto mas tarde otorgado a la cadena Hilton (1977), proyectado por el arquitecto Jimmy Alcock y el Hotel Llano Alto (1954-1956) en Barinas de los Arquitectos Oscar Carpio y Guillermo Suárez [21]. En la región de Guayana se levantan los hoteles Santo Tomé, actual Guayana Intercontinental (1968) y el Hotel La Cumbre en Ciudad Bolívar, ambos proyectados por el arquitecto Fruto Vivas.
Dentro del ámbito lúdico es importante resaltar la obra del Hipódromo de la Rinconada (1955) en Caracas, proyectado por el arquitecto Arthur Froelich. En este conjunto destaca el uso escultural del concreto armado para la conformación de las gradas cubiertas por estructuras de grandes volados acostillados, aunado a un espléndido trabajo paisajístico de especies tropicales.

A esta importante obra se suman los clubes y urbanizaciones para el ocio tanto de iniciativa estadal para la recreación de los trabajadores, como los emprendidos por promotores privados. Así podemos citar en el primer rango los proyectos vacacionales tales como la Ciudad Vacacional de Los Caracas (1954) construida en diferentes fases con aportes proyectuales iniciales del equipo técnico del Ministerio de Obras Públicas a cargo del Ingeniero Francisco Martínez como jefe, con la posterior contratación del Ingeniero Armando Vegas y la colaboración del Arquitecto Carlos Raúl Villanueva para los edificios de vivienda. Más tarde se sumaron los aportes del Arquitecto Miguel Salvador en el Proyecto del Mirador del conjunto, del Arquitecto Pedro Riqueces en el Club-Restaurant del Sector del Botuco, del Arquitecto Carlos Olmos Osorio en el conjunto de la Piscina (1956) y del Arquitecto José Ignacio Sánchez Carneiro en el balneario, muelles, espigones, puente y demás obras de paisajismo[22]. 

Dentro del ámbito privado, los mediados del siglo XX significaron una época de gran movilidad y ascenso social la cual devino en la promoción de conjuntos privados para la recreación tanto de la clase media profesional en auge, como de comunidades regionales o extranjeras que asentadas en la capital por los procesos migratorios dejaron importantes inserciones en los contextos de la periferia urbana en consolidación. Forman parte de este proceso  la Ciudad Balneario Higuerote (1955) promovida por Antonio Bertorelli con proyecto de los arquitectos José Antonio Ron Pedrique, responsable de la planificación urbanística y Jorge Romero, arquitecto de algunas de las edificaciones y colaborador en la  propuesta del conjunto.[23]

De igual forma los clubes como el Valle Arriba Golf Club (1942) pensado para los empleados de las empresas petroleras, Laguna Beach Club (1955) proyectada por la Oficina de Vegas, Ferris & Dupuy en la urbanización Caribe de la costa Litoral cercana a Caracas, la Casa Monagas (1956) del Arquitecto José Miguel Galia, el Club Táchira (1956) del arquitecto Fruto Vivas, con la participación de Eduardo Torroja y E. Colmenares y la Casa de Italia (1956) del Arquitecto Doménico Filippone. En el último cuarto de siglo se erigen nuevas sedes para clubes sociales como la del Club Italo-Venezolano de Caracas (1971-1980) del arquitecto Antonio Pinzani.

3.8.- ARQUITECTURA PARA LA CULTURA:

La arquitectura del siglo XX es exponente de la evolución de los gustos y costumbres del venezolano, claramente influenciado por los modos afrancesados a finales del siglo XIX, pasando a un paulatino acercamiento al estándar de vida norteamericano, marcado por la llegada del automóvil y el auge de la industria petrolera, entre las décadas de 1920 a 1940, para experimentar nuevas fusiones con las oleadas migratorias europeas producto de la postguerra Civil Española y la II Guerra Mundial a mediados de siglo, entre las décadas de 1950 y 1960. Como consecuencia de esto, la evolución de temas de diseño y la adaptación de modas y estilos en el tema cultural van a identificar una marcada transformación a lo largo del siglo que terminan de consolidar el carácter plural y de diversidad étnica de nuestra cultura. El devenir se inicia en las manifestaciones arquitectónicas vinculadas al ámbito cultural de comienzos del siglo, marcadas por un denotado historicismo en el aspecto estético-formal y la composición academicista, pasando por las manifestaciones del Estilo Internacional a mediados del siglo hasta alcanzar formas futurísticas en las últimas dos décadas.

