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viernes, 5 de julio de 2013

Día Internacional de los Monumentos y Sitios 2013. El patrimonio cultural edificado vinculado a la educación en Venezuela



  
Platillos voladores (Nubes acústicas) de Alexander Calder 
Aula Magna. Ciudad Universitaria de Caracas. Patrimonio Mundial 2000
Fotografía: Francisco Pérez Gallego

18 DE ABRIL DIA INTERNACIONAL DE LOS MONUMENTOS Y SITIOS:
EL PATRIMONIO CULTURAL EDIFICADO VINCULADO A LA EDUCACION EN VENEZUELA 


El Día Internacional de los Monumentos y Sitios se celebra desde 1983. Su origen se remonta al 18 de abril de 1982, cuando la reunión de la directiva del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios – ICOMOS, coincidió en Hammamet con el Coloquio organizado por el Comité Nacional de ICOMOS de Túnez. En este evento se decidió instituir el Día Internacional de los Monumentos y Sitios, con la idea de su conmemoración anual a nivel mundial como un recurso para despertar la conciencia del público sobre la diversidad del patrimonio mundial y los esfuerzos que se requieren para su protección y conservación, así como para hacer un llamado de atención hacia su vulnerabilidad. Esta propuesta fue planteada por el Comité Ejecutivo de ICOMOS a la UNESCO y aprobada por la Conferencia General de este organismo en su 22ª Sesión, en noviembre de 1983.  

Desde entonces, el ICOMOS sugiere un tema anual para analizar y desarrollar por parte de los comités y sus miembros a partir de esta fecha y a lo largo del año, favoreciendo la realización de actividades diversas de difusión, con el fin de propagar y enriquecer el conocimiento sobre el patrimonio cultural entre los propietarios, entes públicos y privados, involucrados en la materia, así como en el público en general, relacionando de esta manera un tema global con las realidades nacionales y/o locales.

Este año 2013, el tema versará sobre el patrimonio cultural vinculado a la educación, contenido en el cual Venezuela posee un importante legado cultural por reconocer, valorar y conservar,  heredado a lo largo de las diversas etapas de su historia.

El Patrimonio Educacional heredado del periodo Colonial

Durante los tres siglos de dominio colonial, a lo largo del territorio de las provincias, que en 1777 se integran como Capitanía General de Venezuela se implementaron como parte de las políticas de la Corona, al igual que en el resto de las colonias, las Escuelas de Latinidad y Primeras Letras, instituciones que se establecieron en las ciudades con la intención de enseñar la lengua castellana, y catequizar a los infantes como instrumento para la preservación de los territorios, imponiéndose  no solo sobre las lenguas aborígenes, sino también como instrumento para contrarrestar la amenaza representada por los imperios de habla inglesa, flamenca o francesa.

Fue a partir de 1596 cuando por una Real Cédula se dictara la orden de que ‘en todos los pueblos de indios de este reino y provincias los curas, sacristanes y otras personas que lo sepan, puedan y quieran enseñen la lengua castellana y la doctrina en la misma lengua, como se hace en las aldeas de estos reinos’. [1]   Este mandato reiterado en sucesivas instrucciones, se vuelve a retomar en 1770 cuando Carlos III ordenó ‘el cumplimiento de la obligatoriedad de la enseñanza en lengua castellana con el objeto de conseguir el que se extingan los diferentes idiomas de que se usa en los mis dominios y solo se hable el castellano, como está mandado por repetidas leyes’. [2]

Para apoyar esta intención en 1773 y 1778 se dictan nuevas disposiciones ordenando la creación de escuelas en todos los pueblos de indios con la obligatoriedad de aprender castellano, leer y escribir, reiterando que en los conventos, negocios judiciales y domésticos no se hable otra lengua que la española. [3] Y en virtud de esto se abrieron Escuelas de Latinidad o Gramática y Primeras Letras en toda la geografía nacional.

Podemos referir dentro de las que se establecieran en Caracas, la localizada en la Calle Norte 1, entre las esquinas de Veroes y Jesuitas, que ocupara las casas No. 29 y 31, en cuyos salones Don Simón Rodríguez impartiría clases al Libertador Simón Bolívar entre 1795 y 1797.

