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domingo, 17 de abril de 2022

18 de abril de 2022: Día Internacional de los Monumentos y Sitios: Patrimonio y Clima. Venezuela y el Cambio Climático


Autores: 

María Carlota Ibáñez, Ileana Vásquez, Francisco Pérez Gallego


El Día Internacional de los Monumentos y Sitios se celebra desde 1983, desde que el 18 de abril de 1982, la directiva del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios – ICOMOS, reunida en Hammamet y coincidiendo con el Coloquio organizado por el Comité Nacional de ICOMOS de Túnez,  decidiera instituirlo para conmemorar cada año, a nivel mundial, un tópico como oportunidad para despertar la conciencia del público sobre la diversidad del patrimonio mundial y difundir los esfuerzos que se requieren para su protección y conservación, en pro de superar su vulnerabilidad. La propuesta fue planteada por el Comité Ejecutivo de ICOMOS a la UNESCO y aprobada por la Conferencia General de este organismo en su 22ª Sesión, en noviembre de 1983.

Este año, 2022 será dedicado al tema “Patrimonio y Clima”. El lema representa una oportunidad para resaltar la incidencia que ha tenido en el caso venezolano.  Venezuela se encuentra localizada en la franja intertropical, por lo cual disfruta de un clima tropical, mayormente cálido y lluvioso, determinado por su latitud, con diversas variantes climáticas asociadas con sus distintos pisos térmicos, producto de la altura de sus regiones sobre el nivel del mar. Ello trae por consecuencia que disfrute desde climas de costa, llanura e incluso desierto a climas de montaña; templado, frío y gélido. Según la clasificación climática de Köppen y los tipos de vegetación, Venezuela presenta 12 variantes climáticas (Figura 1). Según el profesor de la Universidad de Los Andes Gustavo Adolfo Silva León (2010), el país reúne 37 variantes climáticas que van desde el muy cálido y seco, hasta el gélido poco lluvioso (1). 


Figura 1: "Mapa de climas en Venezuela". 
Fuente: Condiciones físicas de Venezuela y sus regiones [Blog].  

Dentro de ese amplio espectro de variantes, el cambio climático ha traído innumerables consecuencias en las diversas regiones del país. Si bien una revisión histórica permite apreciar que periódicamente ocurren sucesos que afectan o han afectado determinados ecosistemas de la geografía nacional, es un hecho que estos episodios se han vuelto recurrentes y en tiempos cada vez más cercanos. Valga la conmemoración este 18 de abril de 2022 para hacer una revisión de algunos de estos sucesos significativos los cuales han producido alteraciones en el patrimonio natural y cultural del país, en la región costera y en la región andina, en paisajes de costa, desierto y montaña. Siguiendo un orden cronológico de los eventos, en su mayor parte devenidos en tragedias, dado que junto con los daños al patrimonio natural y cultural acarreó la pérdida de vidas, podemos referir los siguientes:

Caso Ciudad Bolívar, la antigua Angostura

Uno de los casos pioneros que podemos citar es el de Ciudad Bolívar, fundada como Angostura, la nueva Santo Tomás de Guayana en la Angostura del Orinoco, el 22 de mayo de 1764, al sur del país. La ciudad se sitúa en la ribera sur del río Orinoco, por lo cual ha estado sometida a lo largo de su historia a las constantes oscilaciones de sus niveles máximos de agua. Se emplaza en el punto más angosto de su cauce, asociada con la geomorfología del lugar; de allí que se adoptara en sus orígenes el nombre de Angostura. Su devenir consuetudinariamente ha debido entablar una interacción con las fluctuaciones del caudal del río:

These imposing geological formation enters the river causing the singular narrowness of the channel, named “Angostura”, that only gets to reach 800 meters in the period of greater rainfall or “aguas altas”, in comparison with other sites where the river obtains a wide average up to 6 kilometers. Also the depth is particular in the site, which at times of maximum volume it can reach to the 100 meters, a condition that includes the Orinoco in a select list formed by the Yang-tse, Congo and Amazon rivers, all surpassing this mark . Those conditions -arisen rocks, narrowness, great depth- explain the origin of the turbulences formed in the environs and the existence of the site known as “Piedra del Medio” or “Piedra de Enmedio” (Middle Stone), right on the middle of the river current, and used since immemorial times by the former settlers like a empirical natural hydrometer (UNESCO, 2003).

Figura 2: Inundación de 1943. Fuente: Américo Fernández (2013)

Ello ha traído como consecuencia que, a lo largo del siglo XX, tuviera que afrontar permanentes inundaciones, las cuales afectaron buena parte de su frente edificado. Este se encuentra constituido mayoritariamente por casas comerciales de dos a tres niveles, bordeadas por galerías porticadas construidas con columnas de hierro fundido y madera y cerramientos de paneles de madera y celosías, de arquitectura ecléctica. Dentro de estas destacan inmuebles como la Casa Blohm, Casalta-Battistini, Boccardo, Kouri, el hotel Caracas, entre otros. Si bien esto obligó a la construcción de muros y diques de contención en el núcleo central, para controlar la elevación del agua, los nuevos barrios que se fueron desarrollando como puerto Escondido, Rómulo Gallegos y Los Coquitos al este y El Zanjón y Perro Seco, al oeste, siguiendo la línea del río, continuaron siendo afectados por súbitos procesos de lluvia, algunos acaecidos fuera de la temporada característica que se extiende entre los meses de mayo y octubre.

