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domingo, 16 de abril de 2017

18 de Abril de 2017: Día Internacional de los Monumentos y Sitios: Patrimonio Cultural y Turismo Sustentable. El Patrimonio Cultural Edificado en Venezuela vinculado al turismo


Como todos los años desde 1983, el 18 de abril se dedica a conmemorar a nivel mundial a los monumentos y sitios, en aras de promover su conservación y puesta en valor. Su origen se remonta al 18 de abril de 1982, cuando la directiva del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios -ICOMOS-, reunida en Hammamet, Túnez, decidiera instituir el Día Internacional de los Monumentos y Sitios con la idea de que la fecha se celebrara anual y simultáneamente en todo el mundo para despertar la conciencia del público sobre la diversidad del patrimonio edificado mundial. Cada año se escoge un tema. En 2017, en conformidad con su designación como Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo, por parte de la Organización de las Naciones Unidas, ICOMOS dedicará el Día Internacional de Monumentos y Sitios a la difusión de este tópico vinculado al cumplimiento de la agenda 2030 y al alcance de los objetivos planteados en este en miras al desarrollo sostenible de la Humanidad, dentro del cual el turismo como  actividad económica y cultural es una herramienta sustancial.

Como parte de la sustentabilidad en el contexto venezolano, hemos abordado la revisión valorativa de la actividad turística a través del tiempo y el patrimonio cultural edificado vinculado con la misma, en miras a promover los grandes potenciales que se concentran en esta actividad.  Este lema en el caso venezolano representa una potencial fortaleza, tanto desde el punto de vista de las oportunidades que el turismo podría ejercer en la diversificación de la economía venezolana en pos de “sembrar el petróleo”, y en consecuencia estimular el desarrollo sostenible, como del asociado a los inmuebles y sitios de carácter patrimonial que acompasando la actividad turística a través del tiempo, se fueron sumando para configurar el legado construido de este tópico programático, soporte fundamental para su ejecución. Haciendo un recuento a través del tiempo, la actividad turística subyace en la curiosidad del hombre desde sus orígenes. En el caso venezolano se puede intuir desde las primeras sociedades que habitaron nuestro territorio. 

PERIODO PREHISPÁNICO (….-1498): 
Desde tiempos remotos a las etnias aborígenes 

Aunque el objetivo final no radicaba en la actividad turística tal como la comprendemos en la actualidad, podríamos apreciar en el comportamiento errante de nuestras etnias aborígenes y familias emparentadas con Los Caribes y los Arawac, indicios premonitorios de ella, arraigados a la curiosidad innata del ser humano y a los procesos de conocimiento y conquista de territorios y culturas exógenas derivados de ésta. 

Si bien el objetivo estaría asociado más a la subsistencia y dominio de las familias o grupos étnicos que los constituían, generalmente adoptaron una cultura trashumante dando origen al carácter efímero de su arquitectura, donde lo importante no era permanecer, sino fluir a través del territorio, conociendo y conquistando nuevos parajes y pueblos. Dicho proceso explica como ramificaciones de las etnias que poblaron Venezuela se extienden a través de las aguas hacia las islas del Caribe, estableciendo nuevos pueblos allende los mares. Otros, abriendo picas y trochas que les permitían adentrarse en el territorio, penetraron selvas y bosques para su conocimiento. De igual forma, los que optaron por el transporte fluvial surcando ríos se diseminaron tierra adentro, hasta generar nuevas comunidades en los territorios de los llanos centrales o en los territorios surorientales y suroccidentales del país (Jahn, 1927). 

Un ejemplo lo testifican las diferentes versiones que tratan de explicar el poblamiento antiguo de los  Andes venezolanos. Todas coinciden, con diversos matices en que éste tuvo “estrecha relación con cuatro grandes culturas prehispánicas: la chibcha y la quechua, asentadas en lo que se conoce como la América andina; la arawak, procedente de los Llanos y del centro-occidente venezolano; y la caribe, establecida en Mesoamérica, islas del Mar Caribe, noreste y noroeste del actual territorio venezolano” (Hernández y Santos, 2004).

Testimonios construidos de esta etapa lo representan las trochas y picas o trillas indígenas, trazadas por las familias de las diversas etnias sobre el territorio para comunicar entre sí, las diferentes comunidades, caseríos y otros lugares de residencia con las fuentes proveedoras de alimentación y materias primas, entrelazando casas, conucos, lagunas y ríos. 

PERIODO COLONIAL E INDEPENDENTISTA (1498-1830): 
De los Trastámara a las guerras de Independencia

Desde el avistamiento en 1498 de las costas de Paria y el Delta del Orinoco por Cristóbal Colón, en su tercer viaje a tierras americanas, podríamos decir que se inicia la valoración que este territorio que en la actualidad conforma Venezuela, incitaba a extranjeros mediante sus potencialidades escénicas y riquezas materiales. Tanta admiración le causaron al grado de afirmar “Grandes indicios son éstos del Paraíso terrenal, porquel sitio es conforme á la opinión de estos santos é sanos teólogos, y asimismo las señales son muy conformes, que yo jamás leí ni oí que tanta cantidad de agua dulce fuese así adentro é vecina con la salada; y en ello ayuda asimismo la suavísima temperancia, y si de allí del Paraíso no sale, parece aun mayor maravilla” (Colón, 1498). 


Sea “Tierra de Gracia” o “Paraíso terrenal”, el hecho es que se convertiría en el objetivo principal del periodo de conquista en busca del mítico sitio de El Dorado. La posterior exploración entre mayo de 1499 y 1500, de Alonso de Ojeda en compañía del piloto y cartógrafo Juan de la Cosa y del navegante florentino Américo Vespucio a los territorios de occidente, da lugar a otro inciso en ese proceso valorativo, al grado de establecer relaciones culturales entre las viviendas de los Añú, en la laguna de Sinamaica y la ciudad de Venecia, al referir “De esta isla fuimos a otra isla vecina de aquella a diez leguas, y encontramos una grandísima población que tenía sus casas construidas en el mar como Venecia, con mucho arte; y maravillados de tal cosa, acordamos ir a verlas” (Vespucio, 1500).
 