En las ciudades de las provincias, de igual manera existieron Escuelas de Latinidad y Primeras Letras, llegando en algunos casos por la importancia de la población, como Aragua, Guanare, San Carlos y Valencia a tener hasta dos escuelas. De este legado edificado, además del caso mencionado de la capital, sería memorable la construida en Ciudad Bolívar, antigua Angostura, edificación declarada Monumento Histórico Nacional en la cual se reunió el célebre Congreso de Angostura en 1819, desde donde se proclamó la libertad para toda la América. Esta edificación fue tan prioritaria al momento de fundar la ciudad en 1764, en pleno furor de la Ilustración, que se edifica y concluye antes que la misma Iglesia Parroquial, la cual tardaría en completarse varias décadas hasta  muy avanzado el siglo XIX. La Escuela de Angostura es una tradicional edificación colonial de dos pisos con patios internos, que exhibe en sus fachadas un austero lenguaje neoclásico, propio del gusto dominante del momento de su construcción Es una de las edificaciones más significativas de Ciudad Bolívar, cuyo centro histórico y paisaje circundante está incluido en la Lista indicativa de Patrimonio Mundial.

A raíz de la Visita Pastoral del Obispo Martí a la Diócesis de Caracas y sus centros poblados entre 1771 y 1784, durante el reinado de Carlos III, el monarca ilustrado, se  fomentó por recomendación del prelado, la apertura de nuevas escuelas tanto en los pueblos de vecinos como de doctrina que carecían de ella, así como en algunas villas y ciudades, en las que se aumentó la oferta docente de uno u otro tipo. Por lo general la arquitectura de estas escuelas se fundamentaba en el tipo de la casa tradicional adosada de patio central, corredores y salas dispuestas en torno a estos, llegando en algunos casos como en la de Ciudad Bolívar a tener dos pisos, producto de su adaptación a la abrupta topografía rocosa del terreno.

Respecto a la educación superior, durante el siglo XVII la situación económica y política reinante tiende a desestimular el desarrollo y financiación de arquitectura civil para el mejoramiento de las funciones educacionales, por lo que los recursos existentes se van a focalizar o bien al tema religioso, o bien al militar. Sin embargo, en las últimas décadas, los cambios científicos que se van dando en el plano internacional, aunados al papel de la iglesia abonan el camino para el establecimiento de una institución para los estudios superiores, en particular vinculados a la escolástica ya que hasta el momento los interesados debían acudir a Santo Domingo o a la península para cursar estudios de tercer nivel.

En ese contexto el obispo dominico peruano fray Antonio González de Acuña funda el Colegio Seminario de Caracas (1673), que tendría como denominación oficial el de Colegio Seminario de Santiago de León de Caracas, bajo la advocación de Santa Rosa de Lima, por lo que se le conoció también como Colegio Santa Rosa, precisamente por el origen de su fundador. Este sería el primer Instituto Educacional Superior de Venezuela. Su instalación obligó a la adecuación e integración de las propiedades del lado Sur de la Plaza Mayor de Caracas que eran propiedad de la Iglesia, para conformar un edificio de vastas dimensiones de dos plantas, patios y capilla anexa en donde funcionarían las funciones educacionales teológicas.

La obra de González de Acuña fue continuada y ampliada por el obispo Diego de Baños y Sotomayor, quien redactó las Constituciones del Colegio Seminario, emprendió la construcción de  una nueva sede e incorporó nuevas cátedras, para reinaugurarlo el 29 de agosto de 1696. A comienzos del siglo XVIII el edificio que corresponde  a lo que en la actualidad ocupa el Palacio Municipal de la Alcaldía de Libertador y el Palacio Arzobispal ya tenía una digna presencia. Se complementaría con la construcción de la Capilla de Santa Rosa de Lima en la esquina Sureste de la Plaza Mayor la cual se vería concluida en  1721.  

 … está satisfecho con la solidez de sus muros y con la gracia de sus líneas; realmente, ahora (1709) se hallaba bastante avanzada la obra; ya tenía tres claustros completamente terminados; no sólo la arquería que daba al patio, sino las habitaciones para el Rector, Vicerrector y colegiales, así como en las salas y aulas; además había espacio para los fámulos y esclavos; la cuarta galería estaba casi enteramente terminada con su hermosa aunque austera arquería que cerraba el cuadrilátero amplio y ameno en el que gorgoteaba la pila de agua. De aquella parte de la obra apenas faltaban retoques y se podía dar por totalmente terminada. [4]