Existen registros fotográficos de las inundaciones de los sectores centrales, en especial del paseo del Orinoco y calles aledañas de varias épocas del siglo XX (Figura 2). No obstante, los máximos históricos fueron registrados en agosto de 1943, cuando alcanzó los 18,03 msnm y el 4 de agosto de 1976, cuando ascendió hasta 18,04 msnm, “su nivel más elevado y que se mantuvo hasta dos días después”. En el evento de 1943, “el Orinoco comenzó a penetrar en la ciudad el 26 de julio y el ocho de agosto la situación era catastrófica”. Según palabras del bachiller Ernesto Sifontes, compiladas por el cronista de Ciudad Bolívar:

La gran catástrofe llegó inesperadamente esta madrugada a las 3 horas, pues el río socavando el terreno por debajo de la pared de defensa que hay en la Quinta Valeri, determinó un volcán de agua incontenible que a las nueve de la mañana formaba un gran chorro de ocho metros de ancho que atravesaba la calle y caía sobre la Laguna. Ninguna defensa fue posible ante la imponente catarata que a la hora dicha había derrumbado varias casas que se encontraban en su camino. Es probable que dentro de 48 horas las aguas, entre la Laguna y el Río, se hayan nivelado y el desastre entonces será colosal, igual al registrado en 1892, en que las aguas llegaron por El Porvenir hasta la esquina de la casa de los Aristiguieta situada frente al Cine Mundial” (Fernández, 2013).

Esto se refrendó en la misma época en 1976. La alarma volvió a reiterarse más recientemente en 2018, cuando los barrios de Perro Seco, La Toma y El Mereyal, así como las áreas bajas del Paseo del Orinoco, comenzaron a verse inundados progresivamente (Valverde, 2018) y de nuevo en agosto de 2021 (Figura 3), cuando se vieron afectados el sector El Edén y La Toma, en la parroquia Catedral (Siverio, 2021).

Cabe destacar, que Ciudad Bolívar fue inscrita en la Lista Indicativa del Patrimonio Mundial en 2003 (UNESCO, 2003). Posteriormente se emprendió el desarrollo del expediente para su postulación definitiva en la Lista de Patrimonio Mundial, debido a sus innumerables valores como ciudad fundada en el periodo colonial, bajo los preceptos de la Ilustración, además de haber sido sede de la Tercera República, desde donde el Libertador Simón Bolívar propusiera la unidad de América en su celebre discurso dictado dentro del Congreso de Angostura, instalado  entre febrero de 1819 y julio de 1821. 


Figura 3: La Cruz del Perdón durante las inundaciones. Fuente: Noticiero Venevisión 

Caso sector El Limón, estado Aragua

Otra de las alteraciones importantes en materia de patrimonio cultural y natural cómo consecuencia del cambio climático, fue el episodio de lluvias acaecido en la zona de El Limón en el estado Aragua, el cual trajo consigo no solo la destrucción de varias localidades tradicionales del estado, sino también numerosas defunciones de sus habitantes debido a las torrenciales lluvias sostenidas durante varios días, a partir del 6 de septiembre de 1987. Estas saturaron los suelos, generando la licuefacción de los cerros del Parque Nacional Henry Pittier, aunado al desbordamiento del río El Limón, cuyo caudal arrasó con las viviendas aledañas, sus riberas y las consecuentes pérdidas humanas de muchos de los habitantes del sector, así como de viajeros que se encontraban en tránsito en la carretera que conduce a las localidades de Choroní, Chuao y Ocumare de la Costa.  El suceso volvió a repetirse en el año 2020, cuando el 9 de septiembre, luego de un estruendo mayúsculo acaecido en la montaña se iniciaron de nuevo torrenciales lluvias que produjeron el desbordamiento de los ríos el Manguito y los Rauseo (Figura 4).

El episodio demuestra cómo el cambio climático va generando nuevos ciclos meteorológicos, rebasando los récords máximos de pluviosidad registrados en el tiempo, afectando el paisaje natural y el construido a lo largo del tiempo, en función de unas condiciones ambientales específicas conocidas. Es importante resaltar que Chuao, cuyo germen se remonta a la Hacienda de Chuao, dedicada al cultivo de cacao es uno de los bienes incluidos en la Lista Indicativa de Unesco en 2002 (UNESCO, 2002).

Figura 4: Impacto del desbordamiento del Río El Limón. Fuente: Agencias, en Faría Méndez (2020)

Caso cerro El Ávila, estado Vargas y Caracas

Uno de los casos más connotados fue el episodio de lluvias continuas y torrenciales, acaecido entre el 10 de diciembre y el 17 de diciembre del año 1999, en una época del año en que consuetudinariamente predominaba la sequía, lo cual denota el cambio climático acaecido en los ciclos de lluvia de la región central del país. Este hecho trajo consigo principalmente la destrucción de buena parte de las capas superficiales de la vertiente norte del cerro El Ávila, aunque también trajo consecuencias en su vertiente sur, afectando a algunas de las zonas pobladas del norte de Caracas, como consecuencia del desbordamiento de varias de las quebradas, particularmente Catuche, Las Brisas y Punceles. 

No obstante, en la vertiente del Ávila que desciende hacia la costa, en el estado Vargas, fue particularmente desbastadora la acción de la lluvia, que, sostenida de forma intensa y constante durante varios días, trajo consigo la licuefacción de la tierra, arrastrando grandes volúmenes de rocas y materia vegetal, que afectaron a varias localidades costeras. Dentro de estas, en unas predomina la vivienda tradicional de los periodos colonial y republicano, como son los casos de Carmen de Uria, Naiguatá, Caraballeda, Macuto y en particular La Guaira, la ciudad portuaria tradicionalmente unida a la capital del país (Figura 5)


Figura 5: Calles de La Guaira después del deslave. Fuente: Ileana Vásquez (2000)

De igual forma se vieron implicadas otras localidades de desarrollo más reciente donde predominan importantes testimonios de arquitectura moderna y contemporánea. Son los casos de Tanaguarena, Playa Caribe, Los Corales y Catia La Mar, entre las que se habían ido desarrollando balnearios y conjuntos residenciales y vacacionales, además de hoteles y posadas de arquitectura tan variopinta como villas del siglo XIX e inicios del siglo XX, así como importantes complejos hoteleros, algunos asociados a cadenas internacionales (Figura 6). Son de destacar entre estos el Hotel Guaicamacuto, asociado a la cadena Sheraton, bajo la denominación Macuto Sheraton, proyectado por el arquitecto Luis Malaussena o el Meliá Caribe, del arquitecto Carlos Gómez de Llarena. Ambos, seriamente afectados por la tragedia en su infraestructura, permanecen hasta el presente inactivos pese a algunas iniciativas fallidas para su recuperación.  

