INTRODUCCIÓN
Este 18 de abril, como todos los años desde 1984, para conmemorar el Día Internacional de los Monumentos y Sitios, el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios propone un tema de discusión y difusión. Este año, 2026 el tópico formulado es la “Respuesta de emergencia para el patrimonio vivo en contextos de conflictos y catástrofes", un tema de absoluta vigencia y pertinencia en el contexto mundial contemporáneo, caracterizado por múltiples focos de conflictos bélicos, por un lado, y de episodios de cataclismos por otro, desencadenados por los procesos del cambio climático y su afectación a sitios que presentaban otras condiciones meteorológicas.
En este contexto se vuelven a poner en relevancia los postulados de la “Convención para la Protección de los Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado” y el “Reglamento para la aplicación de la Convención”, adoptada el 14 de Mayo de 1954, en La Haya, Países Bajos, entrada en vigor el 7 de agosto de 1956, en conformidad con lo que planteaba su Artículo 33. En este caso la Convención se volcaba más a la protección de los bienes culturales tangibles o materiales de diverso tipo, tal como lo especificaba en su artículo 1:
“Para los fines de la
presente Convención, se considerarán bienes culturales, cualquiera que sea su
origen y propietario:
a) Los bienes, muebles o
inmuebles, que tengan una gran importancia para el patrimonio cultural de los
pueblos, tales como los monumentos de arquitectura, de arte o de historia,
religiosos o seculares, los campos arqueológicos, los grupos de construcciones
que por su conjunto ofrezcan un gran interés histórico o artístico, las obras
de arte, manuscritos, libros y otros objetos de interés histórico, artístico o
arqueológico, así como las colecciones científicas y las colecciones
importantes de libros, de archivos o de reproducciones de los bienes antes
definidos;
b) Los edificios cuyo
destino principal y efectivo sea conservar o exponer los bienes culturales
muebles definidos en el apartado a., tales como los museos, las grandes
bibliotecas, los depósitos de archivos, así como los refugios destinados a
proteger en caso de conflicto armado los bienes culturales muebles definidos en
el apartado a.;
c) Los centros que
comprendan un número considerable de bienes culturales definidos en los
apartados a. y b., que se denominarán «centros monumentales» (UNESCO, 1954).
No obstante,
el espíritu de la línea temática a conmemorar en este caso se enfoca más en el
patrimonio inmaterial o intangible, que de igual forma se puede ver duramente
afectado tanto en situaciones bélicas, como en catástrofes naturales. ICOMOS, a
partir de los argumentos y definición que la UNESCO plantea y atribuye al
patrimonio vivo, amplía su consideración involucrando todos los tipos de
patrimonio, considerando que al final, es la humanidad viva, a través de sus
diversas culturas la que crea y difunde todas las manifestaciones del
patrimonio Cultural:
“¿Qué es el «patrimonio vivo»?”, la UNESCO define el «patrimonio vivo» como «las tradiciones orales, las artes escénicas, las prácticas sociales, los rituales y las fiestas, los conocimientos y las prácticas relacionados con la naturaleza y el universo, así como los conocimientos y las habilidades relacionados con la artesanía»”. (ICOMOS, 2026).
En su labor,
el ICOMOS entiende que el «patrimonio vivo» abarca y se interrelaciona con todas
las dimensiones del patrimonio: material, inmaterial y natural. A partir de
ello, ICOMOS abre una serie de interrogantes en miras a fomentar la reflexión
en el contexto temático de la jornada del Día Internacional de los Monumentos y
Sitios de 2026:
“¿Cómo pueden los profesionales del patrimonio, las comunidades, las instituciones y los responsables de la toma de decisiones a todos los niveles responder mejor a estos desastres y conflictos que afectan al patrimonio vivo? ¿Qué papel pueden desempeñar colectivamente y qué necesitan para ser eficaces en esa labor?” (ICOMOS, 2026).
Por otro lado, el tópico planteado para conmemorar el Día Internacional de los Monumentos y Sitios el año pasado, 2025, enfocado en “El patrimonio amenazado por desastres y conflictos: preparación y lecciones aprendidas de 60 años de actuación del ICOMOS” (ICOMOS, 2025), encuentra continuidad en el del año en curso, ya de una forma operativa, directa y emergente, ante la gravedad de los episodios en curso en muchos puntos del planeta. Este año, 2026, el Día Internacional de los Monumentos y Sitios se focaliza en “la respuesta de emergencia en la conservación del patrimonio afectado por desastres y conflictos” (ICOMOS, 2026), lo cual implica asumir también la protección de los grupos humanos, que en definitiva son los que construyen el patrimonio en sus diversas expresiones, tangibles e intangibles
Como refiere
la presentación que la ONG formula sobre el tema, ambos tópicos se insertan en
el “Plan Científico Trienal”, trazado por ICOMOS como línea de investigación y
de acciones por desarrollar, para el trienio 2024-2027. Este “articula su labor
en torno al tema «Patrimonio resiliente ante desastres y conflictos:
preparación, respuesta y recuperación». Como se puede estimar, la “respuesta de
emergencia”, planteada por ICOMOS tiene rasgos singulares, según se puede
interpretar del texto publicado como parte de los argumentos conmemorativos del
día:
“La respuesta de emergencia no es una intervención aislada, sino una parte integral del ciclo más amplio de gestión del riesgo de desastres, que garantiza que las acciones de emergencia respalden la resiliencia sin predeterminar los resultados a largo plazo. Este enfoque abarca una amplia gama de iniciativas, desde la promoción y el análisis hasta la acción sobre el terreno en materia de prevención, mitigación, preparación, respuesta de emergencia y recuperación. En conjunto, estos esfuerzos buscan salvaguardar el «patrimonio vivo» y las comunidades que lo sostienen en tiempos de crisis” (ICOMOS, 2026).
Según reitera ICOMOS Internacional, todas las acciones que se emprendan en esta dirección se alinean con el “desarrollo y la aplicación continuos de los textos doctrinales del ICOMOS, incluida la futura «Carta sobre la preparación para la respuesta de emergencia ante desastres y conflictos que afectan al patrimonio cultural» (ICOMOS, 2026). El compendio de acciones planteadas en el marco del IDMS 2026 culminarán de forma protocolar en el desarrollo del Simposio Científico, que acompañará como siempre la congregación de la Asamblea General del ICOMOS de este año, a ser celebrada en la ciudad de Sarawak, en Malasia, entre el 17 y el 24 de octubre de 2026. El tema específico propuesto para el simposio es “Patrimonio Vivo: Respetar – Potenciar – Aceptar – Colaborar”, tetralogía de acciones que procuran reunir esfuerzos en pro de lograr el objetivo de salvaguardar, proteger y rescatar en caso de riesgos o amenazas potenciales o reales, al patrimonio vivo, es decir, a los grupos humanos y sus manifestaciones culturales, tangibles e intangibles.