Sin embargo, los estudios universitarios vendrían a consolidarse como tal en el siglo XVIII, bajo el reinado de Felipe V, a partir de la creación, el 22 de diciembre de 1721[5] de la Universidad Real de Caracas con categoría equivalente a la Universidad Real de Santo Domingo, pasando a ser Pontificia mediante Bula Apostólica deInocencio XIII el 18 de diciembre de 1722,  y a nominarse oficialmente como Universidad Real y Pontificia Universidad de Caracaspor su doble carácter monárquico y religioso.[6]

La sede inicial de la universidad fue parte del Colegio Seminario Santa Rosa y su Capilla, hasta 1856, año en que se traslada al convento de San Francisco, empleando a partir de allí los antiguos claustros de los religiosos para la actividad académica. Por estas razones este conjunto de edificaciones de origen colonial, a pesar de haber sido sometido a profundas remodelaciones durante el siglo XIX y comienzos del XX, constituyen la esencia primigenia de nuestro patrimonio edificado educacional. Algunas aún mantienen usos nobles vinculados al mundo del saber o al de entidades gubernamentales como el Palacio Arzobispal y su contiguo Palacio Municipal de la Alcaldía de Libertador, sobre el antiguo Seminario del cual se conserva la Capilla de Santa Rosa de Lima, en la cual a su vez se firmó el Acta de la Independencia en 1811, o el Palacio de Las Academias instaladas en el edificio de la Universidad, anterior claustro del Convento de Los Franciscanos.

Por su parte en Mérida también se iniciaría otro importante núcleo educacional, cuando el 29 de marzo de 1785 el Obispo Fray Juan Ramos de Lora funda el Real Colegio Seminario de San Buenaventura de Mérida, otorgándosele en 1807 la potestad de otorgar los grados mayores y menores en filosofía, Teología y Cánones. Fue reconocida como Universidad el 21 de septiembre de 1810 bajo decreto expedido por la Junta Gubernativa de la provincia de la Corona de España, siendo la Primera Universidad fundada en fechas republicanas en Latinoamérica bajo el nombre de Real Universidad de San Buenaventura de Mérida de los Caballeros. Su sede primigenia se conserva como Edificio del Rectorado, albergando las dependencias del Consejo universitario, paraninfo y teatro entre otras, aunque sometida a un proyecto de remodelación de lenguaje neocolonial que llevara a cabo el arquitecto Manuel Mujica Millán en 1952. La Universidad actual posee edificaciones tanto en la ciudad de Mérida, como en los otros estados andinos de Táchira y Trujillo.

El Patrimonio Educacional legado por el Periodo Republicano 1830-1900

Con la llegada de la república, una de las tareas por emprender es la articulación territorial, así como el balance en la dotación de servicios de todo tipo, entre las regiones, para superar el déficit del periodo colonial. En el ámbito educacional el mayor problema radicaba en la existencia de una gran brecha entre la instrucción de las escuelas primarias y la formación científica de las universidades. Esta se pretendió satisfacer con la fundación de los Colegios Nacionales, que se comienzan a instalar desde la década de 1830, siendo organizados y reglamentados mediante dos leyes promulgadas por el Presidente Páez en 1842 en las capitales de algunas provincias, bajo la responsabilidad de las Diputaciones Provinciales. Estos se establecieron como una formación intermedia que incorporaba materias como Dibujo, Aritmética y Geometría, aplicables a las artes mecánicas, y elementos de agricultura práctica. [7] La Fundación de la Academia de Matemáticas en 1831 y las Sociedades de Amigos del País tendrían una importante contribución en este sentido.

Las primeras décadas sumidas en las luchas intestinas entre los bandos liberales y conservadores apenas permite continuar habilitando edificaciones del periodo colonial para satisfacer las funciones educativas en el mejor de los casos, cuando no se hace necesaria la reconstrucción de casas derruidas por las guerras de independencia y el terremoto de 1812.