Podemos enumerar en este sentido las edificaciones del Teatro Nacional (1910), un edificio de marcado eclecticismo historicista proyectado por el arquitecto Alejandro Chataing, así como las edificaciones para la Academia de Bellas Artes (1906) y los Cines Teatro Princesa, Capitol y Ayacucho (1925) que denotan la progresiva introducción del cinematógrafo en la ciudad de Caracas, en estructuras todavía apegadas a la nostalgia decimonónica de la Belle Epoque.

El devenir ulterior nos legó una importante lista de edificaciones para el cine teatro, de las cuales se conservan muy pocas con su imagen primigenia, y en precarias condiciones. El Cine Teatro Junin (1950) de referencias expresionistas a la arquitectura de Erich Mendelsohn, proyectado por el arquitecto norteamericano John Eberson; el Cine Ávila (1939), el Cine Hollywood (1939), el Cine Rialto (1940-1943), y Las Acacias (1946), proyectados por el arquitecto Rafael Bergamín; el Cine Continental (1942), proyectado por el arquitecto Carlos Guinand Sandoz con la participación del arquitecto Henry Brons; el Cine El Pinar (1943) del arquitecto Gustavo Gutiérrez, todos formando parte destacada dentro del tipo del edificio multifuncional.

De la década siguiente destacan los edificios del Cine Radio City (1953) y el edifico del Cine Teatro París (1954) de evidentes líneas modernas con un marcado énfasis futurista aerodinámico el primero, y de reminiscencias expresionistas mendelsohnianas el segundo, son todos testimonios silentes de la etapa dorada de los cines y referentes del lenguaje arquitectónico Art Decó y del Racionalismo Moderno que difundían hacia el contexto urbano en transformación. [24]

Acompasando el tema de los cines teatros, el tema del Museo, para atesorar y difundir la gesta del libertador Simón Bolívar, las bellas artes y/o las ciencias naturales van a sumarse a las realizaciones del siglo XX para dotar a las ciudades de núcleos para la cultura, el acopio, fomento y protección de las colecciones nacionales. El Museo Bolivariano (1934), El Museo de Bellas Artes (1935-1938) y el Museo de Ciencias (1936-1939) proyectados por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva formaron la trilogía que derivada del Museo Nacional decimonónico desplazó con la inserción de los dos últimos, el epicentro del acontecer cultural a la Plaza Morelos al inicio del Paseo de los Caobos.  Ya en la segunda mitad del siglo XX, nuevos edificios, también proyectados por Carlos Raúl Villanueva vinieron a ampliar la infraestructura nacional para la actividad museística. Merecen mencionarse de estos la segunda ampliación del Museo de Bellas Artes, en colaboración con los Arquitectos Oscar Carmona y Eduardo Robles Piquer (1968-1977) de Caracas y el Museo de Arte Moderno Jesús Soto (1970-1973) en Ciudad Bolívar.

En el tema teatral y para espectáculos las últimas décadas del siglo pasado, nos legaron el Poliedro (1972-1974) un gran recinto en forma de domo para concentraciones multitudinarias proyectado por el arquitecto James Alcock y Sinergetics Inc.[25] a partir de la implementación del concepto de la cúpula geodésica de Fuller y El Teatro Teresa Carreño (1972-1981), de los arquitectos Jesús Sandoval, Tomás Lugo y Dietrich Kunckel, el cual constituye una importante materialización de aspecto brutalista, caracterizada por el uso de elevados muros lisos y purismo geométrico del volumen principal cerrado al Sur, en contraste con el dinamismo escalonado de las cubiertas y terrazas hexagonales en volado que insinúan el foyer principal, reiterando la geometría a partir de la figura hexagonal.[26]

3.9.- ARQUITECTURA RESIDENCIAL:

Desde las experiencias pioneras de las urbanizaciones San Agustín del Sur (1928) y San Agustín del Norte (1932-1933) como primeras expansiones al oeste de la trama urbana colonial, el tema de la vivienda no tuvo parangón durante este periodo. Diversos legados que se inician con las múltiples urbanizaciones de vivienda para la clase obrera y media inspirados en los modelos de la Garden City de Ebenezer Howard nos dejaron urbanizaciones como Propatria y San Agustín del Norte al introducir el jardín parcial o totalmente en derredor de la parcela para la clase obrera.
A estas se suman urbanizaciones de clase media y profesional desarrolladas a lo largo de las laderas del río Guaire: Al Norte se emprendieron San Bernardino (1939)  proyectada por el Ingeniero francés Maurice Rotival, La Florida (1929) con la participación de Juan Bernardo Arismendi y Luis Roche, Los Caobos (1939-1941) también por iniciativa de Luis Roche a  partir del nodo de la Plaza Venezuela[27], El Rosal (1938 ca.) desarrollada por Venezolana de Inversiones CA. (VICA), La Castellana y Altamira (1943) proyectada por Luis Roche. En esta última diseñó avenidas de 24 metros de ancho, a partir de una plaza ornamentada con jardines y un Obelisco monumental construido por la firma Martín Hermanos. En la década de los 50 ya en los confines del pueblo de Petare se lotifica la urbanización El Marqués promovida por René Bruno Borges Villegas y proyectada por el ingeniero Luis Borges de Villegas Mejías.

Al sur del Guaire emergieron las urbanizaciones Las Mercedes (1940) desarrollada por Venezolana de Inversiones CA. (VICA)[28], Los Rosales (1941-1948) proyectada por Juan Bernardo Arismendi, Las Acacias y Colinas de Las Acacias a partir del eje de la Avenida Victoria (actual Presidente Medina), Santa Mónica y Los Chaguaramos (1950 ca.) a partir de la Avenida Las Ciencias y su prolongación, la Avenida Teresa de la Parra. Especial mención merece la urbanización Colinas de Bello Monte (1950) promocionada por Inocente Palacios como una Terraza sobre el Ávila [29] y proyectada en parte con la participación del arquitecto italiano Antonio Lombardini. Significó la primera experiencia urbanizadora privada en los cerros de Caracas.

Dentro de estas urbanizaciones se materializarán interesantes edificaciones unifamiliares y multifamiliares de baja densidad. En todas la utilización hasta la saciedad de la casa-quinta aislada a manera de villa, o el edificio multifamiliar aislado adoptando en sus inicios diferentes patrones formales y reminiscencias estilísticas, hasta finalmente consolidarse con formas que se apegan a la modernidad, fueron estructurando la periferia de las ciudades, en su mayoría antiguos terrenos de las haciendas de café y caña de azúcar, referentes del pasado agrario del país.  En las ciudades del interior se replicarían igualmente estos modelos en las periferias de los centros fundacionales.

Merecen mencionarse casos excepcionales aún en pie para la colección del patrimonio edificado del siglo XX en la capital de Venezuela, tales como las casas de estilo vasco y  andaluz construidas en Valle Arriba, Country Club, El Rosal y Las Mercedes por los arquitectos españoles en el exilio, Francisco Íñiguez, Urbano de Manchobas y Juan Capdevila [30]; o ya dentro del lenguaje moderna, la Quinta Olary, o Villa Monzeglio (1953) del arquitecto italiano Nigra Montini en Colinas de Bello Monte[31], la Casa Caoma (1950-1951) residencia particular del arquitecto Carlos Raúl Villanueva en la Florida, la Quinta el Cerrito, mansión de la familia Planchart (1953-1960) proyectada por el arquitecto italiano Gio Ponti en las colinas de San Román de Caracas, emblemática realización neo-expresionista[32], la Casa González Gorrondona de Richard Neutra (1953) a los pies del Ávila en Caracas, la Quinta Piedra Azul (1942) de Gustavo Wallis, así como la Casa Borges Villegas (1958), construida por el ingeniero Luis Borges Villegas, y diseñada por el arquitecto Athos Albertoni, ex decano de la Escuela de Arquitectura de Florencia con la colaboración del arquitecto Guido Guazzo, estas últimas  con claras remembranzas de la arquitectura de Frank Lloyd Wright. [33]

En el ámbito multifamiliar particular se materializan diferentes vertientes plásticas de las vanguardias que influyeron el Movimiento Moderno. Son dignos de mencionar en Caracas los edificios Royal Palace (1955 ca.), Univers (1954), Humboldt (1955), y Canaima (1955) de Narciso Bárcenas, llamado El especialista por su destreza en el manejo del lenguaje neoplasticista, manteniendo la planta tipo.[34] Por otro lado los edificios Colimodio (1949) de A. Esquivel; General Páez (1949) de Gustavo Wallis y Los Andes (1945-1949), del arquitecto M. Salazar Domínguez, destacan por sus reminiscencias expresionistas en el tratamiento de esquina; y los Edificios La Isla (1956), las Quintas Aéreas (1958) de Natalio Yunis, Palic (1959) de Federico Beckhoff o La Guairita (1957) de Pedro Lluberes [35] anuncian una tendencia maduramente racionalista en la propuesta geométrica.