No obstante, tal vez lo más crítico fue el impacto acaecido sobre la arquitectura tradicional del periodo colonial y decimonónico en las localidades de La Guaira y Macuto. Ellas son particularmente valiosas en cuanto al patrimonio edificado. La primera fue el puerto natural de la capital de Venezuela, Caracas, fundado en el siglo XVI, el 29 de junio de 1589, como San Pedro de La Guaira. Está localidad había sido inscrita precisamente en el año 1999 dentro de la Lista Tentativa del Patrimonio Mundial de UNESCO como un poblado de valores connotados del periodo colonial, el cual se vinculaba además con el Camino Real de los Españoles, vía que comunicaba al puerto con la capital, Santiago de León de Caracas, a través de la montaña. En ella predominan edificaciones tradicionales de orden doméstico, pero también algunas de uso civil, religioso y militar de valor extraordinario tales como la casa de la Real Compañía Guipuzcoana de La Guaira, la catedral de San Pedro de La Guaira, la ermita del Carmen y el conjunto de fortificaciones que a través de tres siglos se fueron construyendo a lo largo del camino y sus adyacencias entre los siglos XVII y XVIII para garantizar la defensa de la ciudad de Caracas.

Figura 6: Zonas afectadas: Maiquetía, La Guaira, Punta de Mulatos,  Macuto,  El Cojo,  Camurí Chico, Los Corales,  Caraballeda,  Tanaguarena, Carmen de Uria. Fuente: Genatios, Carlos y Marianela Lafuente (2003). 

El camino se vio seriamente afectado, tanto en su trazado, como en algunas de las edificaciones y ruinas de las estructuras defensivas. En la fila central, además del depósito de la pólvora, los fuertes El Vigía, el hornabeque San Agustín y el llamado castillo San Carlos. En la fila oriental las baterías San Diego o del Carmen y el fuerte el Palomo y análogamente en la occidental, la más tardía batería Mapurite. En general se vieron agredidos al grado, de que lo que sobrevive de las que se conservaban en calidad de ruinas, como son los casos de San Agustín o el Carmen, son testigos dispersos. En la primera las bases de sus medio baluartes, en la segunda los restos del portal de acceso.

Figura 7: Panorama del estado de afectación del centro histórico de  La Guaira. 
Fuente: Ileana Vásquez (2000)

Todas estas edificaciones se vieron afectadas por la concentración de lluvia y la deposición de sedimentos, árboles y desechos arrastrados por las corrientes de agua y tierra, sostenidas durante varios días (Figuras 7 y 8). Particularmente perjudicada fue la arquitectura doméstica de La Guaira y sus calles tradicionales en las cuales muchas de las edificaciones, mayormente construidas con tapia, mampostería de piedra y ladrillo fueron arrasadas y sepultadas por la acumulación de sedimentos de forma masiva, arrastrando vehículos, enseres y demás objetos, cuyo volumen fue de tal magnitud que llegó a modificar el perfil y extensión de la ribera costeña. Esta se prolongó varios metros hacia el mar producto del acarreo de materiales. Según el profesor Carlos Monedero, ante la abrupta acumulación de agua varía súbitamente el equilibrio geológico del Ávila:

Resulta sorprendente el cambio brusco y repentino del comportamiento del geosistema ante un aporte adicional de agua que lo sobresatura, de forma tal que, luego de manifestar un funcionamiento susceptible de ser modelado, que lo hace altamente predecible, súbitamente se desestabiliza y reacciona con un grado de intensidad, violencia y magnitud desmedido, totalmente impredecible. Desestabilización que anula incluso la función protectora de la cobertura vegetal, cuya biomasa, es arrastrada por el agua, conjuntamente con el suelo (Monedero, 2006).


Figura 8: Calles del Centro Histórico de La Guaira. Fuente: Ileana Vásquez (2000)

Además de La Guaira, otra localidad que reúne un valioso patrimonio edificado y que se vio afectado fue el pueblo de Macuto. Aunque su origen también es colonial, este del siglo XVIII, del 24 de julio de 1740, entre el siglo XIX e inicios del siglo XX, se convirtió en la ciudad balneario por excelencia de Caracas. En ella se levantaron numerosas villas para temperar de arquitectura ecléctica y neo hispánica con influencias caribeñas, muchas de las cuales también se vieron seriamente deterioradas producto del trágico episodio. Fueron señalados los casos de la iglesia de Macuto, las casas de veraneo del expresidente Joaquín Crespo 1 y 2, la del también expresidente Ignacio Andrade, la casa Lacome-Ibarra, la casa Santana, Villa Paula, y la casona presidencial de la Guzmania. Esta perdió parte de sus estructuras básicas que databan del siglo XIX, construida por el presidente de la época, Antonio Guzmán Blanco. 

A estos valiosos ejemplos de arquitectura doméstica se suman el Hotel Miramar, de 1928, proyectado por el arquitecto Alejandro Chataing, estructura que hasta el presente se mantiene en estado de ruina parcial y el connotado Castillete, la celebre casa taller del pintor Armando Reverón, construida por el mismo con arquitectura de tierra. Este último había quedado tan afectado que debió ser sometido a un proceso de ambientación en años recientes, a partir de los planos y testigos que se habían conservado (Figuras 9 y 10) .  

Figura 9: Hotel Miramar en Macuto. Fuente: Francisco Pérez Gallego (2016)

Figura 10: Castillete de Armando Reverón en Macuto. Fuente: María Carlota Ibáñez (1989)

Este episodio del estado Vargas fue particularmente desbastador no solamente por los daños causados al patrimonio cultural edificado sino también, por la pérdida de numerosas vidas humanas, cuyos restos en muchos casos no llegaron a ser encontrados. Ello da signos de la evidente afectación que el cambio climático está generando en el contexto mundial y en este caso en el ámbito venezolano.