Figura 1: Palafitos en la Laguna de Sinamaica, Estado Zulia.
Fuente: Del Campe.net

No obstante la consideración anterior, los verdaderos orígenes de un patrimonio edificado para la actividad turística se remontan a los tiempos del propio periodo colonial, cuando una vez consolidado el proceso de exploración y conquista, sobre la marcha de la fundación estable de pueblos y ciudades,  a lo largo de los caminos que los articulaban se comienzan a levantar edificaciones de corte doméstico para albergar a forasteros, viajeros y comerciantes. Estas iniciativas de índole privada con el tiempo se fueron haciendo más necesarias. 

Durante los dos primeros siglos del periodo colonial el leitmotiv de los viajes se asociaba fundamentalmente a las actividades político-militares, religiosas y económicas, de la mano de las expediciones emprendidas por los conquistadores o adelantados y las peregrinaciones y misiones por parte de las órdenes mendicantes. Más tardíamente, durante el siglo XVIII se suman a las anteriores, las iniciativas culturales, diplomáticas, artísticas y científicas, aupadas por la moda europea liderada por la Sociedad Británica de Diletantes y el espíritu de la Ilustración que recorría el hemisferio occidental.

Durante el siglo XVIII, con la constitución de la Real Compañía Guipuzcoana en 1728 y el crecimiento paulatino de la actividad mercantil sustentada en la producción agropecuaria, se estimuló el emprendimiento de hospicios, paradores, hosterías y posadas, generalmente asociados a otras funciones como pulperías, merenderos y tabernas. Ubicadas principalmente fuera de las ciudades, sobre los trayectos que vinculaban a las ciudades principales, con los lugares de producción y las ciudades portuarias y otras en su interior, se hicieron necesarias para albergar a los viajantes, expedicionarios y sobre todo a los agentes comerciantes. Las pulperías diseminadas en los caminos solían contar con posadas y terrenos convenientemente “sembrados de pasto para los arreos” (Arias, Molina, Pérez y Salerno, 2010). 
 
Figura 2: Quinta Anauco, Caracas, Distrito Capital.
Fuente: Del Campe.net

Testimonios edificados de este periodo en las cercanías a Caracas lo constituye la Posada La Venta, que data de mediados del siglo XVIII y las haciendas La Cumbre, Castillito, Campo Alegre, Guayabal y Corozal (Sarría, 2015, diciembre 17), que siendo unidades productivas de café, servían de manera colateral como lugares de posta y albergue a los viajeros que surcaban el Camino Real entre La Guaira y Caracas. 

Por lo general numerosas haciendas y villas suburbanas sirvieron de estancias temporales a viajeros nativos y extranjeros durante el periodo colonial. Conocidas son las numerosas pernoctas del Libertador Simón Bolívar durante los avatares de la gesta independentista en varias de éstas. La Casona de la Hacienda Ibarra, en los terrenos de la actual Ciudad Universitaria de Caracas es digno ejemplo de ello, como también lo representa la Quinta Anauco, propiedad a partir de 1825 del Marqués del Toro. En ambas se aloja en varias oportunidades el Libertador durante su estadía en Caracas en 1827. De igual forma en la provincia, es digna de mención la casa San Isidro, al sureste de Ciudad Bolívar, la Angostura colonial, en la cual se alojara en el interludio del lanzamiento de la tercera república (1817-1819), desde cuyos ámbitos redactara el discurso del Congreso de Angustura. 

 Figura 3: Camino Real, Caracas, Distrito Capital.
Fuente: Del Campe.net

No obstante, además de las posadas, hostales y cantinas, el elemento primordial de este legado construido, que en su mayoría se ha conservado hasta el presente lo representan esos caminos, las rutas trazadas para interconectar los pueblos y ciudades entre tierra adentro con los puertos y las alcabalas de paso, que en algunos casos reutilizaron las rutas prehispánicas. Los caminos reales, conocidos como “Caminos de los Españoles” entre Caracas y la Guaira o de  Valencia del Rey a Puerto Cabello,  entre Santa Ana de Coro y La Vela, el camino y Puente de Los Españoles entre Barcelona y la costa, o los que se establecieron entre los estados andinos y el sur del lago de Maracaibo (Hernández y Santos, 2004), constituyen testimonio edificado del devenir en ambas direcciones por razones principalmente económicas, configurando desde ese tiempo los “hinterlands”, que en algunos casos hasta el presente han permanecido activos. 

PERIODO REPUBLICANO Y CASTROGOMECISTA  (1830-1935): 
De la ruptura de la Gran Colombia a Juan Vicente Gómez

Durante el periodo republicano la actividad turística se acrecienta notablemente. El estímulo viene desde diversos ámbitos; uno de los más significativos continua siendo la actividad comercial vinculada a negocios de diversa índole, pero se suman también los intereses del ocio per se, el objetivo religioso, además del  diplomático, artístico, científico, cultural y deportivo. La avalancha de viajeros estimulada por el ideario del romanticismo impone la necesidad de atender una demanda creciente de instalaciones cónsonas para albergar a los forasteros. 

Después del viaje del Barón Alexander von Humboldt entre 1799 y 1800, figuras como el diplomático de origen brasilero Miguel María Lisboa, el naturalista y explorador Karl F. Appun; el naturalista y fotógrafo húngaro Pal Rosti; el agente banquero británico Edward B. Eastwick; el pintor, explorador y taxidermista alemán Anton Goering; el escritor alemán Friedrich Gerstacker; el diplomático británico James Mudie Spencer; el médico y biólogo Carl Sachs o la hija del diplomático frances, Jenny de Tallenay  (Pino Iturrieta y Calzadilla, 2002), además de pintores como el danés Fritz Melbye, el británico Robert Ker Porter, el francés Camille Pissarro, y los alemanes Ferdinand Bellermann y Carl Geldner (Galería de Arte Nacional, 1993), dejaron a través de sus escritos y dibujos registros de las singularidades del territorio venezolano, de sus ciudades y paisajes. La oleada de viajeros impulsó el desarrollo de diversos emprendimientos en miras a explotar las posibilidades de la actividad de la hostería. 

Tanto las ciudades capitales, pero en particular las ciudades portuarias experimentan esta dinámica, en cuyos centros pululan la adecuación de antiguas casas coloniales para su conversión en posadas y hoteles, originalmente deficitarios en cuanto a los servicios complementarios. A ellas se irán sumando paulatinamente edificios concebidos ad hoc para las funciones hoteleras. Además de Caracas, Barcelona, Valencia, Mérida, entre otras de los más importantes centros urbanos aparecen significativamente en los núcleos portuarios de La Guaira, Puerto Cabello, Maracaibo, Carúpano y Ciudad Bolívar, la antigua Angostura. 