Ejemplo memorable de estos procesos lo representa la Casa de La Estrella de Valencia, una edificación construida en 1664 para el funcionamiento del Hospital San Antonio de Padua, donde se reúne el Congreso de la República de Venezuela primeramente en 1812  y desde 1830, después de la disolución de la Gran Colombia, hasta que el General José Antonio Páez, Presidente de la República de Venezuela la destina en 1833 como sede del "Colegio Nacional de Valencia". Así funcionaría hasta 1852, cuando pasa a ser sede del Colegio de Estudios Superiores, abriéndose facultades de Ciencias Políticas, Medicinas, Matemáticas, Teológicas y Filosóficas.[8] Es también digno de mención el Colegio Nacional de Maracaibo, instalado en 1833 en la edificación que ocupara el antiguo Seminario colonial de Maracaibo, siendo reconocido como Colegio Nacional en 1837 labor que desempeñara hasta 1891, fecha en la que se eleva al rango de estudios de tercer nivel como  Universidad del Zulia.[9]  

Es sin embargo en la época de Antonio Guzmán Blanco, después de acabada la Guerra Federal en 1865, cuando se dan ciertas condiciones de pacificación y bonanza económica para asumir el problema educacional con todo el rigor del caso. Como primera acción se dictaría el Decreto de Instrucción Pública Gratuita y Obligatoria en 1870, acción que va de la mano de una política deliberadamente liberal y anticlerical, que establecería en su primer artículo dos categorías de instrucción: obligatoria o necesaria y libre o voluntaria. [10]

Esta consideración traería por consecuencia el establecimiento de los llamados Colegios Federales de niñas y de varones, de manera separada, para lo cual desde el Ministerio de Fomento primeramente y más tarde desde el de Obras Públicas, se adecuarían inicialmente y proyectarían y construirían después, estupendas edificaciones de líneas historicistas, predominantemente de líneas neoclásicas, empleando esquemas de orden academicista, y predominio del tipo edificado palaciego con patios interiores y corredores de recatadas dimensiones. En algunas ciudades se reciclarían edificios coloniales, imprimiéndoles de igual forma una nueva envolvente historicista, sustituyendo los aleros coloniales por parapetos y cornisas de referentes neoclásicos.

Ejemplo de estas edificaciones lo representa en Caracas el Edificio proyectado por Juan Hurtado Manrique para Escuela de Niñas, construido por el Ministerio de Obras Públicas, siendo más tarde destinado a la Exposición Agrícola y luego entregado para su  manejo a la Congregación de las Hermanas de San José de Tarbes bajo la Presidencia de Juan Pablo Rojas Paúl en 1889. En Valencia podemos reseñar la adecuación de la colonial sede del Convento de San Francisco, para la instalación del Colegio Federal de Primera, que mas tarde manteniendo la vocación educacional será sede de la Universidad de Valencia, evolucionando en la Universidad de Carabobo, hasta el presente, albergando el Rectorado y Paraninfo de la mencionada Universidad.[11]

Durante esta etapa sería importante a su vez la reforma de las instituciones de educación superior existente, influenciada por las corrientes liberales y positivistas dominantes, que redundan en la reducción de los privilegios clericales, así como la creación de otras instituciones  de clara inspiración en el panorama cultural europeo dominante en el ámbito de las Bellas Artes y la reivindicación de los oficios artesanales.

Respecto a lo primero la Universidad Central de Caracas sería sometida a una importante reforma que no solo se dirige a los estamentos curriculares o de estructura institucional, sino que también se orienta a la dotación de una nueva imagen que la asocie al progreso, optando en este caso por una singular iconografía neogótica de ladrillo y estuco, introducida en el cuerpo principal exterior, del antiguo claustro franciscano donde funcionaba desde mediados del siglo XIX, según proyecto de 1875 del arquitecto Juan Hurtado Manrique.

Respecto a lo segundo, aunque se iniciaren con muchas carencias en edificaciones de origen colonial, y más tarde se consolidarían dotándolas de infraestructuras cónsonas para sus funciones específicas, podemos señalar el origen de las Escuelas de Artes y Oficios, creadas en 1883, siguiendo la pauta que estaban marcando en Europa bajo la impronta del Movimiento Arts and Crafts, así como el Instituto de Bellas Artes decretado en 1869, aunque materializado formalmente en 1887 como Academia de Bellas Artes. [12] 
 
El Patrimonio Educacional legado por el Periodo castrogomecista  1900-1935

Durante el periodo castro-gomecista, las iniciativas gubernamentales por mejorar la infraestructura educacional de la educación básica no es significativa, aunque tampoco nula. En 1909 se erige la Escuela Modelo 19 de Abril en la Parroquia San Juan de Caracas, la cual serviría de modelo funcional institucional  y organizacional, más que tipológico en el plano arquitectónico, para el desarrollo de otras entidades a nivel nacional. Esta edificación de ecléctica arquitectura, con predominio de líneas neoclásicas y esquema tipológico todavía inspirado en la casa tradicional de patio central, se le ha atribuido al Arquitecto Alejandro Chataing y forma parte de los Bienes de Interés Cultural del Municipio Libertador [13].