Caso Coro y su puerto La Vela

Otro caso, por demás célebre, fueron las inundaciones que sufrieron los centros poblados de Santa Ana de Coro y su Puerto La Vela, inscritos en la Lista de Patrimonio Mundial en 1993 (UNESCO, 1993). Estos se vieron conmovidos igualmente por episodios exacerbados de lluvia en el año igualmente 1999 pero en ambos se repitieron de manera particularmente grave entre finales de 2004 y comienzos del año 2005 (UNESCO, 2005) y de nuevo, a finales de 2010. Este caso quizás un tanto más que los anteriores, manifiesta el cambio climático debido a que ambos centros poblados se encuentran ubicados en un característico paisaje cálido seco, dominado por vegetación xerófita, donde la lluvia era muy escasa y como consecuencia, en su paisaje natural próximo se localizan médanos o dunas, de características desérticas, acompañados de vegetación xerofítica. Estos recursos naturales, han sido empleados tradicionalmente en la construcción de sus edificaciones. De estos recursos naturales se deriva, por ejemplo, el uso de la penca del cactus para los sistemas constructivos de los techos, fibra llamada "tococoro". Se devela así el carácter singular de esta arquitectura, que además de su origen colonial e indígena presenta particulares matices asociados a la influencia flamenca que llegó a las costas del estado Falcón entre los siglos XVIII y XIX desde las cercanas islas de Aruba y Curazao, con las cuales se mantuvieron estrechos lazos.

El hecho es que el episodio de lluvias acaecido entre los meses de noviembre de 2004 y febrero del año 2005 (UNESCO, 2005) trajo consigo la acumulación de importantes niveles de agua en calles que no estaban preparadas para recibir tales caudales, tanto en su infraestructura originaria como en la adaptación que a través de los siglos más recientes se fueron emprendiendo para canalizar las aguas servidas, en particular en el centro donde la solución apenas recurría a sistemas de pendientes conducentes a unos escasos puntos localizados de recolección. El problema más grave es el hecho recurrente de estas lluvias en una ciudad particularmente seca. Coro carece de drenajes en su mayoría, precisamente porque se había levantado en un paisaje particularmente seco, donde estos no eran necesarios.


Figura 11: Situación de algunas edificaciones tradicionales de Coro después de las lluvias de 2010. 
Fuente: Francisco Pérez Gallego (2011)

Como consecuencia de estos sucesos, se vieron gravemente dañadas muchas casas tradicionales del centro histórico de Coro y de su puerto la Vela, en las cuales predomina la arquitectura de tierra como sistema constructivo, particularmente adobe y bahareque, otras menos de tapia, los cuales son vulnerables al contacto con el agua si se encuentran desprotegidos de revestimiento (Figura 11). Tal era la situación de muchas de las edificaciones que habían quedado abandonadas por sus propietarios originales y aún no habían encontrado un destino utilitario adecuado que garantizara su conservación sostenida en el tiempo. A causa de ello, muchas edificaciones de las áreas de amortiguamiento tanto de Coro como de La Vela  sufrieron el colapso tanto de sus cubiertas como de su estructura portante lo cual se ve agravado al quedar desprotegidas y vulnerables ante el vandalismo posterior. Además de la disgregación de los materiales y colapso de los elementos, los mayores niveles de humedad conllevan al aumento de volumen de los suelos compuestos de arcillas expansivas, lo que induce a grietas y otros desequilibrios estáticos en las estructuras. Asimismo favorecen la presencia de los dañinos insectos xilófagos que debilitan y destruyen la madera y otros componentes orgánicos de las edificaciones tradicionales.

Como medida de protección, tanto Coro como su puerto La Vela fueron inscritos en la Lista de Patrimonio en Peligro de la UNESCO en 2005, con el fin de encontrar una solución y reunir esfuerzos que garantizaran tanto la recuperación de los inmuebles afectados, como de la solución de los problemas causales de los daños acaecidos (Figuras 12 y 13). De acuerdo con los argumentos para su  suscripción:

A comparison of the state of conservation between the years 2002 and 2005 revealed a surprisingly high level of deterioration of the historical centre of Coro. The buildings that have the highest level of protection (national monuments and buildings with total protection) are the ones that were most affected by the recent rains (50 and 83 % respectively). As to La Vela, although no detailed assessment of the damages was available, the mission noted a marked deterioration as compared to 2002 and that more than a quarter of the buildings is in critical conditions (UNESCO, 2005).


Figura 12: Museo de Coro. Fuente: María Carlota Ibáñez (1989)

Esta situación se ha vuelto reiterativa ocurriendo nuevamente lluvias desmedidas en el mes de diciembre de 2010 lo cual agravó la degeneración de varias edificaciones tradicionales que se encontraban sin cubiertas o en proceso de restauración. Como consecuencia de ello fue necesaria la convocatoria de una misión de la UNESCO para evaluar los daños causados y constatar el nivel de afectación de estas, con el fin de buscar medidas concertadas y encontrar solución al problema. Esta señaló:

…In general, the property maintains its conditions of integrity and authenticity. However, several effects were evident as a result of environmental conditions and the nature of the subsurface soils that affect the property. These include water infiltration, loss of earthen surfaces, deformation and wall structures, fissures, cracks, collapses and cave-ins. It also indicated that although the drainage system had been completed, it was proved ineffective and insufficient during the heavy rains of 2010, which led to the central area of the city being flooded for several days (UNESCO, 2011).