Figura 4: Hotel Klindt, Caracas, Distrito Capital.
Fuente: Del Campe.net

Al comienzo, edificios de traza tradicional, con patios internos, rodeados de salas y habitaciones se acondicionan para la función de albergue. Progresivamente la presión estimula iniciativas privadas que decantan en edificios proyectados para tales funciones, de dos o más pisos, con balcones corridos o aislados en cantiléver, en los cuales queda la huella de la panorámica lingüística liberal del Historicismo. En el caso de Caracas van desde líneas tardo-coloniales como el hotel Saint Amand (1855), eclécticas como el "Gran Hotel" (1879) y el "Hotel León de Oro" (1890), en su nueva ubicación cercana al mercado (Caraballo, 1993:91-92) y neoclásicas como el “Gran Hotel Venezuela” (1895), posteriormente renombrado como “Gran Hotel Klindt”, transformado despues de su cierre en el edificio Washington de la Plaza Bolívar caraqueña (Ibidem., 91-92).

Figura 5: Gran Hotel, Caracas, Distrito Capital.
Fuente: Del Campe.net

En Puerto Cabello se levantan desde las más incipientes instalaciones del Hotel Santander (1836), la Posada “El Comercio” (1869) hasta los ulteriores y sofisticados hoteles de ascendencia europea como el “Hotel de France” (1891) situado frente a la plaza Salom, el  “Hotel Americano” (1893) en la calle de Colombia y la ampliación del neomorisco “Hotel de los Baños” (1893)  por la empresa Párraga Otálora sobre el núcleo edificado que había nacido como baños públicos de mar (1867). A éstos se sumaría el  “Hotel Riviera”, ubicado en la vieja casona de la calle de Bolívar, propiedad de la familia Kolsster (López, 2016, agosto 16).

Figura 6: Hotel Los Baños, Puerto Cabello, Estado Carabobo.
Fuente: Mi Puerto Cabello (Fotos con Historia y sin ellas también) [Blog] 

Caso análogo encontramos en Ciudad Bolívar en cuyas casas de galería instaladas sobre el paseo Orinoco, en las cuales se compartieron las actividades comerciales en las plantas principales aporticadas con la residencia, oficinas y hospederías de los agentes comerciales en el nivel superior, cercados por balcones corridos con vistas al Orinoco. Destacaron las casas Blohm & Cía., Pulido & Cía., Casalta y Battistini, J. Boccardo & Cía., Fernández y Cía., Dalton & Sucesores, Hermanos Lleras Codazzi y H. Ligeron (Fernández, 2012). Esta tipología derivó en la adecuación de algunas edificaciones como hoteles y pensiones de lo cual son testimonio el “Hotel Caracas” (1880 c.) o la demolida “Pensión Italia” (1880 c.).  A éstas se suma también la tipología formada por las casas de dos pisos con balcones aislados en cantiléver, ejemplarizados por las edificaciones del “Hotel Grillet” y el “Hotel Napolitano”, todas con frente hacia el paseo, llegando a ser los mejores alojamientos  a principios del siglo XX. Todas dieron muestra de ello con su ecléctica arquitectura de reminiscencias antillanas en balcones con barandas, calados, romanillas y celosías de hierro fundido y madera.

Figura 7: Casa Blohm, Ciudad Bolívar, Estado Bolívar.
Fuente: Del Campe.net

De manera análoga al caso de Ciudad Bolívar, en Maracaibo también destacan primeramente como promotoras de la actividad turística y su infraestructura las casas comerciales, mediante sus sedes instaladas en edificios de dos pisos, en cuyos altos se contemplaban espacios para el alojamiento de sus huéspedes y operarios. En su mayoría fueron iniciadas por asociaciones de empresarios alemanes vinculados a la exportación del café entre otros rubros, de allí que reprodujeran modelos similares en ciudades andinas como San Cristóbal. 

A comienzos de la segunda mitad del siglo XIX dominaban el mercado Minlos, Breuer & Cía. (firma creada en 1860 por los señores Montavio & Minlos, que pasó a ser Minlos, Breuer & Co. en 1865, siendo sucedida en 1896 por Breuer, Möller & Co, antecesora inmediata de la Breuer, Möller & Co.  Sucs.), H. E. Schmilinsky y S.A., Schon & Willink, Blohm Mecklemburg & Cía., Riedel Bornhorst y Cía (Cardozo, 1991), a las que se suman la Casa Blohm & Cía. en 1854, la casa Steinvorth & Co. (1860 c.), con sucursal en San Cristóbal; "Christern & Co." en 1876, reorganizada como Christern, Zingg & Ca. y A. Dubuc & Ochoa, en 1891, reorganizada como Dubuc & Ca. Sucs  (Puerta, 2015).

Luego de estas primigenias formas de alojamiento, entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX surgen los primeros hoteles diseñados ad hoc dentro de los que destacan por sus servicios el “Hotel Alameda” en la Plaza Baralt, el “Hotel Pabellón”, el “Hotel de Italia”, el “Hotel Europa”, el “Hotel Los Andes” (1896), estos últimos frente a la plaza Bolívar (Caraballo, 1993:83-84), el “Hotel Zulia” (1913), proyectado  por Rafael Seijas Cook (Ibidem., 171), sumándose al final del periodo el “Hotel Granada” (1930-1935). Todos  siguen las mismas tendencias tipológicas y estilísticas del caso de Puerto Cabello y Angostura.

Figura 8: Hotel Europa, Maracaibo, Estado Zulia.
 Fuente: Venezuela en Retrospectiva,  Pinterest

Con la llegada de la economía extractiva del petróleo, la actividad turística por razones de negocios se potencia significativamente. Durante el periodo gomecista, el Estado reconoce la debilidad existente en materia de infraestructura hotelera, emprendiendo por vez primera una política en esta dirección, la cual se dirige a aquellos enclaves en los que el gobierno visualiza potencialidades de índole comercial y recreacional, política que conduce a la creación del “Despacho de Turismo” en 1930, adscrito al Ministerio de Salubridad, Agricultura y Cría (Ibidem, 167-171). Por su lado, la iniciativa privada también emprende nuevos proyectos al visualizar las debilidades existentes en esta materia. 