EL CASO VENEZOLANO:
Vinculado ampliamente con el tema se sitúa el caso venezolano, tanto por el ámbito de los conflictos de naturaleza sociocultural y política, como por las catástrofes naturales, que han sacudido al país de manera graneada pero reiterada. Ambas situaciones se han presentado en el territorio venezolano en el lapso de las dos últimas décadas, por lo que constituyen una amenaza real sobre el patrimonio vivo y todas las manifestaciones culturales asociadas con este, tanto en cuanto al patrimonio tangible mueble e inmueble, como al patrimonio intangible integrado por las tradiciones, las festividades, los oficios artesanales, la gastronomía, entre otros, así como a los escenarios naturales donde hacen vida.
A.- LAS AMENAZAS PRODUCTO DE LA SITUACIÓN SOCIOECONÓMICA Y POLÍTICA
Con respecto al primero, la inestable situación política actual, aunada al difícil contexto socioeconómico que venía agravándose desde hace más de una década, ha desencadenado un progresivo fenómeno de diáspora poblacional, donde los grupos comunitarios y familiares se han ido separando y segregando, dispersándose hacia muchos otros países, en busca de encontrar mejores condiciones de vida, o como mínimo, alternativas de supervivencia. En los destinos escogidos para tal dispersión han influido las referencias de potenciales opciones laborales con mejor remuneración y condiciones sociales y sanitarias, así como los orígenes generacionales de muchas familias, que a su vez desde al menos el pasado siglo XX, cuanto no del XIX, de manera análoga se habían radicado en Venezuela, encontrando mejores condiciones de vida, en el contexto de las postguerras, por parte de los países europeos y asiáticos, y de las graves y prolongadas etapas de carestía económica, presentes en algunos países latinoamericanos.
Figura 1: Grupos masivos de venezolanos en diáspora. (Iannucci, 2018).
Este proceso migratorio, tanto de familias nativas, como de otras de orígenes remotos foráneos, ha causado un debilitamiento de ciertas actividades culturales tradicionales, que se habían generado a partir de la fusión entre las étnicamente autóctonas, y las derivadas del mestizaje característico del continente americano, desde los tiempos del periodo hispánico, a partir del siglo XV. Es decir, se han visto mermadas o disminuidas a raíz de la escasez de recursos para la continuidad de tales prácticas, y de la progresiva reducción poblacional, agravada sobre todo por la fragmentación de los grupos familiares y su dispersión hacia diversos países.
Este fenómeno ha sido estudiado acuciosamente por una loable iniciativa, gestada en el año 2014 en la ciudad de Miami, en los Estados Unidos de Norteamérica, por un grupo de profesionales venezolanos, que sensibilizados por experimentar en carne propia las consecuencias del desarraigo, iniciaron un proyecto de investigación y colaboración, nominado “Observatorio de la Diáspora Venezolana”, devenido en una organización no gubernamental, que ha establecido incluso convenios de investigación con la Universidad Central de Venezuela. El “Observatorio” apunta que “la diáspora venezolana supera los 9 millones de personas, distribuidas en más de 500 ciudades y 1.500 municipios. Este movimiento humano ha transformado las fronteras del país, creando una presencia transnacional sostenida por ciudadanos, comunidades y organizaciones venezolanas” (Observatorio de la Diáspora Venezolana, 2026a).
El Observatorio de la Diáspora Venezolana (ODV), ya devenido en institución, desarrolló este mismo año de 2026, entre el 3 de febrero y el 3 de marzo, una encuesta estadística, a partir de la cual se generó un informe que usamos como fuente de referencia cardinal para el desarrollo de esta contribución sobre el tema del Día de los Monumentos y Sitios de 2026. Según refiere el documento conclusivo del estudio estadístico, titulado Percepciones sobre la coyuntura actual y decisiones de permanencia, movilidad o retorno de la diáspora venezolana. Resultados de Encuesta”
“La migración venezolana constituye uno de los procesos de movilidad humana más significativos registrados en América Latina en las últimas décadas. Millones de personas han salido del país en distintos momentos y bajo condiciones diversas, configurando una diáspora amplia y heterogénea que hoy se encuentra distribuida en múltiples regiones del mundo. Más allá de su magnitud demográfica, esta diáspora representa también una red social, económica y cultural que conecta de forma permanente a las comunidades de origen y destino” (Observatorio de la Diáspora Venezolana, 2026b).
El informe sintetizó y analizó los resultados de la encuesta “aplicada a 1.266 personas pertenecientes a la diáspora venezolana, con el objetivo de explorar distintos aspectos de su trayectoria migratoria, su situación actual en los países de residencia y sus percepciones sobre la posibilidad de regresar a Venezuela en el futuro” (Observatorio de la Diáspora Venezolana, 2026b).
El objetivo del estudio fue explorar las percepciones, condiciones de integración y expectativas de retorno de las personas venezolanas residentes en el exterior. El estudio fue de tipo exploratorio de carácter descriptivo, siguiendo como metodología, una encuesta en línea autoadministrada y un tipo de muestreo no probabilístico por conveniencia. La población participante estuvo constituida por personas venezolanas, mayores de 18 años, residentes en el exterior. En virtud de ello, el informe conclusivo expresa:
“Los primeros resultados muestran una muestra compuesta mayoritariamente por personas adultas con altos niveles de formación educativa, donde cerca del 66% posee estudios de posgrado o educación universitaria completa, lo que refleja el importante capital humano presente en esta diáspora. Asimismo, la distribución por edad evidencia una concentración significativa en los grupos entre 50 y 69 años, que en conjunto representan casi la mitad de las personas encuestadas. La alta participación de personas en edades medias y avanzadas no es un dato menor, ya que estos grupos suelen desempeñar roles activos en la conducción de organizaciones, redes comunitarias y procesos de articulación en los países de acogida, lo que sugiere un alto nivel de conexión e involucramiento con las dinámicas sociales y organizativas de la diáspora”. (Observatorio de la Diáspora Venezolana, 2026b).
Por otro lado, la encuesta permitió precisar cronológica y geográficamente la tendencia de dicho proceso migratorio, en cuanto a los tiempos de mayor actividad y los lugares de destino escogidos para la transferencia y asentamiento:
“En cuanto a las trayectorias migratorias, los datos indican que alrededor del 70% de las personas salió de Venezuela entre 2015 y 2025, lo que confirma el peso de las olas migratorias más recientes vinculadas al deterioro de las condiciones económicas, políticas y sociales del país. En términos geográficos, la mayoría reside actualmente en América Latina y el Caribe (37,2%) y España (29%), seguidos por Estados Unidos, Canadá y otros países europeos” (Observatorio de la Diáspora Venezolana, 2026b).