Esta etapa, sin embargo, sería de gran vitalidad por la instalación de edificaciones educacionales promovidas por la iniciativa privada y en gran medida auspiciadas por congregaciones religiosas que tanto de origen extranjero, como nativo, fueron instalándose en el país en un clima de reconciliación frente a las etapas anticlericales del guzmancismo. La llegada de los hermanos Salesianos (1894), los Agustinos Recoletos (1899), los Dominicos (1902), los Padres Franceses (1903), los Hermanos de La Salle (1913), los Jesuitas (1916), los Benedictinos de la Orden de Regla (1923) y los Padres Paúles (1931), entre otros, fueron impulso notable para la instalación de instituciones educativas cuya huella sigue viva hasta el presente, tanto en el plano institucional, como edilicio, a nivel nacional, en cuyos primeras sedes se incorporaría  el lenguaje historicista dominante en la arquitectura decimonónica oscilante entre las tendencias de inspiración clásica o la medievalista.

Durante esta  etapa, en el periodo de gobierno de Cipriano Castro, compensando las debilidades en la infraestructura para la escuela primaria, se construyen por parte del estado importantes edificaciones para funciones educacionales de tercer nivel, como la reforma de la antigua casona de Luisa Cáceres de Arismendi de Veroes a Santa Capilla, para albergar la sede de la Academia de Bellas Artes (1906), evolución del Instituto de Bellas guzmancista,  o la Academia Militar de Venezuela en la Planicie (1905-1910), para la cual se convoca a un concurso público. En ambos casos el proyectista sería el arquitecto Alejandro Chataing, quien despliega toda su destreza en el repertorio del eclecticismo, definiendo una imagen fusionada de rasgos entre neoclásicos y neobarrocos en la Academia de Bellas Artes, inspirados en el Grand Palace de París, u otra de reminiscencias entre neorrenacentistas y medievales en la Academia Militar de la Planicie, haciendo alegoría a su destino militar.

El Patrimonio Educacional legado por el Periodo Moderno 1935-1940

Al término de la larga dictadura gomecista, durante la cual se produce una etapa oscura en cuanto al tema educacional, al grado de que se produjera el cierre de las Universidades, el país despierta a la modernidad de la mano de dos presidentes de extracción militar, pero que logran reconducir al país hacia el camino civilista y ahuyentar a la barbarie, siguiendo la pauta de Domingo Faustino Sarmiento.[14] Eleazar López Contreras primeramente, e Isaías Medina Angarita le vuelven a otorgar un papel capital a la educación, en particular el segundo quien promueve  la construcción de la serie de las Escuelas República y la serie de las Escuelas de Estado en las más importantes ciudades del país.

Este sería sin duda alguna, uno de los temas de diseño que nos dejó un importante legado patrimonial construido durante el siglo XX en el ámbito educacional, ya que a raíz de las transformaciones introducidas por la Ley de Educación de 1940 y la asunción por parte del Estado de la educación como un problema capital, las obras públicas se volcaron en las décadas de 1940 y 50 a la construcción a lo largo y ancho de la geografía nacional de una importante red de infraestructura educacional que partía de la escuela primaria a través de la inserción de escuelas modelos en las diferentes capitales de los estados, continuando por liceos públicos tipo para la secundaria, hasta rematar de forma estratégica con una espléndida infraestructura para los estudios universitarios. Durante el gobierno de López Contreras se construye el Grupo Escolar Gran Colombia (1939), actual Francisco Pimentel proyectado por Carlos Raúl Villanueva, secundado en la instancia de la secundaria por el Liceo Caracas, actual sede del Instituto Pedagógico (1935-1939), proyectado por Cipriano Domínguez.

El conjunto de escuelas se emprende en el periodo presidencial de Isaías Medina Angarita (1940-1945) a través de dos series de Grupos Escolares: la serie “República” y la serie “Estado” diseñados en buen número por el Arquitecto Luis Malaussena, en los cuales se fueron ensayando temas como la eficiencia funcional, el confort climático y las respuestas paisajísticas y urbanas al entorno donde se implantaban. En estos grupos escolares, se emplearon los mejores materiales y condiciones espaciales a los que se podía aspirar en la época llegando a erigirse en nuevos templos del saber, hecho que dice en gran medida la seriedad con que fue asumida por parte del estado este tipo de arquitectura. En estas edificaciones la selección de estilos fluctúa entre el Art Decó, el Neocolonial y síntesis más ambiguas y eclécticas que toman elementos de los estilos mencionados, hasta obras posteriores donde se manifiesta el Estilo Internacional.