Todo ello se fue abonando progresivamente. En Caracas, luego del cierre de los decimonónicos “Hotel Klindt” y “Gran Hotel Caracas”, nuevos empresarios particulares promueven el levantamiento del “Hotel Paraíso” (1912), sobre el paseo de El Paraíso, empresa que no pasaría más allá del proyecto, realizado por el arquitecto Alejandro Chataing, continuando en el centro, entre las esquinas de Veroes a Ibarras el desarrollo de dos nuevos establecimientos, el “Hotel Middleton” (1918 c.) y el “Hotel Palace” (1921). Este último también fue concebido por Alejandro Chataing para el mismo empresario del “Hotel Victoria” de Maracaibo. Paralelamente se efectúa la remodelación y reinauguración del “Gran Hotel Caracas” (1921) de la Calle El Comercio (Ibidem, 167-171).

El éxito y el auge de la bonanza petrolera estimula nuevas empresas aún más ambiciosas como la del “Hotel Majestic” (1926-1930), “primera instalación hotelera moderna totalmente abierta al servicio de la ciudad” (Ibidem, 175), proyectado en su primer núcleo por el arquitecto catalán Marcelino Mari sobre la reforma de un edificio preexistente , continuado y ampliado por el arquitecto de origen vasco y formación catalana, Manuel Mujica Millán (Ibidem: 172), con la cual inicia su trayectoria profesional en Venezuela, además del ingeniero Eloy Pérez Alfonso, en una mezcla de eclecticismo  francés con modernismo catalán.

Figura 9: Hotel Majestic, Caracas, Distrito Capital.
 Fuente: Del Campe.net

Por su parte, el Estado emprende en San Juan de Los Morros su experiencia en pro de la infraestructura hotelera, aprovechando la vocación del lugar como ciudad recreacional y balneario termal, valorada y utilizada por Gómez. Se ordena así edificar el Hotel Termal (1919-1920) según proyecto realizado por la Sala Técnica de la Dirección de edificaciones y Ornato de Poblaciones del Ministerio de Obras Públicas, con supervisión de los ingenieros Rafael Díaz y Guillermo Salas (Caraballo, 1993: 196-198), siendo luego sometido a una ampliación (1926) agregando un segundo piso de habitaciones, según proyecto del ingeniero Luis María González Cárdenas (Funes, 2015).

En Macuto, ciudad balneario cercana a Caracas se erige el Hotel Miramar (1928), bajo designios de Gómez, para el cual se convoca un concurso, resultando laureado el ecléctico proyecto del arquitecto Alejandro Chataing, con un edificio que amalgama referentes coloniales, orientales y Art Nouveau, sobre una planta de novedoso esquema academicista en cruz,  rotada en forma de X (Galíndez, 2010). Actualmente se encuentra en ruina parcial, a pesar de los grandes potenciales que comprometerían su restauración y adecuación.

Figura 10: Hotel Miramar, Macuto, Estado Vargas.
 Fuente: Del Campe.net

En Maracay, segunda capital venezolana de facto, se encarga a Carlos Raúl Villanueva reformular el proyecto de la manzana sur de la Plaza Bolívar, originalmente concebido como vivienda multifamiliar, emprendido por el ingeniero francés André Potel para su conversión en el “Hotel Jardín Maracay” (1930), en una ecléctica amalgama de referentes neoclásicos franceses con el criollísimo neocolonial (Caraballo, 1993: 246-247). Funcionó como hotel hasta 1957, cuando al abrir el nuevo “Hotel de Golf Maracay”, se le encarga a Luis Malaussena su remodelación como Palacio de la Gobernación. 

En el camino hacia la reserva forestal Henry Pittier en la vía hacia Turiamo, se confía también a André Potel el “Hotel Rancho Grande” (1933-1934), con miras a materializar un hotel de montaña, mediante un volumen en V de líneas art decó. Interrumpida su construcción debido a la muerte de Gómez, quedó inconcluso desde entonces, acondicionándose a la postre parte de sus estructuras como Estación Biológica (Ibidem: 288-290). 

PERIODO MODERNO (1935-1958): 
De López Contreras a Pérez Jiménez

Las iniciativas gomecistas se perpetúan y consolidan en las décadas sucesivas con nuevos bríos de talante privado en edificios de líneas modernas, con equipamientos técnicos y servicios de avanzada dispuestos generalmente en conjuntos volumétricos que conjugan torres de diversas alas, de crujía sencilla o doble, con cuerpos bajos y combinación de  líneas estereométricas que en ciertos casos entran en contraste con formas curvas o serpenteantes. Estas acciones se reflejaron en Caracas en el “Hotel Veroes” (1935 c.) en la esquina homónima, proyectado por Gustavo Wallis y en  el “Hotel Ávila” (1939-1941) promovido por Nelson Rockefeller y proyectado por los arquitectos neoyorquinos Wallace Kirkman Harrison y André Fouilhoux en San Bernardino, de moderna arquitectura con sutiles detalles neo hispánicos (Ibáñez, Vásquez y Pérez Gallego, 2001).

Figura 11: Hotel Avila, Caracas, Distrito Capital.
Fuente: Del Campe.net

Seguirían en el Hotel Waldorf (1944) de acusado y moderno desarrollo horizontal; el “Hotel El Conde” (1948), edifico de esquina con aires mendhelsonianos; el demolido Hotel Potomac (1949) de la avenida Vollmer en San Bernardino,  que a pesar de su concepción moderna conjugaba detalles art decó; el “Hotel Astor” (1950) de sobrias líneas modernas y modesto énfasis vertical (Sidorkovs, 2016); el demolido “Hotel Nacional” (1945-1947) de la esquina de Camejo, proyectado por el arquitecto Arthur Khan y el “Hotel Montserrat” (1951) en Altamira, diseñado por la sociedad de arquitectos formada por Carlos Guinand, Moisés Benacerraf y Émile Vestuti (Arquitectura Venezuela, s.f.). Todos ellos dirigidos en su mayoría a una clientela  vinculada con la actividad petrolera, ante la creciente demanda ejercida por funcionarios y agentes vinculados con las empresas concesionarias cuyas sedes se habían instalado en los entornos de las urbanizaciones Los Caobos, San Bernardino y La Floresta, de la capital venezolana (Vicente, 2003). 