La iniciativa, no obstante, no se ha limitado a estudiar el fenómeno, sino a contribuir con la búsqueda de soluciones, tanto emergentes, como a mediano y largo plazo. Además, el Observatorio “mantiene un monitoreo permanente de esta expansión, integrando datos, investigación y comunidad para comprender y acompañar el fenómeno migratorio” (Observatorio de la Diáspora Venezolana, 2026a). Entre las actividades que viene desarrollando, ha invertido en la formación de líderes migrantes, mediante capacitaciones y mentorías para fortalecer el liderazgo comunitario; el fortalecimiento de organizaciones, mediante el suministro de apoyo técnico y estratégico a ONGs y redes de migrantes, así como en el desarrollo de trabajos de investigación y publicaciones, enfocados en la obtención de datos, y el fomento de estudios y reportes influyentes sobre las políticas públicas.
Entre los proyectos desarrollados y en curso, de diversa naturaleza se pueden referir, varias líneas temáticas. Unas asociadas con disciplinas como la Sociología y la Psicología, otras asociadas con las Ciencias Políticas, otras vinculadas directamente con el perfil de la Educación y la Cultura, en sus diversos frentes, y finalmente, otras acciones coligadas con las Ciencias Ambientales.
Con respecto al primer grupo relacionado con la Sociología y la Psicología, podemos referir como inicio, sostener Agendas Sociales Compartidas; el desarrollo del Proyecto de Psicología Migratoria, en convenio con la Universidad Central de Venezuela, en pro de la sensibilización y formación en migración y salud mental, así como la convocatoria de un Congreso de Sociología celebrado en 2025, sobre resiliencia venezolana y ciudadanía global (Observatorio de la Diáspora Venezolana, 2026c).
Con respecto al segundo grupo, conexo con las Ciencias Políticas, las acciones han versado en la organización de un Encuentro sobre Conciencia Democrática, a través de un foro sobre democracia y derechos políticos en la diáspora; la elaboración de un Manual de Herramientas de Gestión, mediante un modelo práctico aplicado en 9 países y a través de 63 organizaciones; el desarrollo de un Estudio de Propensión, enfocado en la disposición al ejercicio de derechos, a través de una encuesta global; el impulso de un Estudio de Liderazgos, enfocado en el reconocimiento de distintos estilos de liderazgo y el fortalecimiento de redes; así como la preparación de un Taller con Partidos Políticos, en miras a fomentar la Inserción, regularización y derechos políticos (Observatorio de la Diáspora Venezolana, 2026c).
Con respecto al tercer perfil, asociado a las disciplinas de la Educación y la Cultura, podemos destacar actividades como el desarrollo del proyecto “Inglés para Migrantes”, mediante convenio, entre el Observatorio de la Diáspora Venezolana (ODV) y el Centro Venezolano Americano (CVA), con el objetivo de lograr la formación lingüística en miras a la integración laboral y cultural de los potenciales emigrantes;, así como la organización de un Observatorio de Juventudes Migrantes, enfocado en fomentar el liderazgo juvenil y la interculturalidad (Observatorio de la Diáspora Venezolana, 2026c).
Con respecto al cuarto tópico, vinculado con materias enmarcadas en las Ciencias Ambientales, la ejecución del Video–Foro “Orinoco”, enfocado en la sensibilización internacional sobre la crisis ambiental, aspecto que a su vez se asocia con el otro frente que abarca el tema del presente Día de los Monumentos y Sitios, así como el desarrollo del Programa Andino, gestionado directamente a través del ODV, enfocado en la Investigación y formación regional del entorno de los países andinos, uno de los territorios mayormente cotizados como primera llegada de muchas familias, por su proximidad geográfica y la conexión por vía terrestre (Observatorio de la Diáspora Venezolana, 2026c).
El hecho, es que el fenómeno de la diáspora, por un lado, y las potenciales intervenciones de otros países, ideológicamente enfrentados, por otro, unos más temprano, otros más tarde, tanto en las actividades sociopolíticas, como en las económicas, mediante las cuales han obtenido beneficios de la tragedia venezolana, ha constituido una absoluta amenaza y agresión sobre el patrimonio vivo del país y sus diversas expresiones sociales, culturales y simbólico-religiosas.
Algo que se ha podido apreciar es que el fenómeno de la diáspora no afecta solamente a los contingentes que han emigrado, sino también a los que permanecen en el país, que en muchos casos denotan y en otros hasta connotan, de forma superlativa, una especie de resentimiento y desazón, ante los logros alcanzados en los países de destino, por los ciudadanos que han emigrado, tanto en los aspectos laborales y económicos en los casos que viajaron en busca de nuevas fuentes laborales, como académicos, en los casos que buscaron desarrollar nuevos estudios, desde iniciar estudios de pregrado por parte de bachilleres, recién egresados, en unos casos, hasta desarrollar estudios de postgrado en sus diversos niveles, aunque el objetivo inicial de estos no fuese permanecer el resto de sus vidas en tales lugares de destino. Por el otro lado, los ciudadanos emigrados viven en su mayoría con una permanente nostalgia, sobre el poder retornar al país, repensando el país que dejaron y al que se encontrarán después de varios años de distanciamiento.
Esta situación o problemática, de índole sociológico-antropológica se dio a la inversa durante el siglo XX, cuando muchas familias europeas procedentes de países como España, Italia, Francia y Portugal, entre otros, emigraron a Venezuela, desencadenándose en consecuencia conflictos con los familiares y amistades que permanecieron bajo las graves condiciones de vida, políticas, socioeconómicas y sanitarias, de la Europa de Postguerra, afectando a su vez las expresiones culturales y su conservación entre la primera y segunda mitad del siglo XX.