En estos se identifican claramente los espacios sirvientes y servidos, al separar o destacar los núcleos de circulación e instalaciones respecto a las masas residenciales, tratadas externamente con cerramientos de líneas ortogonales que permiten la clara lectura de los llenos y vacios formados por los vanos de ventana y balcones. 

En paralelo a estas iniciativas donde mayoritariamente la iniciativa privada será la promotora, a través del Banco Obrero fundado en 1928 para la clase trabajadora, se emprenderá una agresiva política del tema de vivienda reinterpretando los tipos de las Höffe vienesas en el caso de la Reurbanización de El Silencio (1939-1945) proyectada por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva, apoyado en un numeroso grupo de ingenieros y empresas contratistas, hasta los ensayos de aplicación de los modelos de las Siedlungen alemanas en la Unidad Vecinal "Coronel Carlos Delgado Chalbaud" (1950) en Coche.

El culmen referido al tema de la vivienda obrera lo constituyen los proyectos donde se plantea la implementación del tipo edilicio de l’Unite d`habitation para el desarrollo de conjuntos de edificios multifamiliares. Es emblemático el Plan Cerro Piloto (1954-1955) para resolver el problema de vivienda en la capital, reseñado en revistas internacionales de arquitectura de la época.

Este aglutinó las urbanizaciones Lomas de Pro-Patria en Propatria, la Unidad Residencial de los Altos de Cútira en Cotiza, la Urbanización Diego de Losada, la Unidad de Habitación Cotiza en Cotiza, la Urbanización Lomas de Urdaneta en Catia, la Urbanización Atlántico Norte, la Unidad Residencial Artigas en San Martín y la Unidad Residencial La Vega en La Vega, conjuntos proyectados por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva con la colaboración de los arquitectos Guido Bermúdez y Carlos Brando y mas tarde la Urbanización 2 de Diciembre, actual 23 de Enero, (1955-1957) también obra del arquitecto Carlos Raúl Villanueva con la colaboración de los arquitectos José Manuel Mijares, Carlos Brando y José Hoffman.   

En el interior merece destacarse las experiencias de las colonias residenciales para los empleados petroleros, tanto urbanas como las desarrolladas en los campos petroleros, de las que es importante mencionar la realizada por Skidmore, Owens and Merril (SOM) en la Península de Paraguaná. 

4.- LA MOVILIDAD: AVENIDAS, PUENTES Y AUTOPISTAS

A la par de la arquitectura, la trama urbana cambia de escala para asumir las proporciones de la metrópoli. En esta dirección las principales ciudades del país experimentaron el ensanche de algunas vías para crear nuevas avenidas y autopistas, siendo Caracas el principal modelo de estas. La construcción de las avenidas Bolívar, Urdaneta, Universidad y Fuerzas Armadas, horadando la retícula colonial a la manera de los percements del París del Segundo Imperio y la apertura de nuevas vías para comunicar el centro con la periferia a través de las Avenidas Sucre y San Martín, al Oeste, Andrés Bello y Francisco de Miranda al Este las avenidas Nueva Granada y Guzmán Blanco (Cota 905) al Sur fueron símbolo de la modernización de la ciudad en la década de los 50.  

Pero su impronta no fue tan marcada como la que impuso la construcción de las autopistas intra-urbanas e interurbanas, siendo emblemática la obra de la Autopista Caracas - La Guaira (1945-1953), para empalmar la capital con la ciudad portuaria. Los estudios de esta fueron desarrollados por Cesar González Gómez entre 1945  y 1947, iniciándose su construcción en 1948, los cuales se fueron ajustando durante la obra. Algunas estructuras emblemáticas de su trazado para dominar los accidentes topográficos tales como el túnel Boquerón I  de 1800 metros de longitud, y el Viaducto Nº 1  de 302 metros de largo, arco central en concreto de 152 metros de luz y altura de 70 metros sobre la quebrada fueron icónicos en su momento. El conjunto de los viaductos, tres en total, fueron proyectados por el ingeniero francés Eugene Freyssinet, padre del concreto precomprimido o pretensado. El Viaducto Nº 1 colapsó en el año 2002, producto de una deformación acumulada durante décadas por el desplazamiento del terreno causado por la Falla de Tacagua y la infiltración de la quebrada y los barrios aledaños, pese a diversos intentos por su estabilización. 