Figura 12: Hotel Nacional (Demolido), Caracas, Distrito Capital.
Fuente: Del Campe.net

A este conjunto de iniciativas privadas se suman en el interior, el Hotel Victoria (1940), ubicado en el centro de Maracaibo, estado Zulia, de fachada Art-Decó, construido por el ingeniero José Gilberto Belloso y una década después el Hotel Detroit (1951) propiedad del empresario Eduardo Ocando (Arquitectura Venezuela, s.f.); en el litoral central el “Gran Hotel El Palmar” (1948-1950), segundo hotel de importancia construido en el estado Vargas después del “Hotel Miramar”, con frente a la Playa Lido, diseñado por el arquitecto Luis Eduardo Chataing en equipo con el arquitecto Graziano Gasparini (idem.), para la fecha recién llegado al país y en Mérida el “Hotel Chama” (1950), cuya “composición en fachada expresaría la supremacía de un volumen geométrico redondeado, al que se supeditan dos alas laterales donde se organizan las habitaciones” (Calderón y Robinson, 2012).

Al despuntar la segunda mitad del siglo, bajo el gobierno dictatorial de Marcos Pérez Jiménez se emprende por parte del estado una nueva política para incentivar la actividad turística tanto para los ciudadanos nativos como para los turistas extranjeros. La creación del Instituto de Capacitación y Recreación de los Trabajadores –INCRET- para la clase trabajadora y de la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo –CONAHOTU- se orientan en esa dirección. Para los primeros el desarrollo de instalaciones tales como las colonias vacacionales “Los Caracas” (1954) y balnearios como Naiguatá (1954), Catia La Mar (1953), y Patanemo (1954) entre otros, motorizan el desarrollo de una importante red de infraestructura en pro de la siembra del petróleo en todos los estados del país con potenciales turísticos. 

Figura 13: Ciudad Vacacional Los Caracas, Estado Vargas.
Fuente: Buzzfeed.com, Pinterest.

A estos se suman iniciativas particulares que buscan generar opciones turísticas y de inversión en la clase media y media alta. Significativo es el ejemplo de la “Ciudad Balneario Higuerote” (1953-1955) planificada por el arquitecto y urbanista José Antonio Ron Pedrique y el arquitecto Jorge Romero Gutiérrez, en el estado Miranda, por solicitud de Antonio  Bertorelli, promotor del  proyecto (Villota, 2008). Durante esta fase la iniciativa gubernamental se imbricó con la privada potenciando la creación de una red hotelera que en buena parte sigue activa hasta el presente, si bien requiriendo la atención que el paso del tiempo y la actualización de los servicios requiere. Lo alcanzado en este tiempo no ha sido vuelto a superar hasta el presente.

Forman parte de esta política, como iniciativa mixta entre la cadena hotelera Inter-Continental, creada como filial de la extinta línea aérea Panamericam Airways y Conahotu, la construcción del “Hotel del Lago” (1953) en Maracaibo, estado Zulia, primer hotel de la cadena Intercontinental en Venezuela, según proyecto desarrollado por la firma norteamericana Holabird, Root & Burgee (Arquitectura Venezuela, s.f.) y casi a la par, el hotel “Tamanaco” (1953), en Caracas, segundo en inaugurarse de la misma cadena, con proyecto de Gustavo Guinand van der Walle en sociedad con la misma firma Holabird, Root & Burgee. Ambos fueron ampliados, el primero sucesivamente en 1956 y 1976, siendo adquirido plenamente por Conahotu en 1972; el segundo en 1957 según proyecto de los arquitectos Americo Faillace y Manuel Corao (Idem.).

Figura 14: Hotel del Lago, Maracaibo, Estado Zulia.
Fuente: Del Campe.net

Figura 15: Hotel Tamanaco, Caracas, Distrito Capital - Edo Miranda.
Fuente: Del Campe.net

Pero enmarcado dentro de la misma política desarrollista de los potenciales turísticos regionales se despliegan por iniciativa de Conahotu una oleada de proyectos y obras, en algunos casos con financiamiento mixto en el corto marco temporal de 6 años. Surgen así en la región occidental del país los modernos hoteles “Nueva Segovia” (1952) en Barquisimeto, estado Lara, construido con motivo del cuatricentenario de la ciudad, ejecutado por el ingeniero Baudilio González Durán y su empresa Espigon C.A. (Idem.); El hotel “Tamá” (1952-1957) en San Cristóbal, estado Táchira, con proyecto del arquitecto Julio Volante; “Trujillo” (1953-1954) en la ciudad y estado homónimos, efectuado por la constructora Compañía Interestatal Venezolana de Construcciones IN-VE-CO, con sede principal en Maracaibo, bajo la dirección técnica del ingeniero Salvador Romero; “Moruco” (1954-1955) en Santo Domingo, estado Mérida, diseñado por el arquitecto Fruto Vivas; “Prado Río” (1954-1956) en Mérida, estado Mérida, proyectado por los arquitectos Tomás Sanabria y Julio Volante; el hotel “Miranda” (1955-1956) en Coro, estado Falcón (Ibáñez. Vásquez y Pérez Gallego, 2001), integrante actual de la cadena Cumberland, además del “Hotel Aguas Calientes” (1955-1956) en Ureña, estado Táchira, cuyo autor en ambos casos, debido a sus rasgos comunes, se presume que fue también  el arquitecto Julio Volante. Finalmente también en la región de Los Llanos se deja un testigo en el Hotel Llano Alto” (1956), ubicado al sur de la ciudad de Barinas, estado Barinas, diseñado por los arquitectos Oscar Carpio y Guillermo Suárez.

Figura 16: Hotel Prado Río, Mérida, Estado Mérida.
Fuente: Del Campe.net

En la región oriental se emprende el “Hotel Bella Vista” (1954-1958), en Porlamar, estado Nueva Esparta, según proyecto de José Miguel Galia y Martín Vegas, con ampliación (1974) de los arquitectos Julián Ferris y Jaime Hoyos; “Cumanogoto” (1955 c.) en Cumaná, estado Sucre, según proyecto del arquitecto Julio Volante, remodelado (1986) según proyecto del arquitecto Philippe Souchard y más al sur, el “Hotel La Cumbre” (1958) en Ciudad Bolívar, estado Bolívar, concebido por el arquitecto Fruto Vivas, el cual quedó a medias a raíz de la caída de la dictadura, siendo luego vendido a particulares, quienes lo  reactivaron  reformando el proyecto original (Ibáñez, Vásquez y Pérez Gallego, 2001).
 