Esto tuvo repercusión en la difusión de sus tradiciones, cuyo mayor ejemplo podemos apreciar en la apertura de centros gastronómicos, restaurantes y clubes sociales, que devendrían como lugares de reunión y encuentro de los emigrantes con sus otros compatriotas en situación análoga, donde poder seguir compartiendo sus tradiciones, celebraciones y gustos gastronómicos. Ejemplos de ello podemos encontrar en el Club Italo-Venezolano, el Centro Portugués, el Centro Asturiano, la Hermandad Gallega, el Centro Vasco de Caracas y la Federación de Centros Vascos de Venezuela, entre otros. Un lema que claramente explicita lo que planteamos, es la misión de la Federación de los Centros Vascos de Venezuela, la cual afirma que es una “Asociación Civil sin fines de lucro y apolítica que tiene como objeto el desarrollar y difundir los valores históricos y tradicionales de los pueblos que hermana” (Federación de Centros Vascos de Venezuela, 2026). Cabe reseñar aquí, que nuestro Libertador Simón Bolívar y su familia era de origen vasco, de la provincia de Vizcaya, aunque nuevas interpretaciones que los han vinculado con la provincia de Alava, también de la región vasca, pero la Federación ratifica su origen vizcaíno:
“Volviendo al origen de los Bolívar lo único que se sabe es que la rama vizcaína tuvo su casa solar, con molino y herrería desde tiempo inmemorial en una pradera del monte Oiz, valle de Ondarroa, en la puebla de Bolibar, fundada hacia el año de 968 por los señores de la Casa de este apellido. Estos construyeron a sus propias expensas en la citada puebla, en el siglo X, la iglesia parroquial de Santo Tomás Apóstol, con altares a Jesús Crucificado, San Joaquín, Santa Ana y Santo Tomás, con la condición expresa de indemnizarse con los diezmos y el patronato perpetuos.” Evidencia fehaciente de las raíces Andikis del Libertador” (Federación de Centros Vascos de Venezuela, 2026b).
Este es otro ejemplo, por demás simbólico para los venezolanos, de cómo los procesos migratorios y de diáspora no son exclusivamente fenómenos contemporáneos, sino que han acompañado a la humanidad desde sus orígenes, fomentando, no siempre la destrucción de las raíces culturales de unos pueblos u otros, es decir, de los nativos receptores por un lado, o de los contingentes inmigrantes, por otro, sino que en ocasiones, ha desencadenado procesos de hibridación o mestizaje que han enriquecido o alimentado los rasgos de todos. Sucedió desde la Antigüedad con la relación presente entre griegos y romanos, y así entre otras muchas culturas.
Esto puede alcanzar en ciertos casos, un carácter tan laudable, al grado de que la UNESCO, en las Directrices prácticas actualizadas en 2019, para la aplicación de la Convención del Patrimonio Mundial de 1972, considera este aspecto dentro de los 10 criterios de Valor Excepcional para inscribir un bien en la Lista de Patrimonio Mundial. Podemos encontrarlo asociado a dos criterios. Por un lado, en el criterio II, el cual lo justifica cuando el sitio cumple con “atestiguar un intercambio de valores humanos considerable durante un periodo concreto o en un área cultural del mundo determinada, en los ámbitos de la arquitectura o la tecnología, las artes monumentales, la planificación urbana o la creación de paisajes” (Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO, 2019, p. 28). De igual forma también lo podemos considerar relacionado con el criterio V, el cual considera que un bien puede ser inscrito al “ser un ejemplo destacado de formas tradicionales de asentamiento humano o de utilización de la tierra o del mar, representativas de una cultura (o de varias culturas), o de interacción del hombre con el entorno, sobre todo cuando éste se ha vuelto vulnerable debido al impacto provocado por cambios irreversibles” (Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO, 2019, p. 28).
Circunstancias como estas
explican reacciones que se pueden considerar positivas, cuando los grupos
culturales emigrados por iniciativa propia, al igual que sucedió con las
comunidades europeas trasladadas y arraigadas en Venezuela en la segunda mitad
del siglo XX, transponen sus tradiciones y las siguen desarrollando en los
lugares a donde se han asentado, dentro de los límites posibles y respetando
las tradiciones y legislación de los lugares de acogida.
Un ejemplo ostensible
tenemos en la traslación y desarrollo de la tradición de la Virgen del Valle de
la isla de Margarita, en la ciudad de Madrid, a través de la Cofradía de
Nuestra Señora del Valle del Espíritu Santo de Madrid, que, en palabras de
Kary Fabiana Prieto S., hermana Mayor de la Cofradía, refleja claramente los
sentimientos que lo promueven: “Como bien sabemos, nuestra Cofradía hunde sus
raíces en la tradición, la fe y el compromiso de generaciones que han mantenido
viva esta advocación, especialmente entre quienes llevamos a Margarita y al
estado Nueva Esparta en el alma, aun estando lejos de nuestra tierra. En
Madrid, seguimos cultivando esa herencia con el mismo fervor, fortaleciendo la
unión entre hermanos y acercando nuestras tradiciones a nuevas generaciones” (Cofradía
de Nuestra Señora del Valle del Espíritu Santo de Madrid, 2024).
Figura 2: Imagen de la Virgen del Valle en la Iglesia parroquial del Santísimo Cristo de la Victoria (Archidiócesis de Madrid, 2024).
Para comprender la
importancia de las tradiciones vivas y su preservación, este es un claro
ejemplo de resiliencia allende los mares, que tiene analogías con otras
manifestaciones religiosas equivalentes de origen venezolano, que al igual que
esta también han germinado nuevos focos en otros países. Con respecto a la “Cofradía
de Nuestra Señora del Valle del Espíritu Santo de Madrid”, fue una iniciativa que,
según las propias palabras expuestas en la reseña de su historia, nació “como
fruto de la fe viva de un pueblo que, aún lejos de su tierra, ha mantenido
intacta su devoción a la Virgen del Valle, Madre y Protectora del oriente
venezolano. Esta historia de amor filial se enraíza en la llegada a España de
la comunidad venezolana, marcada por la emigración y las dificultades sociales
y políticas de su país de origen, encontrando en Madrid un lugar de acogida
donde su fe pudo florecer y organizarse de manera estable” (Cofradía de Nuestra
Señora del Valle del Espíritu Santo de Madrid, 2026a).
La génesis de la cofradía se
originó en 2019, cuando un grupo de fieles comenzó a congregarse, inicialmente
en el Parque El Retiro de Madrid “con el deseo de dar forma a una devoción
pública en la capital española”, teniendo el primer encuentro el 25 de agosto
de ese año, para lo cual convocaron a través de redes sociales en miras a dar
origen a “una comunidad de oración”. Días después, el 8 de septiembre de 2019, día de celebración de la
aparición de la virgen, se celebró una multitudinaria Santa Misa en la Basílica
Hispanoamericana de Nuestra Señora de la Merced, donde se congregaron alrededor
de 1.100 fieles. Desde esa iniciativa, la comunidad perpetuó su labor enfocada
inicialmente en la ejecución de la imagen de la virgen, para lo cual cuidaron
todos los detalles de su confección, incluyendo la corona, el rosario, la cabellera
y el primer vestido, ya que la imagen al igual que la original de Margarita
sería una imagen de vestir. La réplica de la imagen fue encargada a la empresa
de imaginería Santarrufina de Madrid, y el vestido fue confeccionado por la
congregación de las Carmelitas de Clausura de Alcalá de Henares.