En el inventario de estas edificaciones se pueden destacar, en Caracas el Grupo Escolar República del Ecuador (1942), el Grupo Escolar República de Bolivia (1942), y el Grupo Escolar y Escuela Normal Miguel Antonio Caro (1943-1945). En el interior del país destacan, el Grupo Escolar República de México (1943) en Maracay, Estado Aragua; Grupo Escolar República de Brasil (1942) en San Juan de los Morros, Estado Guárico; Grupo Escolar República de Nicaragua (1945) en San Felipe Estado Yaracuy; el Grupo Escolar Republica Dominicana (1944) en el Tocuyo, Estado Lara; el Grupo Escolar Estados Unidos de América (1944-1945) en Calabozo, Estado Guárico integrantes de la primea serie, a los que se suman los Grupos Escolares Estado Zulia (1945) en Porlamar; Estado Nueva Esparta; el Grupo Escolar Estado Carabobo (1944) en Trujillo [15] y el Grupo Escolar Estado Mérida en Ciudad Bolívar (1947), entre otros.

 “Las sedes de los grupos escolares, nombre genérico que se da a las edificaciones para la educación primaria que se construyen durante la década de 1940, van a constituir a lo largo de todo el territorio nacional una de las principales muestras concretas de un proceso de modernización de amplio espectro que se materializa en Venezuela y que no queda convertido en simples propósitos y actos de fe.” [16]

Para apuntalar la formación del bachillerato también se emprenden en la capital las edificaciones para el Liceo Andrés Bello proyectado por el arquitecto Luis Eduardo Chataing (1945), así como el Liceo Fermín Toro (1944-1945) proyectado por Cipriano Domínguez. Se ubicaron en polos estratégicos de la periferia del centro urbano de la capital para la época, de donde se irradiaban las nuevas urbanizaciones al Este y Oeste. En estos se adoptaron esquemas ya definitivamente funcionalistas, conformados por la articulación de diferentes cuerpos y pabellones con corredores abiertos, aulas intercaladas por patios de iluminación y ventilación, así como la preeminencia del volumen de las áreas administrativas y el auditorio, generalmente de planta radial, como planteamientos reiterativos. 

Durante la década del 50, se continuó esta tendencia, incorporando nuevos grupos escolares y reforzando la formación de bachillerato con la construcción de nuevas sedes para liceos. Al caer la dictadura, el tema educacional es reorientado. Se crea la Oficina de arquitectura del Ministerio de Obras Publicas para instalaciones educativas dentro de la cual se concebirán edificios piloto como el Liceo Pedro Emilio Coll (1958-1959), el Liceo Gustavo Herrera (1963) y el Liceo Urbaneja Achelpohl (1964), entre otros en Caracas. En el interior destacan igualmente edificios de la misma calidad arquitectónica como el Liceo Libertador (ca. 1945) en la Ciudad de Mérida y el Liceo Lisandro Alvarado en Barquisimeto, ambos proyectados por Cipriano Domínguez, así como el Liceo Dr. Columbo Silva Bolívar (1958-1959) en Ciudad Bolívar, entre muchos otros.

Merece especial mención como caso en la capital el proyecto para el Grupo Escolar Carlos Delgado Chalbaud de Tomás José Sanabria de 1958, como nodo neurálgico y rótulo de la nueva urbanización del Banco Obrero del mismo nombre, en el cual su autor resuelve de manera magistral recurriendo al lenguaje y organicidad moderna el tema educacional.

Completando la atención al estamento educacional para los estudios de tercer nivel, durante esa época se emprende la construcción de un campus universitario para la Universidad Central de Venezuela, a través del proyecto de la  Ciudad Universitaria de Caracas (1943 - 1952) sobre la colonial hacienda Ibarra, productora de caña de azúcar.