En función de ello, el estado venezolano adoptó un conjunto de medidas, en primer término para la gestión de la situación de la emergencia y a mediano plazo para la restauración de las edificaciones emblemáticas, lo que se ha concretado en un importante número de casos. Dada la dimensión del problema, aún quedan edificaciones en las áreas de amortiguamiento por recuperar y conservar. Por ello, debemos reconocer que la verdadera causa se escapa del control humano de manera directa, dado que subyace en el cambio climático como promotor de la alteración de las condiciones naturales de una zona que era particularmente seca y dominada por vegetación xerófita. No obstante, podemos contribuir a paliar a mediano y largo plazo tales incidencias. Es una situación que debemos concienciar en todos sus aspectos y en todas sus consecuencias con el fin de, si no encontrar una solución definitiva, sí poder controlar sus consecuencias y sobre todo, vigilar los daños que este puede obrar sobre el patrimonio, tanto natural como cultural.


Figura 13: Casa de las ventanas de hierro después de las lluvias de 2010. 
Fuente: Francisco Pérez Gallego (2011)

Caso Valle del río Mocotíes Santa Cruz de Mara

Otra localidad que se vio igualmente afectada por los problemas de pluviosidad exacerbada y fuera de los ciclos de lluvia tradicionales fueron las localidades Santa Cruz de Mora y Tovar, emplazadas en el estado Mérida, en el valle del río Mocotíes. Este paraje se caracteriza por su clima templado y paisaje de cultivos cafetaleros, dominado por numerosas edificaciones tradicionales y casas de hacienda. El suceso fue consecuencia de la vaguada y deslizamientos de tierra suscitados entre el 11 y el 18 de febrero de 2005, fuera de la temporada normal de lluvias. El punto crítico fue el sitio donde convergen los conos de deyección de varias quebradas o torrentes, en particular en la confluencia de la quebrada Mejías en el río Mocotíes, al este de Santa Cruz de Mora (Radio Rescate, 2020).

Al igual que sucedió con los casos anteriores, en Santa Cruz de Mora y Tovar, además de otras poblaciones cercanas como La Playa, San Francisco y Zea, también se vieron afectadas importantes edificaciones de arquitectura tradicional preindustrial, así como el paisaje rural formado por los cultivos de café. Varias casas de Hacienda al igual que numerosas edificaciones tradicionales de los centros poblados próximos al río se vieron destruidas por la acción del agua y la acumulación de sedimentos arrastrados desde las montañas circundantes. La gravedad del episodio fue tal que tuvo implicaciones en la zona central de país afectado inclusive a zonas de Caracas y del estado Miranda, particularmente la población de Araira, que fue agredida en gran medida.  El evento se volvió a repetir el 24 de agosto de 2021 (Figura 14), reincidiendo con ello la pérdida de nuevas vidas humanas en las localidades de Santa Cruz de Mora y Tovar (Redacción@Cronicauno, 2021; Idrogo, 2021).


Figura 14: Calles tradicionales de Santa Cruz de Mora. 
Fuente: La Verdad de Monagas (2021, agosto 24)

Conclusiones

Aunque la naturaleza presenta ciclos climáticos recurrentes, el cambio climático es un hecho cada vez más notorio. La revisión de esta serie de casos connotados en el caso venezolano es solo una prueba local de las incidencias que este problema está generando con afectaciones sobre el patrimonio natural y cultural, así como el factor humano, que en definitiva está pagando en casos como estos con su vida, las consecuencias de una industrialización desmesurada, la transformación de los ecosistemas y la reducción de las reservas forestales e hídricas. Si bien es importante tomar conciencia, se debe fomentar la toma de medidas concretas de manera integral, ya que el asunto no concierne a un país en particular, sino al planeta de forma global y cada uno, desde su ámbito, debe contribuir en la asunción de soluciones en pro de la conservación tanto de los ecosistemas, como de los paisajes culturales que se han conformado a lo largo del devenir de cada estado o nación.

FUENTES

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FERNÁNDEZ, Américo (2013, 26 de julio) “La gran crecida del Orinoco”. En Cronología del Estado Bolívar. Consultado en http://cronologiadelestadobolivar.blogspot.com/2013/07/la-gran-crecida-del-orinoco.html

GENATIOS, Carlos y Marianela Lafuente (2003). “Lluvias torrenciales en Vargas, Venezuela, en diciembre de 1999. Protección ambiental y recuperación urbana”, Boletín Técnico IMME, Vol.41, Nº 2-3 Caracas, noviembre 2003. Consultado en http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0376-723X2003000200004

IDROGO, Alvaro (2021, agosto 24) “Aumentan a 20 fallecidos por inundaciones en Mérida”. La Verdad de Monagas. Consultado en https://laverdaddemonagas.com/2021/08/24/aumentan-a-20-fallecidos-por-inundaciones-en-merida/

MÉRIDA DIGITAL (2018, febrero 11). “Vaguada de El Mocotíes: 13 años de dolor y tristeza”. Mérida Digital. Consultado en https://meridadigital.com.ve/2018/02/11/vaguada-de-el-mocoties-13-anos-de-dolor-y-tristeza-fotos/

MONEDERO, Carlos (2006, septiembre 24). “Una visión geoecológica del Avila y de su "comportamiento"”. Caracas: CENANB, UCV.

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REDACCIÓN @CRONICAUNO (2021, 24 agosto). “Fuertes lluvias y desbordamiento de tres ríos dejan 13 muertos en Mérida, según el gobernador”, Crónica Uno. Consultado en https://cronica.uno/fuertes-lluvias-y-desbordamiento-de-tres-rios-dejan-13-muertos-en-merida-segun-el-gobernador/

REDACCIÓN RUNRUNES (2014, diciembre 15).  “A 15 años del deslave, Vargas vive con las huellas de la tragedia (Videos)”. Runrunes [Página web]. Consultado en https://runrun.es/nacional/venezuela-2/176132/15-anos-del-deslave-vargas-vive-con-las-huellas-de-la-tragedia-videos/

SILVA LEÓN, Gustavo Adolfo (2010). Tipos y subtipos climáticos de Venezuela. Trabajo de ascenso para la categoría de titular. Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela.