Concretada la imagen de la
virgen, el 4 de septiembre de 2020, fue bendecida en un acto privado, y el 8 de
septiembre del mismo año, en el contexto de las restricciones sanitarias generadas
por la pandemia, unos 2.500 fieles acudieron a venerarla en la basílica Parroquial
del Santísimo Cristo de la Victoria. Al año siguiente, luego de constituida la
asociación civil, la imagen de la Virgen del Valle fue solemnemente entronizada
en la Parroquia del Santísimo Cristo de la Victoria, el 28 de enero de 2021,
acontecimiento decisivo en su crecimiento espiritual, mediante el cual quedó formalmente
establecida su veneración pública en la vida litúrgica religiosa de la capital
de España. Entre los años 2020 y 2024, la comunidad experimentó un ciclo de consolidación,
maduración y fidelidad perseverante, alcanzando su plenitud el 25 de marzo de
2024, cuando el Cardenal de Madrid José Cobo Cano, emitió el decreto canónico
aprobando formalmente sus estatutos. A partir de entonces se constituyó como
Asociación de Fieles de la Iglesia Católica y se consolidó bajo la denominación
de Cofradía de Nuestra Señora del Valle del Espíritu Santo de Madrid (Cofradía
de Nuestra Señora del Valle del Espíritu Santo de Madrid, 2026a).
También en la ciudad de
Valencia, de España, se gestó la veneración de la Virgen del Valle, cuando un
grupo de ciudadanos, procedentes de la isla de Margarita comenzó a conmemorar a
la Virgen del Valle en dicha ciudad, mediante una imponente procesión frente a
las costas del Mar Mediterráneo.
Este es un ejemplo, como
referíamos previamente, a otros análogos asociados a las tradiciones vivas de
índole religiosa, que se fueron insertando en diversos puntos de España,
algunos incluso mucho antes del proceso crítico de la diáspora, como podemos
referir con el caso de la Patrona de Venezuela, Santa María de Coromoto, de
Guanare de los Cospes. En este caso se instaló un Altar dedicado a Nuestra
Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela, en la Iglesia Parroquial de San
Antonio, en el barrio de Cuatro Caminos de Madrid, regentada por la
congregación de los Capuchinos. La imagen actual fue instalada en mayo de 1954,
reemplazando una anterior de cartón piedra, siendo el altar consagrado el 14 de
junio de 1955, en presencia de autoridades venezolanas (Cofradía de Nuestra
Señora del Valle del Espíritu Santo de Madrid, 2026b). Eran los tiempos donde el
recorrido migratorio se daba mayoritariamente a la inversa, de España hacia
Venezuela,
Otros casos más recientes
son el del culto a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, que se conmemora
en diversos puntos de Madrid, aunque tiene sede principal en la Basílica
Hispanoamericana Nuestra Señora de la Merced, desde el comienzo de la
celebración en su honor en 2004, inspirada en la tradicional Feria de la
Chinita de Maracaibo. Este caso “con el tiempo se ha consolidado como una de
las festividades marianas más significativas organizadas por migrantes en
España. De hecho, se considera que esta puede ser la festividad en honor a una
virgen más antigua organizada por la comunidad migrante en Madrid” (Cofradía de
Nuestra Señora del Valle del Espíritu Santo de Madrid, 2026b).
De forma análoga a lo sucedido
con la virgen del Valle, en la iglesia parroquial de Santa Elena, de Madrid, en
el año 2019 se inició un proyecto de promoción de la devoción a la Divina
Pastora, que fructificó al grado de que en el 2023 se celebró una primera
procesión, con una participación aproximada de 1500 personas. Ese mismo año se
iniciaron misas sabatinas en la misma iglesia, dedicadas a la comunidad
venezolana y en 2024 se constituyó un comité con el objetivo de fomentar la
devoción y organizar actividades religiosas en su honor. Entre las iniciativas,
destacó la ejecución de una talla de la imagen de la Divina Pastora, destinada al
culto de los venezolanos en Madrid, “pero abierta a todos los devotos”, que se
quisieran sumar a su veneración.
Finalmente, podemos referir
como un último ejemplo de la práctica de tradición religiosa, la veneración que
también ha suscitado la figura de San José Gregorio Hernández Cisneros,
beatificado en 2021. A partir de entonces se celebran misas el 26 de octubre
dedicadas a su memoria en la Parroquia del Santísimo Cristo de la Victoria, de Madrid,
donde también se inició la de la Virgen del Valle.
No obstante, no solo el
patrimonio vivo a través de las prácticas simbólico-religiosas son ejemplos de
la resiliencia del pueblo venezolano en la diáspora. Es también de resaltar el
generado por un motivo más mundano o terrenal, como es el de la diseminación de
centros gastronómicos y restaurantes, en muchos de los países en los cuales se
han asentado grupos de la comunidad venezolana. Ello no solo ha solventado la
supervivencia económica laboral de sus fundadores, sino que también ha
contribuido con la diseminación de nuestras tradiciones y gustos gastronómicos
y la conquista cultural de otras sociedades con nuestros sabores, al igual que
hicieron tantos grupos occidentales, principalmente europeos y orientales o
asiáticos en Venezuela a lo largo del siglo XX.
Podemos mencionar la apertura de restaurantes enfocados en la oferta de comida criolla, tanto de carácter cotidiano o diario como la arepa, la cachapa y el tequeño, como de épocas especiales, en particular la de las festividades decembrinas lideradas por la hallaca y el pan de jamón. En Madrid y otras ciudades de España, se ha materializado, como es el caso de la cadena Arepa Olé, propiedad del venezolano Édgar Rodríguez u bajo otros nombres, pero también en Italia, en ciudades como Roma, Milán y Nápoles, en cadenas como “Caribe Bistrot” y “Arepa'z” o en ciudades de América como Santiago de Chile y Tegucigalpa.
Figura 3: Restaurante Arepa Olé en Madrid, España (Mar Pichel, 2017).
B.- LAS AMENAZAS PRODUCTO DE LA SITUACIÓN CLIMÁTICA Y AMBIENTAL
Con respecto al segundo argumento, asociado a los incidentes catastróficos desencadenados por episodios meteorológicos, se han dado episodios de extrema gravedad, como podríamos referir el catastrófico caso del deslave del cerro El Ávila, a raíz de “la vaguada” o torrenciales lluvias acaecidas en diciembre de 1999, época que solía corresponder a la estación seca, afectando dramáticamente al estado Vargas y algunos sectores del norte de la misma capital, Caracas.