Figura 17: Hotel Bella Vista, Porlamar, Isla de Margarita, Estado Nueva Esparta.
Fuente: Del Campe.net

En la zona centro norte del país se emprenden el “Hotel Guaicamacuto” (1955), concebido como hotel de playa, en la costa de Caraballeda, estado Vargas, proyectado por el arquitecto Luis Malaussena en equipo con Federico Beckoff, Klaus Heufer y Karl Peter Jebens e inaugurado en 1963, siendo otorgado en concesión a la aperadora Sheraton (1963-1999) y “Maracay” (1955-1957), también proyectado por el equipo de Luis Malaussena, Beckhoff, Heufer y Jebens, éste como hotel de golf, en Maracay estado Aragua. 

Figura 18: Hotel Guaicamacuto, luego Macuto Sheraton, Caraballeda, Estado Vargas.
Fuente: Del Campe.net

Mención especial merece el “Hotel Humboldt” (1956) enclavado en el cerro El Ávila, Caracas, proyectado por el arquitecto Tomás Sanabria y los ingenieros Gustavo Larrazábal y Oscar Urreiztieta (Marta Sosa, Vertullo y Prieto, 2014), aunado al sistema del teleférico (1956), cuyas instalaciones son diseñadas por el arquitecto Alejandro Pietri. Cierra la lista de este sector el “Hotel Cumboto” (1956), en Puerto Cabello, estado Carabobo, proyectado por el arquitecto norteamericano Donald Charles Hatch -Don Hatch- (Ibáñez, Vásquez y Pérez Gallego, 2001) para el empresario Antonio Pardo, en colaboración con Conahotu. 

Figura 19: Hotel Humboldt, Cerro Avila, Caracas, Distrito Capital.
Fuente: Del Campe.net

Dentro de las iniciativas del régimen de Pérez Jiménez al estamento militar también se promueven centros para el turismo y pernocta de sus integrantes.  Dentro de esa dinámica se proyectan el Círculo Militar de Caracas (1953), a un costado del Paseo Los Próceres, el cual fue construido por el Ministerio de Obras Públicas y diseñado por el arquitecto Luis Malaussena, con participación de Federico Beckoff, complementando el eje formado por el binomio de la Escuela Militar del Ejército y la Escuela de Suboficiales; el Club de Suboficiales en La Rinconada  (1953) y el Círculo Militar de Mamo (1953), en el litoral, también con diseño de Malaussena,  vinculado operativamente con la Escuela Náutica (1951-1953).  Logrados éstos se replican acciones análogas con las instalaciones de la Aviación, al levantar la Base Aérea Internacional de Palo Negro (1955) y el Club de oficiales "Simón Bolívar" (1955) en Maracay, ambas proyectadas por Luis Malaussena (Hernández de Lasala, 1990).

Figura 20: Círculo Militar, Caracas, Distrito Capital.
Fuente: Del Campe.net

PERIODO CONTEMPORÁNEO (1958-2017): 
En los tiempos de la democracia

Los tiempos más recientes nos han aportado otras edificaciones no menos significativas. Su gran escala y diversidad de servicios dentro de los que se integran instalaciones para grandes funciones tales como salones de fiesta, de conferencias, convenciones, exposiciones, cines, teatros y auditorios, instalaciones deportivas como gimnasios, canchas de tenis, piscinas, campos de golf, además de restaurantes de gastronomía diversa y locales comerciales, entre otros, develan las demandas de los modos de vida contemporáneos. Junto a los aspectos de índole funcional, la arquitectura tiende a asumir un carácter cada vez más monumental, implementando formas audaces y desafiantes mediante escalonamientos, fragmentaciones y superposiciones, recurriendo a sistemas constructivos que conjugan aporticados de concreto armado con lujosos materiales en los acabados. El auge económico de entre mediados de las décadas de 1960 y 1970 y las políticas derivadas del proceso de sustitución de importaciones actúan como incentivo para la instalación de nuevos hoteles por parte de cadenas hoteleras internacionales, que en algunos casos se alían con el Estado venezolano o en otros con  empresarios privados nativos. Sin embargo, aunque es una etapa prolífica desde un punto de vista cuantitativo, no siempre los resultados han sido cualitativamente valiosos desde un punto de vista arquitectónico. 

A pesar de ello, merecedores indiscutibles de inclusión en los inventarios del patrimonio cultural edificado por sus cualidades urbanas, formales, espaciales y constructivas de esta época son el “Hotel Intercontinental Tacarigua” (1967) de la ciudad de Valencia, estado Carabobo, entidad que se perfilaba como epicentro de la actividad industrial en la región centro norte costera y el “Hotel Santo Tomé” o “Intercontinental Guayana” (1968-1870), promovido por capital mixto de la Corporación Venezolana de Guayana y la cadena Intercontinental, proyectados ambos por el arquitecto Martín Vegas Pacheco, (Arquitectura Venezuela, s.f.).

Figura 21: Hotel Intercontinental Tacarigua, Valencia, Estado Carabobo.
Fuente: Del Campe.net

Siguiendo esta senda, el crecimiento económico sostenido de la primera década de la democracia lega en Caracas bajo iniciativas tanto estadales como privadas primeramente el “Caracas Hilton” (1966-1969), iniciado como edificio residencial por el Centro Simón Bolívar, dentro de la transformación de la otrora urbanización caraqueña El Conde, bajo el nombre "Conjunto residencial el Conde", diseñado por el arquitecto José Joaquín Álvarez, readecuado sobre la marcha para la función hotelera por la firma Díquez, González y Rivas y entregado en concesión a la cadena Hilton Internacional. Poco después se levantan el “Holiday Inn Caracas” (1969-1974), actual hotel “Paseo Las Mercedes”, con proyecto del arquitecto James Alcock y poco después de éste se emprende el magno desarrollo del “Centro Ciudad Comercial Tamanaco” CCCT (1972-1976) en terrenos de Chuao, Caracas, proyectado por los arquitectos Diego Carbonell y Chris Ramos, en cuya segunda etapa se abre el homónimo hotel CCCT (1983) (Arquitectura Venezuela, s.f.).