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NOTAS

(1) Estos son, el clima muy cálido y seco, muy cálido y escasamente lluvioso, muy cálido y poco lluvioso, muy cálido y moderadamente lluvioso, muy cálido y lluvioso, muy cálido y muy lluvioso, muy cálido y pluvial, cálido y escasamente lluvioso, cálido y poco lluvioso, cálido y moderadamente lluvioso, cálido y lluvioso, cálido y muy lluvioso, cálido y pluvial, fresco y escasamente lluvioso, fresco y poco lluvioso, fresco y moderadamente lluvioso, fresco y lluvioso, fresco y muy lluvioso, fresco y pluvial, templado y escasamente lluvioso, templado y poco lluvioso, templado y moderadamente lluvioso, templado y lluvioso, templado y muy lluvioso, templado y pluvial,   frío y escasamente lluvioso,  frío y poco lluvioso,   frío y moderadamente lluvioso,   frío y lluvioso, frío y muy lluvioso,  frío y pluvial, muy frío y escasamente lluvioso,  muy frío y poco lluvioso, muy frío y moderadamente lluvioso, muy frío y lluvioso, gélido y escasamente lluvioso y gélido y poco lluvioso.


sábado, 17 de abril de 2021

18 de abril de 2021: Día Internacional de los Monumentos y Sitios: Pasados complejos: Futuros diversos


Cada año, con motivo del Día Internacional de los Monumentos y Sitios, ICOMOS propone un tema para las celebraciones y actividades organizadas por sus comités, miembros y socios. Este año, 2021 será dedicado al tema “Pasados complejos, Futuros diversos”. El lema representa una oportunidad para resaltar la complejidad, diversidad y contradicciones que han acompasado la preservación del patrimonio cultural venezolano desde tiempos remotos. 

La diversidad del patrimonio cultural venezolano es una realidad, pese a que la valoración que se ha ejercido sobre este, se ha inclinado a través del tiempo a determinado tipo de bienes, dejando al margen muchos otros por categorías, periodos, usuarios. La operatividad práctica de beneficiar a unos bienes por encima de otros, por intereses institucionales, políticos, ideológicos, económicos y socioculturales es algo que estuvo presente desde los primeros reconocimientos practicados sobre el patrimonio venezolano.

El primer rango por valorar es el correspondiente al patrimonio prehispánico, que conforma el patrimonio originario, en sentido étnico, geográfico y cronológico. En el caso venezolano es un patrimonio fundamentalmente inmaterial, aunque tiene numerosas manifestaciones materiales, si bien no de carácter unitario. En el asunto arquitectónico es un patrimonio que lucha por sobrevivir, ante las grandes amenazas impuestas por la transculturación y adaptación de las culturas a la dinámica y prácticas de vida contemporáneas. La riqueza tipológica que poseemos en su mayor parte se encuentra ubicada en paisajes alejados del hábitat cotidiano, donde residen las distintas culturas, por lo que el reconocimiento y empatía hacia ese patrimonio edificado como algo propio y cercano se dificulta. Es visto como algo exótico, pero distante, a pesar de los múltiples valores que posee.

Los grupos indígenas aportaron sistemas constructivos y patrones tipológicos según la ubicación y el paisaje natural del territorio nacional hacia donde se desplazaron y/o asentaron, lo cual constituye uno de sus mayores valores, en tanto conllevan grandes lecciones de sustentabilidad y empatía con el entorno donde se asentaron. Seguidamente se muestran algunos ejemplos.

Uno de los tipos más reconocidos por su singular perfil y naturaleza constructiva son las "Churuatas" que se presenta en diversas variantes tipológicas y constructivas. En la imagen se puede apreciar la Churuata Piaroa, de planta circular y cubierta de palma desde su remate terminal hasta el suelo; esta vivienda colectiva es muy reconocida por los estudiosos de la arquitectura vernácula de las etnias aborígenes. Se ubica al sur del país, en el estado Amazonas (Figura 1).

Figura 1: Churuata Piaroa. Fuente: Portal hablemosdeculturas.com (2017).

Otro tipo es el "Shabono" de la etnia Yanomami; es una vivienda colectiva, cuya construcción se da por segmentos, conformando una traza ovalada u oblonga, en torno a un gran espacio interno, que deviene en centro de la vida de la comunidad; también se encuentran al sur del país, en los estados Bolívar y Amazonas (Figura 2).

Figura 2: Shabono Yanomami. Fuente: Reprodução/ Hutukara Associação Yanomami / Arquivo (s.f.)

Caso interesante es el constituido por el "Palafito", tipo de las viviendas que se concentran en dos zonas distantes de Venezuela. Un núcleo se emplaza en la zona noroccidental del país, en el estado Zulia, de la cual son muy conocidos los conjuntos sobre la Laguna de Sinamaica de los Añú-Paraujanos; estas viviendas son espacios cerrados con cubiertas a dos aguas y pequeñas plataformas de comunicación. (Figura 3). 

Figura 3: Vivienda palafítica de los Añú-Paraujano en la laguna de Sinamaica. Fuente: Geomorfositios zulianos (2017).

El otro núcleo es el formado por los palafitos de la etnia Warao, en el Oriente del país, principalmente en el Estado Delta Amacuro. Estos palafitos son abiertos, conformados por una plataforma, la estructura de soporte y el techo. Cuentan además con pasarelas de comunicación entre ellos y escaleras para acceder desde sus curiaras (Figura 4).


Figura 4: Vivienda palafítica de los Warao en el río Morichal Largo. Fuente: Saavedra Altuve, E. (1999).

Caso aparte es la valoración del patrimonio del periodo colonial. Dentro de este se privilegió primeramente a los bienes eclesiásticos, incluyendo todas las iglesias levantadas en territorio nacional hasta 1830, fecha límite del periodo colonial; con ellas a los inmuebles militares; fortalezas, baterías, cárceles y cuarteles, así como a los bienes asociados con los episodios de la gesta independentista. Entre otros, los lugares de las batallas, las casas natales de los héroes, como la de Bolívar o, los inmuebles que sirvieron de escenario a los sucesos; toma o resistencia de ciudades como el conjunto del Ingenio Bolívar en San Mateo y la inmolación de Ricaurte, fusilamientos como el de Piar en Ciudad Bolívar o, la firma de tratados o armisticios como la Casa de la Capitulación en Maracaibo, también conocida como la Casa de Morales (Figura 5). 