A este se sumó un proceso análogo acontecido entre el 29 de julio y el 2 de agosto de 2002, reiterado en junio de 2003, en el estado Falcón, incluyendo su capital Coro, en el noroeste de Venezuela, que sufrió intensas lluvias que provocaron severas inundaciones y daños significativos. Las lluvias de Junio 2003 alcanzaron fuertes precipitaciones, que devastaron el noroeste del país, dejando un saldo de 16 muertos, entre ellos ocho niños, y numerosos desaparecidos. Sin embargo, las lluvias no solo golpearon Coro, sino que afectaron gravemente a varias zonas del estado Falcón, siendo una situación recurrente de inestabilidad atmosférica en la región. Esto se replicó en varios estados del país, teniendo sin embargo serias repercusiones sobre el conjunto urbano, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial, Coro y su Puerto La Vela, asentados en un área territorial de características naturales xerófitas, al grado de que en sus proximidades se encuentra un paisaje casi desértico, los Médanos de Coro, que no estaban preparados para enfrentar un episodio pluvial de tales características en temporalidad y cantidad. Esto trajo como consecuencia el colapso de varias estructuras de arquitectura doméstica del periodo hispánico y republicano, concebidas en función de tales rasgos medioambientales xerofíticos.
Este incremento de la pluviosidad tuvo graves consecuencias sobre su arquitectura, al grado de que, desde agosto de 2002, a petición del Presidente del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (IPC), se llevó a cabo una Misión de Monitoreo Reactivo UNESCO-ICOMOS para evaluar la gestión y estado de conservación del bien del Patrimonio Mundial. En aquella oportunidad la misión llegó a la conclusión de que “había fuertes indicios de que el sitio cumplía con los criterios de inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro”. Ante ello emitió un elenco de catorce recomendaciones para remediar la situación. El caso y su estado de conservación volvió a ser revisado por el Comité del Patrimonio Mundial en dos de sus sesiones periódicas, la 27ª y 28ª sesiones, celebradas respectivamente en 2003 y 2004, sobre la base del informe de la misión de 2002, en el primer caso, y sobre un informe presentado por el Estado Parte en enero de 2004, en el segundo caso.
El Estado Parte presentó un nuevo informe en enero de 2005. Ante este, el Comité del Patrimonio Mundial según la decisión 28 COM 15B.10, decidió que se realizara una segunda Misión de Monitoreo Reactivo UNESCO – ICOMOS, con el fin de evaluar si era pertinente la inscripción del sitio en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro. La misión, que se concretó entre el 12 y el 19 de abril de 2005, llegó a la conclusión de que el bien reunía varios criterios para su inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro, entre los cuales resaltaban:
- “Se había producido un grave deterioro de los materiales, estructuras, arquitectura coherencia urbanística y una pérdida significativa de la autenticidad histórica y de la integridad;
- Había una falta, de una eficaz y consolidada estructura de gestión; los bienes del Patrimonio Mundial no se manejaban como una entidad integrada y no había un plan de conservación” (UNESCO. Comité de Patrimonio Mundial, 2008).
Como consecuencia de ello, el Comité del Patrimonio Mundial examinó el estado de Conservación del sitio en su Sesión 29ª, acaecida en 2005, decidiendo finalmente inscribir a Coro y su Puerto en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro, situación que continúa hasta el presente, con el agravante de la pérdida de algunas otras estructuras, a pesar de los esfuerzos que se efectuaron en 2006 para crear la Oficina Técnica de Atención a la Emergencia (OTAE), generar el “Plan Integral para la Conservación y Desarrollo de Coro, La Vela y sus áreas de influencia, PLINCODE” (UNESCO. Comité de Patrimonio Mundial, 2008), así como el inicio de proyectos y obras de restauración de un nutrido número de edificaciones emblemáticas, integrantes de la poligonal protegida.
Figura 4: Higuerote después del temporal de 2010. (Prensa de la Gobernación
de Miranda, 2010, diciembre 1).
No obstante, a pesar de lo grave de esta situación, de igual forma se generó otro episodio similar en 2010. Esta vez afectando a toda la franja norte del país, lo que obligó a dictar un decreto de emergencia nacional, ante la cantidad de daños acaecidos. Según reseñaban los medios de comunicación de entonces:
“Un temporal activo
desde hace más de 15 días mantiene en estado de alerta a 11 de los 24 estados
de Venezuela. Al menos 31 muertos y 72.000
damnificados han dejado los derrumbes e inundaciones en lo que se
considera el noviembre más lluvioso en 40 años en el país (…)
Los estados costeros de Zulia, Falcón, Yaracuy, Carabobo, Miranda, Vargas, Anzoátegui, Nueva Esparta y Sucre, así como el Distrito Capital y el estado andino de Táchira han sido los más afectados.
La interacción de dos masas de aire, una muy seca anclada en el Caribe norte y otra muy húmeda proveniente de la Amazonía han provocado un persistente canal de inestabilidad sobre las costas venezolanas desde principios de noviembre, aunado a las bajas presiones persistentes y la interacción indirecta con los frentes fríos del Atlántico, han provocado condiciones muy húmedas con persistentes precipitaciones” (Cazatormentas, 2010).
En el año 2021, volvió a repetirse una situación análoga, afectando particularmente al estado Mérida, en los Andes venezolanos. De acuerdo con lo que referían las noticias de la época: “El número de muertos por las fuertes lluvias en el estado venezolano de Mérida (oeste) subió a 15, mientras que la cifra de desaparecidos creció hasta las 6, según informó este martes el protector regional, Jehyson Guzmán" (El Periódico de Catalunya, 2021, agosto 25).
Al año siguiente, en octubre de 2022 volvió a reincidir una situación análoga de copiosas lluvias. Según informaba el gobernador del estado Falcón, Víctor Clark en la fecha “la onda tropical número 41 ha afectado principalmente a cuatro municipios de la región, donde 115 viviendas resultaron afectadas y 135 familias se encuentran damnificadas” (Escalona, 2022) En esta ocasión los municipios Miranda (Coro), Colina (La Vela), Silva (Tucacas) y Buchivacoa (Capatárida) fueron los más críticos, y en consecuencia los priorizados para el suministro de atención primaria, el resguardo de la ciudadanía y el monitoreo constante. Para atender a las familias afectadas por las lluvias en el municipio Miranda (Coro), el gobernador Víctor Clark Boscán y el alcalde Henry Hernández habilitaron un centro de acopio y refugio temporal, en el Centro de Educación Especial Médanos de Coro, de la parroquia San Gabriel.
Figura 5: Río Coro permanece desbordado desde este jueves (Escalona, 2022).