Figura 22: Hotel Caracas Hilton, actual Alba Caracas, Caracas, Distrito Capital.
Fuente: Del Campe.net

En el interior de la república se proyectan los hoteles “Meliá Puerto La Cruz” (1974) diseñado por la firma Lampo & Lampo Asociados y casi a la par, en el litoral central, siguiendo la pauta, el flamantísimo hotel “Meliá Caribe” (1972-1975), en Caraballeda, estado Vargas, competitivo vecino del Macuto Sheraton de la etapa precedente,  proyectado por los arquitectos Moisés Benacerraf y Carlos Gómez de Llarena en equipo con el arquitecto español Eleuterio Población Knappe (Arquitectura Venezuela, s.f.). Hacia el occidente se proyecta el “Jirahara” (1972-1974) en Barquisimeto, estado Lara, administrado durante años por la cadena Hilton Internacional como “Barquisimeto Hilton”, proyectado por los arquitectos Jimmy Alcock y Manuel Fuentes Madriz. Hacia el oriente, en Lechería estado Anzoátegui, la empresa INPROTUR S.A. propiedad de Oscar Vila Masot emprende el “Hotel Doral Beach” (1976-1980), una de las primeras experiencias tipo Resort en el Complejo Turístico el Morro, diseñado por los arquitectos Gastón González, Manuel Padilla y Benny Benach, además del ingeniero Martín Meiser (Idem.). Poco después se inicia en Porlamar, estado Nueva Esparta, el Hotel “Margarita Concorde” (1979), concebido como un complejo liderado por una torre de 24 pisos con 320 habitaciones, diseñado por el arquitecto Miguel Ángel Pietri  (Idem.).

Figura 23: Hotel Meliá Puerto La Cruz, Estado Anzoátegui.
Fuente: Del Campe.net

En la década siguiente, ya en los albores del fin de siglo luego de que se fundara en el país la empresa Eurobuilding Internacional C.A., se emprende en Caracas el primer edificio de la cadena española Eurobuilding en Venezuela, el “Eurobuilding Hotel & Suites Caracas” (1982-1990), proyectado por la  firma hispana Eurobuilding Internacional C.A., (Eurobuilding Hotels, s.f.) dentro de la cual se contratan los servicios profesionales de arquitectos locales como Nicolás Sidorkovs para el diseño y ambientación de determinados sectores del ambicioso complejo. Esta cadena con diversas afiliaciones ha extendido su funcionamiento por todo el territorio nacional generando en años recientes nuevas edificaciones en las ciudades de Maiquetía, Maracay, El Tigre, Guayana, Barinas y Coro (idem.) bajo el perfil del hotel de negocios.  

De igual forma se sumaron a la lista durante las últimas décadas del pasado milenio el edificio de la cadena Hilton en el estado Nueva Esparta, el “Margarita Hilton” (1989), tercero de la cadena internacional en el país, promovido en el marco de la Cumbre de Jefes de Estado de América Latina. Fue proyectado por el arquitecto Julio Volante. Pocos años después fue sometido a una ampliación (1993), consistente en el agregado de una nueva torre de suites ejecutivas y áreas sociales recreacionales, proyectada por los arquitectos Julio Maragall, Mauricio Castro y Ubaldo Taconelli, con proyecto de paisajismo del arquitecto Fernando Tábora e ingeniería de Martín Arnal (Arquitectura Venezuela, s.f.). 


Figura 24: Hotel Margarita Hilton, Estado Nueva Esparta.
Fuente: Del Campe.net

Al anterior se añaden en la década de 1990 dos importantes conjuntos hoteleros. El primero fue el complejo “Lagunamar Resort” (1989-1990), emplazado al poniente de Juan Griego, proyectado por el arquitecto Carlos Gómez de Llarena, siendo una de las primeras experiencias de propiedad vacacional compartida (Arquitectura Venezuela, s.f.). El segundo fue el “Hotel Isla Bonita de Margarita” (1994), ubicado al norte de la entidad, en el valle de Pedro González, promovido por la fundación Española ONCE (Organización Nacional de Ciegos Españoles) y operada por la cadena Confortel, quien la cede a la cadena Occidental, que a su vez la vende a la cadena Hesperia, cambiando entonces de nombre por “Hotel Hesperia Isla de Margarita”. El monumental conjunto de planta en T fue diseñado por el arquitecto español José Muñoz, con desarrollo y aval venezolanos por parte del arquitecto Folco Riccio y su firma Riccio Arquitectura & Ingeniería, supervisión de obras por el arquitecto César Andrés Sellito y paisajismo de la firma Alcalá & Asociados (Idem.).

Las últimas tres décadas, incluyendo las dos que transcurren del presente milenio ha aportado por parte de la iniciativa privada nuevas edificaciones en las principales ciudades del país, desarrollando redes hoteleras de la mano tanto de cadenas nacionales como Lidotel, de la firma “Constructora Sambil” como extranjeras a cargo de los consorcios Stauffer, Four Seasons, Hesperia, y más recientemente Marriot, Renaissance y Pestana.

La línea de hoteles promovidos por Constructora Sambil, bajo el standard de Hotel Boutique,  se inició con la experiencia del “Lidotel Centro Lido Caracas” (2008), integrante del conjunto comercial “Centro Lido”(1989-1996), proyectado por la arquitecta Celina Bentata, modelo exitoso del binomio integrado entre el “shoping center” y el “hotel ejecutivo, que será replicado en las experiencias ulteriores. En orden cronológico continúan el “Lidotel Valencia” adjunto al centro comercial Sambil Valencia (2000), proyectado por los arquitectos David Gabay y Francisco Astorga, Lidotel San Cristóbal, integrante del centro comercial Sambil San Cristóbal (2006) ideado por la arquitecta Helena Trota; Lidotel Barquisimeto  también concebido como parte del centro comercial Sambil Barquisimeto (2008), proyectado por David Gabay y el “Lidotel Paraguaná” (2009-2010), en Punto Fijo, ubicado en una de las alas del conjunto “Ciudad Turística Sambil Paraguaná”, forjado por los arquitectos Ilana Becquer, Angy Avendaño y Rafael Pernía. Este conjunto fue laureado con el premio “Oro a la Excelencia en el Desarrollo Innovador” otorgado por el “Internacional Council of Shopping Centers” –ICSC- (Quintero, 2012, abril 26). En el caso del centro comercial Sambil Maracaibo (2004), proyectado al igual que el de Barquisimeto y Valencia por David Gabay, se planteó entre 2010 y 2011 añadir un hotel al núcleo original, que no lo contemplaba; no obstante, a la fecha éste no se ha concretado (Constructora Sambil, 2017).