A esta emblemática autopista se sumaron posteriormente en el interior de la capital redes intra-urbanas como fueron la Autopista Francisco Fajardo en sentido Este Oeste y sus derivaciones hacia el sureste y suroeste, la Autopista del Este (1951-1956) y la Autopista de El Valle-Coche (1956-1958), vías que se articularán entre sí mediante la construcción  en los años 60 de los distribuidores La Araña,  El Pulpo, y El Cien-pies, como dignos exponentes de la ingeniería vial para la solución de los nodos entre estas redes mediante pasos y puentes elevados entrecruzados, que hoy forman parte inseparable del paisaje urbano de la ciudad capital.    

En el interior de la república son dignos de mencionar las obras de puentes como el Puente Simón Bolívar (1930), de estructura colgante metálica en la carretera San Cristóbal-Táriba; el Puente Rafael Urdaneta (1959) con escultóricas pilas en forma de torre de perfil trapezoidal y tablero en concreto armado sobre el Lago de Maracaibo. Este fue proyectado por el Ingeniero italiano Ricardo Morandi, calculado por el Dr. J. kértsel y construido por el Ministerio de Obras Publicas a través de la empresa contratista Consorcio Precomprimido C.A. – Julius Berger A.G.. Al sur del país destaca el Puente Angostura (luego Raúl Leoni) sobre el Río Orinoco (1962-1965), proyectado y construido por Precomprimido C.A. y American Bridge con la participación especial del Dr. Juan Otaola. Los cajones de acceso apoyados en 2 nervios fue un record en su momento, así como el vaciado continuo bajo agua de 120 m3/h. [36]

5.- DIAGNOSTICO:

5.1.- OPORTUNIDADES Y FORTALEZAS

El patrimonio edificado del siglo XX en Venezuela constituye sin lugar a dudas un recurso no renovable, testimonio de una etapa de la historia del país, donde este cambió drásticamente de una economía mono productora agrícola a otra basada en la explotación petrolera y con ella a un flujo monetario, como nunca antes en toda su historia republicana. El potencial de este patrimonio es incalculable tanto por sus valores tangibles económico-materiales, como por los intangibles asociados a su historicidad como escenario documental, testimonio y símbolo de esa etapa de transformación en todos los ámbitos de la vida del país, que demandaba novedosas respuestas edificadas para satisfacer los nuevos requerimientos institucionales y hábitos de vida y consumo de un país boyante con aspiración de progreso. La arquitectura desarrollada presenta grandes valores cualitativos en relación a las respuestas espaciales aerodinámicas y flexibles y la riqueza formal de los planteamientos fundamentada en la reinterpretación y adaptación al trópico del devenir arquitectónico occidental, desde las manifestaciones finales del historicismo, al neo-hispanismo, el art decó hasta alcanzar las búsquedas conceptuales y propuestas volumétricas del Movimiento Moderno. Esto aunado al uso conjunto tanto de materiales como de mano de obra de primera, lo que permitió no solo alcanzar altos niveles de creatividad en volumetrías novedosas en el conjunto, sino también excelencia y sofisticación en los detalles constructivos y acabados, artífices del lenguaje moderno de aquella época.

Producto de esta fortaleza descansan en este patrimonio, grandes oportunidades como potenciales edificaciones, obras de infraestructura, conjuntos y sitios que pudieran pasar a engrosar la Lista Indicativa de Patrimonio Mundial, así como a futuro sumar nuevos bienes en la categoría de Patrimonio del siglo XX al Patrimonio de la Humanidad. Su potencial como testimonio edificado asociado a la economía petrolera y a la conformación de paisajes culturales de la modernidad es innegable.

De igual forma, representa un vasto potencial en número y calidad de obras edificadas que pudieran dar lugar a la conformación de rutas e itinerarios culturales asociados a los procesos de producción y comercialización de la vida moderna y/o a la vida y obra aislada o conjunta de los profesionales, arquitectos,  ingenieros y artistas que la materializaron.  