De manera reiterada, con mayor o menor intensidad se han venido repitiendo situaciones análogas, que en algunos casos han desencadenado la mortandad de algunos habitantes de las áreas afectadas. Recientemente, desde el mes de marzo se han comenzado a desencadenar episodios de fuertes lluvias, recrudecidas en el mes en curso que tradicionalmente sí corresponde a la llamada estación lluviosa en Venezuela, solo que la intensidad en volumen y frecuencia se va incrementando sustancialmente.
De acuerdo con lo reseñado en la prensa del 8 de abril del año en curso, fuertes lluvias causaron inundaciones y fallas de servicios en varias regiones de Venezuela. Según asevera la reseña, “una de las entidades más afectadas fue el estado Portuguesa, donde las precipitaciones del martes en la madrugada provocaron anegaciones en Acarigua y Araure. La acumulación de agua, sumada a la limitada capacidad de los drenajes, afectó el tránsito en avenidas principales y dejó vehículos atrapados. Así se pudo observar en videos difundidos en las redes sociales” (El Nacional, 2026, abril 8).
El Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología había notificado oficialmente el 2 de abril, que estaba por iniciar la temporada de lluvias en Venezuela, “con pronósticos de precipitaciones variables en gran parte del país debido a condiciones atmosféricas como el aumento de humedad y la influencia de los vientos alisios” (El Nacional, 2026, abril 8). No obstante, estas fueron desmesuradas. Además de afectar copiosamente al estado Portuguesa, la prensa señalaba que “las precipitaciones se han extendido a estados como Apure, Barinas, Cojedes, Mérida, Táchira, Trujillo, Lara y Zulia”. Por ejemplo, en el estado Táchira, ubicado al suroeste del país, “en el municipio San Judas Tadeo, al menos 140 familias quedaron incomunicadas tras el colapso de una vía, mientras deslizamientos de tierra afectaron viviendas y obligaron a evacuaciones”.
Estos episodios son testimonio de los percances que también las situaciones meteorológicas causadas, bien por el llamado fenómeno del cambio climático, para algunos o, por episodios cíclicos a los que el planeta es sometido en diferentes eras, constituyen otros motivos inminentes de la necesidad de acometer acciones de emergencia para proteger tanto a los habitantes, como a los inmuebles que habitan o usufructúan para múltiples funciones tales como las gubernamentales, educativas, laborales, médico asistenciales u otras, algunos de los cuales pueden constituir o constituyen potenciales Bienes de Interés Cultural e incluso Monumentos Históricos Nacionales, de acuerdo con la legislación vigente de 1993.
En este sentido, múltiples organizaciones de carácter humanitario se han gestado para coadyuvar en los diversos episodios, unos más lejanos y otros más recientes. Entre ellas podemos referir en primer término la gestación de plataformas para la coordinación de ayuda; en segundo término, el establecimiento de agencias internacionales de corte humanitario; y, en tercer término, la fundación de organizaciones no gubernamentales (ONGs) locales y Redes de Apoyo:
En cuanto a Plataformas para la Coordinación de Ayuda destacan:
1.- Plataforma de Acción Humanitaria Nacional (PAHNAL): Esta plataforma aglutina en forma de red a más de 50 organizaciones de la sociedad civil venezolana que responden a la emergencia humanitaria en diversas áreas.
2.- Plataforma de Coordinación Inter-agencial para Refugiados y Migrantes (R4V): de manera análoga, esta plataforma agrupa a más de 200 organizaciones, entre agencias de la ONU, ONGs, y organizaciones religiosas que coordinan el Plan de Respuesta para Refugiados y Migrantes en Venezuela y la región.
En cuanto a agencias internacionales de corte humanitario con presencia en Venezuela destacan:
1.- Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), enfocado en la ayuda a personas refugiadas, solicitantes de asilo, retornados y apátridas en Venezuela, además de apoyar en fronteras.
2.- Médicos Sin Fronteras (MSF), es una agencia que brinda servicios médicos esenciales, salud sexual y reproductiva, y tratamiento contra la malaria, con presencia en estados como Anzoátegui, Bolívar y Delta Amacuro.
3.- Cáritas Venezuela, es una Organización adscrita a la Iglesia Católica, que ofrece atención médica, acceso a alimentos y nutrición, además de apoyo a la migración.
4.- La Cruz Roja (Española y Venezolana), que realiza acciones de ayuda humanitaria para facilitar el acceso a servicios de salud y cubrir necesidades básicas.
5.- El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), conocido común e internacionalmente bajo el nombre de UNICEF: es una agencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con sede en Nueva York, que provee ayuda humanitaria y desarrollo a niños y madres en países en desarrollo.
6.- El Programa Mundial de Alimentos (PMA), es otra agencia internacional constituida en pro de asegurar el apoyo alimentario de las poblaciones.
Además de estas, en el contexto venezolano se han ido gestando instituciones bajo el perfil de organizaciones no gubernamentales (ONG), entre las que podemos referir las siguientes:
1.- Centro de Investigación en Gestión Integral de Riesgos (CIGIR): es una organización no gubernamental, fundada formalmente en el año 2007, de carácter multirregional, que funciona como un espacio de promoción y soporte a proyectos interdisciplinarios y multidisciplinarios que promueven el desarrollo sostenible, con énfasis en la gestión de riesgos socio-naturales, la adaptación al cambio climático, la conservación ambiental y el desarrollo humano. En el presente constituye una red que tiene presencia en diversos países, desde la que se promueven iniciativas para el desarrollo. Estas son gestionadas desde las sedes administrativas que están ubicadas en Venezuela, Panamá, Estados Unidos y España.
El equipo fundacional del Centro de Investigación en Gestión Integral de Riesgos (CIGIR) se constituyó inicialmente en el año de 1979, cuando se conformara en Mérida, Venezuela la Comisión Especial de Asesoría para la Prevención del Riesgo Sísmico (CEAPRIS), hoy Fundación para la Prevención del Riesgo Sísmico (FUNDAPRIS) (Equipo CIGIR, 2026). La institución ha participado en 53 proyectos desde 2004, incluso antes de su oficialización. El primero estuvo enfocado en el “Apoyo al diagnóstico y caracterización estadística de la incidencia de emergencias y desastres”, en Mérida, Venezuela, el cual fue financiado por Total Oil & Gas Venezuela. El último concluido, data de 2025. Consistió en un Proyecto de Fortalecimiento Académico en Reducción de Desastres en Venezuela, desarrollado como una alianza entre la Universidad de Los Andes (ULA) y CIGIR, con financiamiento de la Agencia de Cooperación Suiza COSUDE. Aunque la lista es muy larga, se encuentra desglosada en su página web (Equipo CIGIR, 2026b).