Figura 5: Casa de la Capitulación, Maracaibo. FuenteRjcastillo. (2012).

Sin duda la terna de categorías referida tiene valor, pero dentro de este quedaron al margen del periodo colonial, la mayor parte del patrimonio edilicio civil y doméstico, con la consecuente demolición de viviendas, hospitales, escuelas, entre otras, edificaciones que al igual que las iglesias y fortificaciones formaron parte de las ciudades, integrando precisamente el tejido histórico y la imagen de la ciudad. La destrucción fue dramática, en particular en las grandes capitales de los estados. Además de Caracas, Valencia, Maracaibo, Cumaná o Mérida; ciudades en las que desaparecieron manzanas enteras en pro de la modernización, no siempre para levantar nuevas edificaciones de calidad, que, aunque no justifica la destrucción, al menos hubiese podido dar lugar a la formación de otros bienes de valor en las fases sucesivas  (Figuras 6 y 7). 

Entre las ciudades mencionadas, se presentan gráficas de dos casos; Caracas y Maracaibo como polos diferentes de implantación, una en un valle, en el centro norte del país y la segunda, en el occidente frente al Lago de Maracaibo. Dos ejemplos de ciudades que revelan como en unas más, otras menos, se eliminaron edificaciones civiles residenciales y de servicios o religiosas como conventos, sin pensar en absoluto que conformaban parte de esos núcleos urbanos.

Figura 6: Calle Oeste-Este 1 desde la Esquina de El Conde hacia la Catedral, Caracas. Fuente: Neun, E. (1877-1878).

Figura 7 :  Maracaibo desde el Lago. Fuente: Neun, E. (1877-1878).

Por su parte, el patrimonio del llamado periodo republicano, por demás diverso en lo temático y en lo lingüístico, es un legado amplio ya que deriva de todos los procesos de crecimiento de las ciudades, con todas sus virtudes y debilidades. Es el patrimonio del Historicismo y del Eclecticismo, del Neo-hispánico, incluso del Art Decó, de todos los “revival”, que en muchos casos se posesionaron sobre el patrimonio del periodo hispánico preexistente mutándolo, transformándolo y disfrazándolo, a través del repertorio de los lenguajes estilísticos.  Aunque es sin duda un patrimonio valioso, para algunas figuras también representa la destrucción de aquella preexistencia y el inicio de la pérdida del patrimonio edificado venezolano. 

Las acciones que Guzmán Blanco perpetró sobre las ciudades, principalmente Caracas y Valencia fueron víctima de ellas. La desaparición de iglesias y conventos, entre otros inmuebles, en pro de levantar el Palacio Federal Legislativo (Figura 8), sobre el anterior Convento de las Concepcionistas; el Ministerio de Fomento (Figura 9), en el Convento de Las Carmelitas; el Teatro Guzmán Blanco, sobre el templo y Hospital de San Pablo, el Mercado Principal, sobre el Convento de San Jacinto o el Acueducto de Macarao y su depósito de agua, sobre la ermita de El Calvario, representan algunos ejemplos. Es otra mirada que podemos dar a ese patrimonio, que sin duda lo es, pero a costa de la pérdida de otro, que no solo no se valoró; creemos que se despreció porque representaba simbólicamente la huella del imperio español al que habíamos pertenecido, visto además a finales del siglo XIX como un legado atrasado, anacrónico, casi despreciable por los gobernantes de turno que querían parecerse a otros países, ya que el nuevo referente de progreso yacía en Francia o en la Inglaterra industrial.

  Figura 8: Palacio Federal LegislativoFuente: Neun, E. (1877-1878).

Figura 9: Ministerio de Fomento, Esquina de Carmelitas. Fuente: Neunn, E. (1877-1878). 

Igual va a suceder con el patrimonio moderno, uno de los más ricos cuantitativa y cualitativamente para Venezuela, ya que devino en la expresión material del tránsito de la economía agraria a la petrolera, a costa de la continuidad del proceso de  destrucción de la preexistencia, hispánica y republicana, además en muchos casos, del patrimonio natural que conformaba los hábitats nativos en pro de extender hacia la periferia los centros poblados, transformando montañas, llanuras, fuentes hídricas, no siempre de manera armónica. A pesar de ello se gestó un patrimonio muy importante, relevante, al grado de haber alcanzado una de sus principales manifestaciones, la Ciudad Universitaria de Caracas (1942-1961), la distinción de ser incluida en la Lista de Patrimonio Mundial de UNESCO en el año 2000. 

En este caso, luego de haber considerado dos opciones, se decidió expropiar la Hacienda Ibarra, ubicada en la periferia oriental de la ciudad, para construir una nueva sede para la Universidad. El día 2 de enero de 1943 se decreta su construcción. Entre tantas haciendas de la ciudad de Caracas, la Hacienda Ibarra tenía un recorrido histórico relevante de la gesta independentista, además de sus vínculos con la producción de caña y el Ron Ibarra (Figura 10). De ella se conserva la casa del capataz y el torreón del trapiche, estructuras que conviven con el patrimonio moderno que conforma el conjunto de la Ciudad Universitaria de Caracas, tercera y actual sede de la Universidad Central de Venezuela (Figura 11).

Figura 10: Antigua Hacienda Ibarra. Fuente: Villalba, A. (2020).

Figura 11: Ciudad Universitaria de Caracas. Fuente: Gasparini, P. (1953).