5.2.- DEBILIDADES Y AMENAZAS

El patrimonio moderno venezolano presenta las mismas debilidades que el resto de este contingente de bienes edificados en otros países, debido a la vulnerabilidad de muchos de los materiales que lo conforman, derivados de los procesos de industrialización, rapidez en los procesos de fabricación de los insumos y en los mismos procesos de colocación in situ. Esto ha traído como consecuencia la puesta en evidencia de la brevedad  de los periodos de vida útil de los materiales empleados en estos y como consecuencia  el carácter efímero de algunas partes y componentes de las edificaciones que engrosan las listas del patrimonio del siglo XX en el país. El uso del concreto armado ya comienza a exhibir en buena parte de las edificaciones de mediados del siglo XX, signos avanzados de corrosión del acero de refuerzo y de carbonatación del concreto, en las edificaciones.
 
Otra debilidad es el hecho de que buena parte de este patrimonio, está en custodia de propietarios privados, en tanto la mayor porción del mismo se encuentra en el tema de vivienda unifamiliar y multifamiliar, aun sin adecuados planes para incentivar su conservación a cambio de beneficios de otro orden que permitan invertir en planes de mantenimiento por parte de los propietarios, quienes prefieren a veces abandonar el bien a conservarlo, restaurarlo y reacondicionarlo para nuevos usos rentables, pero consecuentes con la preservación de sus valores arquitectónicos e históricos.

En cuanto a las amenazas, es un patrimonio que por ser asociado con el pasado reciente todavía no es suficientemente valorado por la colectividad a pesar de los llamados de atención persistentes desde los ámbitos académicos e institucionales por su preservación, lo cual es visto en determinados casos como actitudes nostálgicas y hasta románticas. Esto inclusive para algunos profesionales de la arquitectura apegados ideológicamente a los conceptos de versatilidad y al carácter efímero y mutable de la arquitectura moderna que ven con desdén los llamados de atención por su preservación, a pesar de que esta ha pasado de ser un producto netamente estético-funcional, para englobar el patrimonio cultural y como tal un legado edificado que se debe conservar como testimonio construido para las generaciones futuras, independientemente de su concepción flexible y adaptable primigenia.

Otra amenaza presente, que es la que se cierne con mayor peso sobre este patrimonio edificado es la presión especulativa sobre el costo de la tierra donde muchas de estas edificaciones se emplazan, generalmente urbanizaciones que habiendo formado parte de la periferia y ensanche de la ciudad a mediados del siglo pasado, en la actualidad se localizan geográficamente en zonas que han pasado a convertirse en centros administrativos y de servicios con grandes potenciales de densificación y algunas incluso con legislación de ordenanzas municipales que permiten cambios de uso y aumentos de densidad poblacional que a la larga terminan por vencer en el debate entre la preservación y el desarrollo. Esto ha dado con el traste de  muchas urbanizaciones de forma irreversible, siendo emblemáticos los casos de las Urbanizaciones El Paraíso, El Rosal y Campo Alegre de Caracas por los cambios de ordenanza aprobados en las últimas décadas del siglo, a favor del aumento de la densidad poblacional, o de las Urbanizaciones Las Mercedes, Santa Mónica o San Bernardino  favoreciendo cambios de uso extremos hacia la actividad comercial o medico asistencial.

Además de la amenaza anterior debemos apuntar también la adaptación irrespetuosa de esta arquitectura, motivada por cambios de usos o de insuficiencia de espacio, a través de reformas de reestructuración interior y ampliación, generando con ello la alteración formal y material de muchos bienes construidos del siglo XX. Las causas subyacen a veces en razones de índole  funcional, pero en su mayoría radican en el desconocimiento y valoración de los atributos intrínsecos asociados a  sus formas singulares y a su materialidad tectónica vista por el grueso del colectivo como algo demodé, trayendo como consecuencia la mutación y desfiguración formal por mutilaciones y agregados y técnica por el revestido de sus superficies con nuevos acabados disonantes con el espíritu estético y técnico de su momento histórico.  

El gran reto reside en preservar este patrimonio de manera coherente y sin ir en detrimento del progreso futuro, incorporándolo armónicamente para su puesta en valor dentro de las estrategias de desarrollo.

Un punto positivo ha sido el emprender su inventario, tarea iniciada en la década de los 90 a través de la Dirección de Patrimonio Cultural del Consejo Nacional de la Cultura con los pre-inventarios e inventarios por estado, continuada por el Instituto del Patrimonio Cultural a partir de 1994 al desarrollar y ampliar los listados a través de nuevos inventarios por estado, labor que se convierte en proyecto bandera del Instituto a partir de 2005 con el  proyecto del Censo del Patrimonio Cultural Venezolano, y  realizado en cada municipio del país con el apoyo de comunidades y profesionales de las diferentes localidades, el cual permitió identificar, listar y proteger legalmente mediante los catálogos de dicho censo, publicados por municipio, muchos bienes edificados, de todas las épocas, así como del patrimonio intangible, los cuales eran desconocidos desde la óptica central de la capital y en consecuencia  no estaban amparados por ningún instrumento legal de forma individual para su protección.