En cuanto a los proyectos en ejecución en el presente, se encuentran en desarrollo cuatro experiencias: La primera es el “Proyecto El Tambor”, iniciado en 2025 y consistente en trabajar con las Comunidades por la recuperación del Hábitat de la vida silvestre, con sede en Mérida, financiado por Otter Fonds. El segundo es el “Proyecto Observatorio Venezolano del Riesgo de Desastres”, como alianza entre la ULA y CIGIR, financiado por CeSH-BID / COSUDE, derivado de la última experiencia de 2025. El tercero es el “Proyecto de Apoyo a la capacitación de personal de preparación y respuesta en gestión local de riesgos de desastres”, derivado de la alianza entre CIGIR-FEVESAR y CIGIR-ANGOS, con sede también en Mérida, financiado por RET NGO. El cuarto es la “Hoja de Ruta 2025-2028, en apoyo a la Gobernanza para la Reducción de Riesgos Hidro climáticos”, con sede en América Latina y el Caribe, y financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo.
2.- Meals4Hope / Te Apoyo Venezuela: Iniciativas enfocadas en el envío de alimentos y medicamentos a diferentes zonas del país. Meals4Hope surgió en 2016, cuando un grupo de amigos, preocupados por las condiciones críticas en la que vivían los niños de Venezuela, se reunieron para promocionar y apoyar proyectos comunitarios en la lucha contra el hambre y la desnutrición. Sus orígenes se ligan al sufrimiento creciente de las personas que carecían totalmente de recursos para alimentarse tanto ellos, como a sus hijos, en el contexto que se generó en Venezuela ante los elevados niveles de hambre y desnutrición, nunca vistos anteriormente en el país, los cuales fueron creciendo de manera exponencial. El origen partió de la iniciativa de una persona que sugirió recolectar fondos para arrancar y apoyar proyectos en los que las comunidades se organizaran para trabajar juntos y satisfacer sus necesidades básicas y alimentar a sus hijos; proyectos que responderían a los casos más urgentes de hambre y desnutrición. Aunque la institución se gestó para ayuda a Venezuela, desde el punto de vista jurídico se encuentra registrada en España (Meals4Hope, 2026).
3.- Asociación Civil Fundación Venezuela Sin Límites: surgió como una fundación concebida como un directorio de organizaciones no gubernamentales. Fue creada por Mireya Blavia de Cisneros el 7 de abril de 1999, en Caracas (Venezuela), como una iniciativa con el “objetivo de contribuir con la transformación social del país, mediante el desarrollo de acciones innovadoras, sostenibles y de impacto” (Venezuela sin límites, 2026). Según refiere su historia, “desde entonces ha contribuido al fortalecimiento técnico y económico de Organizaciones No Gubernamentales (ONG) a través de acciones caracterizadas por el compromiso con la acción social, la responsabilidad en la captación y uso de los recursos, la solidaridad y la transparencia” (Venezuela sin límites, 2026).
Sus acciones se orientan a la consolidación de alianzas, la amplificación a través del común, la innovación, el emprendimiento social y el fortalecimiento de un equipo de trabajo de especialistas, con el fin de vincular de manera efectiva empresas de diferentes sectores económicos en todo el territorio nacional, con el fin de potenciar los aportes de sus plusvalías en pro del mejoramiento social de país. Según afirman “Por 21 años hemos fortalecido a nuestra red de más de 600 ONG con el propósito real y el compromiso de acelerar y potenciar sus proyectos sociales para alcanzar mayor impacto” (Venezuela sin límites, 2026).
4.- Acción Solidaria: es una organización no gubernamental venezolana, con sede en Caracas, dedicada principalmente a la lucha contra el VIH/SIDA en Venezuela y a la distribución de medicamentos. Fue fundada en 1995 por Feliciano Reyna, en sus inicios para atender a personas pacientes del VIH, pero con el tiempo fue ampliando su perfil hasta formar una coalición de organizaciones dedicada al derecho a la salud y la vida. Es reconocida nacional e internacionalmente por su trayectoria, credibilidad, solidez y trabajo en red en el ámbito de la salud, con enfoque en derechos humanos y desarrollo. Entre algunos objetivos específicos, se ha abocado a garantizar la salud y protección a personas con VIH y sus familiares, y/o a otras afectadas por otras enfermedades, en su derecho humano a la salud. La organización exalta que los beneficiarios valoran “la diversidad de nuestros integrantes y de las comunidades a las que servimos”. Para ello establecen “un ambiente donde se escuchan y consideran las opiniones de todos. Para nosotros el respeto comprende otros valores como confidencialidad, dignidad, equidad, honestidad, inclusión, integridad, no discriminación y tolerancia” (Acción Solidaria, 2026). La organización trabaja en coordinación con la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Hasta el año 2020 Acción Solidaria había logrado distribuir entre 50 y 80.000 tratamientos al mes (Solano, 2020, mayo 18).
CONCLUSIONES
A través de esta revisión hemos podido analizar de forma autónoma el estado de las dos situaciones planteadas como parte del tema por abordar este año, a partir del Día Internacional de los Monumentos y Sitios: Respuesta de emergencia para el patrimonio vivo en contextos de conflictos y catástrofes, incluyendo tanto las acciones resilientes que en unos casos la misma población ha desarrollado, como de las emprendidas por instituciones que en algunos casos emanan de iniciativas laudables, creadas por personas nacionales en el mismo contexto del país, o por otras radicadas en el exterior, que al lograr estabilizar sus situaciones personales han intentado contribuir a revertir los graves y ya crónicos problemas que afectan al país, tanto por la conflictividad política y socioeconómica, como por la inestabilidad climática y sus consecuencias como detonantes de catástrofes o tragedias regionales.
Tanto unas como otras han afectado el patrimonio cultural en sus diversas manifestaciones, ya que una de las consecuencias directas de la carestía económica es el abandono de los bienes materiales, en pro de satisfacer otras necesidades básicas como la alimentación y el vestido, quedando en desventaja el tema vivienda, que por las grandes inversiones que requieren para su manutención no pueden ser atendidas. No se diga de los casos que forman parte del Patrimonio Cultural, como ocurre con las unidades habitacionales de los centros históricos o de conjuntos del siglo XX, que también pueden tener un valor patrimonial, dada la alta calidad de la arquitectura moderna venezolana.
No queda más
por decir, como se ha podido apreciar a través del breve análisis realizado, el
alto nivel de resiliencia del pueblo venezolano y la solidaridad que este
manifiesta tanto en el interior del país, como en los lugares hacia donde
masivamente ha emigrado, llevando consigo tanto a los integrantes del grupo
familiar que han podido, como su imaginario cultural, costumbres y tradiciones,
integrantes todas del denominado “Patrimonio Vivo”.
FUENTES
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