El conjunto fue proyectado y coordinado por el Arquitecto Carlos Raúl Villanueva, con el apoyo y participación de un distinguido equipo de profesionales de la arquitectura e ingeniería, acompañado de los más destacados artistas de las vanguardias del momento, de trayectoria tanto nacional representados por Alejandro Otero, Alirio Oramas, Oswaldo Vigas, Francisco Narváez; como internacional, en las figuras de Jean Arp, Fernand Leger, Vassarely y Alexander Calder entre otros, conjunto que fuera reconocido y  declarado como Patrimonio Mundial en el año 2000, precisamente por representar una obra maestra de la arquitectura del siglo XX, aunada a la síntesis de las artes que se materializó en el conjunto y sus edificaciones.[17]  Iniciado durante la gestión de gobierno de Isaías Medina Angarita, a lo largo de sus años de construcción, el proyecto inicial, de trazado academicista a lo largo de un gran eje de simetría fue evolucionando hacia un conjunto que finalmente sintetiza los ideales de la ciudad moderna, tales como la separación de funciones y la disposición asimétrica de los volúmenes en respuesta eficiente a los usos,  teniendo como premisa ineludible las variables climáticas, y como recursos la plasticidad del concreto armado y las analogías formales de las vanguardias artísticas.
 
A la  vez que se dotó de una espléndida infraestructura a la principal universidad del país, también se emprendió el proyecto y obra de una moderna sede para la Academia Militar, y la Escuela de Aplicación,  con proyecto de 1945, en los terrenos de la antigua hacienda de Conejo Blanco, en virtud de que la academia castrogomecista de la Planicie se había quedado reducida para las nuevas demandas. En ese espíritu, el arquitecto Luis Malaussena que proyectara los grupos escolares medinistas es también el encargado de planificar un conjunto educacional militar, en una propuesta que trasciende al ámbito académico para convertirse en un proyecto urbano concatenado con la construcción de la Ciudad Universitaria de Caracas, que además del tema ad hoc, incorpora una nueva sede para la Escuela de Sub Oficiales, dispuesto de forma simétrica respecto a la Academia Militar, esquema que le permite estructurar un patio de armas que actúa de remate de un eje conmemorativo y paseo cívico-militar para la realización de los desfiles militares de las fiestas patrias. El proyecto se rige por un renovado academicismo de austeras líneas clásicas, que se orienta en la tradición de la arquitectura de tendencia totalitaria de la Europa de la época. Para la fuerza naval se materializa también una moderna sede en el Litoral central, en Catia La Mar, en el cual se implementa un diseño decididamente moderno.

Siguiendo las pautas de la experiencia caraqueña, en el interior de la república y en atención al auge petrolero se desarrolló la Escuela de ingeniería y petróleo para la Universidad del Zulia (1956-1957), proyectada también por el Arquitecto Carlos Raúl Villanueva.

En el contexto de Mérida, anclado en un ambiente marcadamente conservador son también erigidas las edificaciones para el Rectorado de la Universidad de Los Andes (1952) proyectada por el Arquitecto Manuel Mujica Millán en lenguaje neocolonial.
  
A estas edificaciones debemos agregar otras de interés cultural, que no habiendo sido proyectadas en su origen para funciones educacionales, han sido destinadas para tales funciones en la década reciente, como es el caso de las sedes corporativas de las petroleras:  Creole Petroleum Corporation (1947-1954) ubicada entre las modernas urbanizaciones Los Chaguaramos y Bello Monte de la Ciudad de Caracas, proyectada por la firma Lathrop Douglas Architects de Nueva York, la sede de la Shell Oil Company (1957-1960) en Chuao, proyectada por los arquitectos Diego Carbonell y Miguel Salvador y la sede de la Mobil Oil Company (1957) diseñada por el arquitecto Don Hatch en La Floresta, para ser destinadas la primera a la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV) y la Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada Nacional (UNEFA).

Reflexión a manera de conclusión

En el 2013, año de la conmemoración del patrimonio cultural vinculado a la educación debemos regresar la mirada a estas nobles edificaciones, de las diferentes épocas que contribuyeron con su materialización, para legarnos, no solo espacios utilitarios, sino también testimonios arquitectónicos de su momento histórico, en los cuales se fusionan valores formales, espaciales, constructivos y ambientales, pero a su vez  históricos y simbólicos vinculados con los sucesos que transcurrieron en sus espacios y con la trayectoria de los personajes ilustres, docentes y alumnos en formación, que en un constante devenir pasaron por sus aulas.