Queda sin embargo mucho por hacer. A nivel del patrimonio moderno deben seguirse actualizando y enriqueciendo estos listados del censo, sobre todo a nivel de la provincia, profundizando en las investigaciones particulares de cada caso, de manera que estas permitan ampliar la valoración específica de cada bien edificado y aportar los insumos documentales de soporte para sus adecuadas intervenciones conservativas y restaurativas, en cuanto a sus aspectos estético-formales, funcional-espaciales y técnico-constructivos.

Por otro lado se deben propiciar los mecanismos, recursos y estrategias para la conservación y restauración de este acumulado de bienes ya que no es suficiente la protección a nivel instrumental legal. Se deben articular los mecanismos de protección a nivel de los gobiernos regionales y municipales, además de establecer políticas de difusión e incentivos a los propietarios y/o custodios de los bienes que permitan compartir entre todos, públicos y privados la enorme carga económica de mantener, conservar y restaurar este considerable bagaje moderno del patrimonio cultural, potencial banco de bienes que pudieran aumentar la lista indicativa de la Unesco, ya que es sin lugar a dudas una de las grandes fortalezas de Venezuela en cuanto a su legado cultural para la Humanidad, aunado a la de su también significativo patrimonio natural. 

FRANCISCO PEREZ GALLEGO
Presidente
Comité Venezolano de ICOMOS


Texto:  Arquitecto Francisco Pérez Gallego.
Imágenes: Archivos de imágenes digitales de las web Viejasfotosactuales y Caracas en retrospectiva II