Dentro de las experiencias de cadenas internacionales una obra que merece destacarse de las décadas recientes es la construcción del Stauffer Maturín (1995) en la ciudad homónima, incentivado por la expansión de la apertura petrolera en esta ciudad del oriente venezolano. Proyectado por el arquitecto Domingo Acosta, representa la segunda edificación hotelera de esta cadena internacional después de la iniciativa pionera levantada en Valencia (Arquitectura Venezuela, s.f.).

A comienzos del nuevo milenio, otro hotel significativo más por sus dimensiones y emplazamiento, que por su arquitectura, significó el antiguo hotel de la cadena “Four Seasons” en Altamira, actual “Hotel Caracas Palace” (2001). Fue concebido por el estudio norteamericano de arquitectura “Grupo Arquitectónica”, en equipo con la arquitecta Vivian Dembo, quien desarrolla el proyecto conforme  a las exigencias locales y la firma de ingeniería estructural C&S Castellón y Steiner (Idem.).

Respecto a la cadena Marriot, el primer hotel de esta firma construido en Venezuela fue el JW Marriott Caracas (2002), localizado en la urbanización El Rosal. El complejo, conformado por dos torres fue diseñado por la Oficina de Arquitectura HAP dirigida por el arquitecto Héctor Arévalo Power (Arquitectura Venezuela, s.f.), quien posteriormente proyecta para la misma cadena dentro de la línea VIP Reinassance,  el “Renaissance La Castellana” (2009), al que se sumará un tercer conjunto actualmente en ejecución en la misma urbanización. Además de las propuestas de Marriot, otro de los hoteles más recientemente construidos en Caracas es el “Pestana Caracas Premium City & Conference” (2008), proyectado por el arquitecto Enrique Feldman Katz (Peñalver, 2017) para el grupo hotelero Pestana, de origen portugués. El edificio fue concebido originalmente para el uso residencial como parte de un conjunto formado por dos torres, de las cuales la del lado norte fue adquirida por la cadena hotelera siendo rehabilitada para este nuevo uso.

En relación al Estado, durante la última década se han iniciado por parte del Ministerio del Poder Popular para el Turismo -Mintur-, en alianza con otras entidades gubernamentales el rescate, de algunas edificaciones tales como los antiguos hoteles "Guaicamacuto Sheraton", "Meliá Caribe", "Venetur Alba Caracas" (antiguo "Caracas Hilton") y el "Hotel de Golf Maracay", además del "Hotel Humboldt", mediante procesos de rehabilitación en unos casos y de restauración en otros, dentro de los cuales se sitúa este último.

CONCLUSIONES
 
El patrimonio edificado vinculado con la actividad turística, envuelve una compleja red de programas y tipos edificados en los que convergen tanto los servicios de alojamiento, como los sistemas de transporte y comunicación que hacen posible el desplazamiento. A través del tiempo se fueron proyectando y construyendo infraestructuras y edificaciones en ambos tópicos, que en la actualidad integran las listas del patrimonio edificado nacional. Muchas han desaparecido, otras se conservan, las que más con serias deficiencias conservativas, generalmente más por la escasa valoración que se les otorga, que deviene en la desatención y ausencias presupuestarias para su conservación y puesta en valor. Edificios de los siglos XIX, como las sedes de las casas comerciales y los  primigenios hoteles decimonónicos, a los que se suman los hoteles del periodo gomecista y los de las etapas modernas e incluso la contemporánea, claman en buena parte por atención.

La obsolescencia técnica de sus servicios e instalaciones y la caducidad de los lenguajes arquitectónicos, aunados a la escasa valoración que en casos se otorga a algunos de estos edificios, en particular en aquellos que se han mantenido activos durante décadas, son factores que amenazan con su olvido y total abandono; en muchos casos en miras a ser sustituidos por nuevas edificaciones o a transformar en tal grado su arquitectura, que pudieran borrar precisamente parte de los valores por los cuales se les reconoce en su gran mayoría como Bienes de Interés Cultural, o si no, los menos, como Monumentos Históricos Nacionales. Cada uno de ellos individualmente y en su conjunto, son dignos testigos del devenir de la actividad turística a través del tiempo, y aunque en el presente, nuevos edificios o adiciones puedan superar aspectos como la capacidad operativa o los servicios ofrecidos en miras a la reclasificación hotelera, estas soluciones, al no ser concebidas desde el criterio conservativo de la herencia cultural, generalmente sacrifican los valores históricos, estético arquitectónicos y simbólicos acumulados por dichos inmuebles.

Se conoce de planes en proceso para la intervención de varios hoteles de las fases moderna y contemporánea, dentro de los que figuran los antiguos hoteles "Guicamacuto Sheraton", "Meliá Caribe", "Venetur Alba Caracas" (antiguo "Caracas Hilton") y "Hotel de Golf Maracay", después de años de abandono. Es importante destacar que el abordaje de sus intervenciones debería ser concebido como un riguroso proceso de restauración, acompasado de la readecuación respetuosa y la puesta en valor; nunca bajo la premisa de la remodelación o la simple rehabilitación técnica. Todo ello en miras a garantizar la permanencia de los valores  por los cuales se les reconoce como bienes integrantes del Patrimonio Cultural Venezolano, lo cual no está reñido con la actualización  técnica de las instalaciones y la reorganización de las funciones en los espacios, si se realiza de manera rigurosa y metódicamente abordada.

No obstante, en ese contexto dos edificios merecen mención especial por representar las antípodas del estado de conservación, punto de partida primordial para garantizar la sustentabilidad. Uno en muy malas condiciones, el "Hotel Miramar" en Macuto, en delicado estado conservativo y en riesgo de ruina total; otro muy bueno, de manera optimista, después de superada una larga etapa de desidia y abandono, el "Hotel Humboldt" en El Ávila, en fase avanzada de un proceso de restauración y puesta en valor, caso que puede servir de modelo a lo que se logra alcanzar cuando las voluntades políticas, técnicas y poblacionales se suman en pos de satisfacer un mismo objetivo, que esperamos pronto pueda terminar de dar sus frutos, en miras a estimular el turismo, como recurso ineludible para sembrar el petróleo.

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