En estos tiempos en los que la educación y la docencia pasan por duras pruebas, debemos valorar estos edificios, partiendo de la Ciudad Universitaria de Caracas, Patrimonio Mundial, pasando por los declarados Monumentos Históricos Nacionales, hasta los Bienes de Interés Cultural, considerando en ellos no solo la significación del acto creativo que tuvieron para quienes los concibieron en el plano arquitectónico, sino también como símbolo de las estrategias que las sociedades de los diferentes tiempos, y bajo diversos propósitos, desarrollaran entendiendo que la mejor inversión es la de la Ilustración de los pueblos.     

 
                                                                                  Texto: FRANCISCO PEREZ GALLEGO
 

 REFERENCIAS





[1] DE SOLANO, Francisco. (1991:114).  Documentos sobre política lingüística en Hispanoamérica.  Madrid: CSIC. Centro de estudios históricos.
[2]  DE SOLANO, Francisco. Op. cit. p. LXXIV.
[3] Real Cedula urgiendo el establecimiento de escuelas del idioma castellano en los pueblos de indios, en DE SOLANO, Francisco. Op. cit. No. 113 pp. 264-265.
[4] MONTENEGRO, Juan Ernesto. La Capilla de Santa Rosa de Lima, Fragua de la Universidad y de la Libertad. Caracas, Concejo Municipal del Distrito Federal, 1977, pp. 62-63. El autor basa estas descripciones en documento que reza en el Archivo de Santo Domingo 801.
[5] FELIPE V – DE ARANA, FRANCISCO (1721, diciembre 22) Real Cédula de Erección de la Real y Pontificia Universidad de Caracas. Lerma. Compilada en http://es.wikisource.org/wiki/Real_C%C3%A9dula_de_erecci%C3%B3n_de_la_Real_y_Pontificia_Universidad_de_Caracas del 22 de diciembre de 1721 Real Cédula de Erección de la Real y Pontificia Universidad de Caracas
[6] UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA. Sobre la UCV. Reseña Histórica. Caracas, 2009. Disponible en http://www.ucv.ve/sobre-la-ucv/resena-historica.html
[7]  MÁRQUEZ R. A. Doctrina y Proceso de la Educación en Venezuela. Ed. UCV. Caracas , 1964, 231 pp.
[8]  UNIVERSIDAD DE CARABOBO. Breve crónica de la Universidad de Carabobo. Valencia. Disponible en http://www.uc.edu.ve/uni_infog_historia.php
[9]  UNIVERSIDAD DEL ZULIA. Historia I: desde los orígenes hasta su cierre en 1904. Maracaibo. Disponible en http://www.luz.ve/index.php?option=com_content&view=category&id=83&Itemid=474
[10]  BLANCO, Guzmán. Decreto de Instrucción Pública Gratuita y Obligatoria. Caracas, 27 de junio de 1870. Disponible en  http://www.analitica.com/bitblio/aguzman/publica.asp
[11]  UNIVERSIDAD DE CARABOBO. Op. cit.
[12] CARABALLO, Ciro. “Del académico retórico al profesional pragmático. Crisis recurrente en la Educación Venezolana de la Ingeniería y la Arquitectura”, en Boletín del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas, Nº 27, Caracas: Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Central de Venezuela,  diciembre de 1986, pp. 61-71.
[13]  SEIJAS COOK, Rafael. Alejandro Chataing. La obra de un apostol de la belleza. Algunas de las mejores obras del doctor A. Chataing. Revista Elite, Agosto de 1928, pp. s/n. 
[14] Político, escritor, docente, periodista y militar argentino; gobernador de la Provincia de San Juan entre 1862 y 1864 , Presidente de la Nación Argentina entre 1868 y 1874, Senador Nacional por su Provincia entre 1874 y 1879 y Ministro del Interior de Argentina en 1879, anclado en las políticas del Liberalismo para superar la barbarie en pos de la civilización.
[15] HERNANDEZ DE LASALA, Silvia. Malaussena, arquitectura académica en la Venezuela moderna. Caracas, Fundación Pampero, 1990, pp. 158-213.
[16] HERNANDEZ DE LASALA, Silvia. Los grupos escolares de Luis Malussena en Boletín del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas  Nº 27. Caracas, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Central de Venezuela, p. 16.
[17] ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LA EDUCACION, LA CIENCIA Y LA CULTURA. UNESCO. Ciudad Universitaria de Caracas. En http://whc.unesco.org/en/list/986.

                                                                                      


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