[1] VALLMITJANA, Marta. Presentación al libro El Plan Rotival, la Caracas que no fue. 1939/1989 Un plan Urbano para Caracas. Caracas, Ediciones Instituto de Urbanismo, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Central de Venezuela, 1989, p. 13.
[2] GALERÍA DE ARTE NACIONAL. Wallis, Domínguez y Guinand, arquitectos pioneros de una época. Caracas, Galería de arte Nacional, 1998.
[3]  http://es.wikipedia.org/wiki/Parque_Central_(Caracas)
[4] HERNANDEZ DE LASALA, Silvia. Malaussena, arquitectura académica en la Venezuela moderna. Caracas, Fundación Pampero, 1990, pp. 270-273.
[5] HERNANDEZ DE LASALA, Silvia. Ibídem., pp. 158-213.
[6] HERNANDEZ DE LASALA, Silvia. Los grupos escolares de Luis Malussena en Boletín del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas  Nº 27. Caracas, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Central de Venezuela, p. 16.
[7] Ciudad Universitaria de Caracas  en  http://whc.unesco.org/en/list/986.
[8] DE BELLO, Sonia. El Proyecto del Hospital Domingo Luciani en http://red.fau.ucv.ve:8080/idec/stories/636/ Entrevista a la Arq. Elena Seguias. Revista Espacio vol 3/88.
[9] MERCADOS, SILOS Y FRIGORÍFICOS DEL DISTRITO FEDERAL. C.A. Mercados del Distrito Federal, Caracas, Talleres gráficos de Mercados, Silos y Frigoríficos del Distrito Federal. C.A.,  1956, pp. 100.
[10] MORENO, Rudolph. Don Hatch y los centros comerciales y automercados en la Venezuela de los años 1950. en Boletín del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas  Nº 30. Caracas, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Central de Venezuela, 1996, p. 16.
[11] GOLDBERG, Mariano. Guía de edificaciones contemporáneas en Venezuela. Caracas Parte 1. Caracas, Centro de Información y Documentación, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Central de Venezuela, 1996, p. 111.
[12] Ibídem. P. 245.
[13] ARELLANO CARDENAS, Alfonso. Arquitectura y Urbanismo Modernos en Venezuela y en el Táchira 1930-2000. FONDO Editorial UNET, Universidad Nacional Experimental del Táchira, 2001, pp. 298 - 299.
[14] VICENTE, Henry. La arquitectura urbana de las corporaciones petroleras: conformación de distritos petroleros en Caracas durante las décadas de 1940 y 1950. Espacio Abierto, Asociación Venezolana de Sociología. Volumen 12, Nº 003, julio- septiembre 2003, pp. 391-414.
[15] GONZALEZ CASAS, Lorenzo - VICENTE GARRIDO, Henry. Mundos que se desvanecen: El exilio Arquitectónico Español en Venezuela. Caracas, Universidad Simón Bolívar ponencia en el  XIV Encuentro de Latinoamericanistas Españoles, Congreso Internacional 1810-2010: 200 años de Iberoamérica - p. 841.
[17] http://www.parquedeleste.org.ve/view/noticiaShow.php?id=2
[18] Parque del Este Rómulo Betancourt en  http://caracas1067.wordpress.com/caracas/parque-del-este-romulo-betancourt/
[19] En la década de 1950, la cadena hotelera Intercontinental era propiedad de la línea Aérea Pan American World Airways, la cual para reforzar las rutas aéreas en el Caribe comienza la expansión de la marca de hoteles en los diferentes destinos del continente, siendo el primero de estos el Intercontinental de Belem, Brasil de 1949.
[20] CESTARY, Janet, PETIT, Nereida, RODRIGUEZ O. Laura. Una mirada a la arquitectura de Maracaibo en los últimos cincuenta años. Revista de artes y humanidades UNICA. Año 6, Nº 13, Universidad Católica Cecilio Acosta,  mayo agosto 2005, pp. 65-88.
[21] CALVO ALBIZU, Azier. Venezuela y el problema de su identidad arquitectónica. Facultad de Arquitectura y Urbanismo,  Universidad Central de Venezuela, Consejo de desarrollo científico y Humanístico  p. 369.
[22] PEREZ RANCEL, Juan José. La ciudad vacacional de Los Caracas en Memorias de la Semana Internacional de Investigación. Facultad de Arquitectura y Urbanismo,  Universidad Central de Venezuela, 29 de septiembre al 3 de octubre de 2008, ponencia HP-18, pp. 17-18.
[23] VILLOTA, Jorge. Architectural Record, 1948-1958: En Busca de la referencia primigenia para la Ciudad Balneario Higuerote en Memorias de la Semana Internacional de Investigación. Facultad de Arquitectura y Urbanismo,  Universidad Central de Venezuela, 29 de septiembre al 3 de octubre de 2008, ponencia HP-15, p. 2.
[24] SIDORKOVS, Nicolás. Los cines de Caracas en el tiempo de los cines. Caracas. Armitano Editores C.A. 1994. pp. 447.
[25] GOLDBERG, Mariano. Obra citada, p. 182 y 283.
[26] ALONSO LORREA, Jose Ramón. El arte y la arquitectura modernas en Venezuela. Monografias.com S.A.
[27] ROCHE, Marcel. La sonrisa de Luis Roche. Un ensayo biográfico. Caracas, Editorial Arte, 1967, pp. 62-90.
[28] MARTIN FRECHILLA, Juan José. Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas Moderna  Caracas, Universidad Central de Venezuela, Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico, 2004.
[29] Revista Integral, Colinas de Bello Monte,  1950.
[30] GONZALEZ CASAS, Lorenzo - VICENTE GARRIDO, Henry. Mundos que se desvanecen: El exilio Arquitectónico Español en Venezuela. Caracas, Universidad Simón Bolívar XIV Encuentro de Latinoamericanistas Españoles, pp. 843-847.
[31] http:// fundamemoria.blogspot.com/2008/06/municipio-baruta-parroquia-nuestra_19.html
[32] ROCCELLA, Graziella. Gio Ponti 1891-1979 Maestro de la levedad. Berlín, Taschen GmbH, 2009, pp. 56-59.
[33] ALCALDÍA DEL MUNICIPIO SUCRE. Casa Borges en Patrimonios culturales. Caracas, Alcaldía del Municipio Sucre, pagina web  http://www.alcaldiamunicipiosucre.gov.ve/contenido/about/patrimonios-culturales/ consultada el 22 de noviembre de 2010.
[34] GONZALO LACURCIA. El Especialista, en Todo en Domingo. Caracas,  Revista encartada del Diario El Nacional,  5 de noviembre de 2000., pp.42 a 44.
[35] INSTITUTO DE ARQUITECTURA URBANA. La vivienda multifamiliar/Caracas 1940-1970. Caracas, Editorial Arte, 1983, pp. 62-72.
[36] http://es.wikipedia.org/wiki/Puente_de_Angostura.

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