No obstante, hay muchos otros bienes y no solo en Caracas, con tantos valores relevantes, dignísimos exponentes de los postulados y quehacer de la arquitectura moderna y de las influencias de las vanguardias artísticas internacionales. Obras como la reurbanización El Silencio (1939-1945), la serie de las Escuelas Repúblicas (1939-1945), diseminadas en las principales capitales de la república, el Centro Simón Bolívar (1948-1954), el conjunto paisajístico integrado por el cerro El Ávila, el Teleférico de Caracas-La Guaira y el Hotel Humboldt (1956) (Figura 12), entre otros muchos hoteles que integraron el plan de hotelería nacional a lo largo del territorio nacional, promovidos por la Corporación Nacional de Hotelería y Turismo - CONAHOTU (1953-1956), el conjunto de la Urbanización 2 de Diciembre, luego renombrada 23 de enero (1955-1957), o el Parque del Este (1961), representan ejemplos notables de las contribuciones de la  arquitectura moderna en la construcción de las ciudades del país.


Figura 12: Hotel Humboldt y Teleférico, entre la estación terminal y el hotel. Fuente: Aerial Tram & Hotel Humboldt (c. 1960).

Sin embargo, como parte del proceso modernizador, el ensanche de vías para dar accesibilidad al vehículo automotor propició la destrucción del patrimonio edilicio de los periodos precedentes con graves afectaciones a los centros históricos. En Caracas el mejor ejemplo se tiene en la apertura del eje de la avenida Bolívar concatenado con la incorporación de nuevos edificios gubernamentales en el Centro Simón Bolívar. Estas acciones fundamentadas en el Plan Metropolitano de 1938-1939, conocido como el Plan Rotival, promovió a la manera de los "Grands Travaux" de París del Barón Haussmann, la demolición de una línea de manzanas del tejido fundacional en sentido este oeste, y de edificios completos como el Hotel Majestic (Figura 13) o la mutilación parcial de otros como el Teatro Municipal (Figuras 14 y 15). 

El proceso de ensanche se extendió a otras vías paralelas y perpendiculares del tejido colonial para dar apertura a las avenidas Urdaneta y Lecuna en sentido este-oeste, o a las Fuerzas Armas y Baralt en sentido norte-sur. Estas, siguiendo la misma pauta también obligaron a la demolición de importantes edificaciones de arquitectura doméstica del periodo colonial, como fueron las casas de Don Juan de Vegas y Bertodano y de Don Felipe Llaguno y a la mutilación  de las iglesias Santa Capilla, en el caso de la avenida Urdaneta, y del Sagrado Corazón de Jesús, en el caso de la avenida Fuerzas Armadas; todos estos, nuevos ejes viales establecidos dentro del plan.

Figura 13: Hotel Majestic al fondo y teatro Municipal a la derecha. Fuente: Entre Rayas (s.f).


Figura 14: Teatro Municipal, Caracas. Fuente: Trópico Absoluto (2019).

Figura 15: Obras del Centro Simón Bolívar y demolición del atrio del Teatro Municipal. Fuente: GFV (2018).

En el interior del país un ejemplo destacado de estos procesos se tiene en la ciudad de Maracaibo. Uno de los eventos que la impactó negativamente fue el fallido plan de desarrollo urbano de 1970, que promovió la demolición de varias manzanas del sector de El Saladillo (Figura 16), dejando como legado un espacio recreativo donde se colocaron obras de arte de reconocidos artistas; a costa de la destrucción de innumerables viviendas tradicionales, de las cuales quedó una pequeña muestra en la calle Carabobo. Posteriormente el espacio se extendió a lo largo de su eje para dar paso al Paseo Ciencias, un monumental boulevard  peatonal que procuraba interconectar el centro de la ciudad con la Basílica de la Virgen de la Chiquinquirá, espacio que sería intervenido de nuevo en años recientes, con el fin de agregar en su otro extremo un recinto en forma de hemiciclo para homenajear a la Virgen de La Chiquinquirá. Es un ejemplo de la permanente mutación del espacio público, que ha solido acompañar la evolución de nuestras ciudades (Figura 17).


Figura 16: El Saladillo antes de la apertura del Paseo Ciencias. Fuente: Quintino, J (Maracaibo Histórica).

Figura 17: Paseo Ciencias. Fuente: Megaconstrucciones (s.f.).

Además de las obras notables y monumentales de arquitectura moderna, que por su carácter simbólico y magnitud tienden a ser reconocidas y en tanto más fácilmente valoradas, se entremezcla en el patrimonio de este periodo el tema residencial, tanto de escala unifamiliar como multifamiliar. Este cuantioso legado constituye la esencia clave del patrimonio moderno ya que son las piezas de construcción de la ciudad, formada a partir de numerosas urbanizaciones periféricas que dieron forma a los ensanches de todas las ciudades del país, explorando diversos tipos edilicios y patrones urbanísticos. Constituye sin duda el contingente del patrimonio moderno más amenazado, al igual que sucedió con el conjunto de obras civiles y domésticas de los periodos precedentes. En este caso, por la presión económica que ejerce el valor del suelo y de las necesidades operativas de adaptación a nuevos usos de las viviendas y demás edificaciones, luego de abandonadas por sus poblaciones originarias. Estas, debido a la falta de conciencia y aprecio por los valores que dicho patrimonio edificado representa se desplazan a otros sitios, promoviendo el fenómeno de la gentrificación. En esas casas y edificios se pusieron en práctica los postulados de la vivienda moderna, conjugados con los lenguajes de las vanguardias como el neoplasticismo, el futurismo o el expresionismo, de los cuales tenemos muestras notables en varias ciudades del país.

Y para no excluir a los tiempos recientes, desde la década de 1970 en adelante, cuando la hegemonía del petróleo forjó de Venezuela la ilusión de que la bonanza sería eterna, se levantaron importantes obras concebidas tanto por la iniciativa privada como por las diversas gestiones de la democracia, contribuyendo a enriquecer el patrimonio urbano y edilicio de las ciudades, a veces nuevamente a costa del sacrificio de obras construidas en los periodos precedentes.

Figura 18: Plaza de la Hoyada, al fondo asoma la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. Fuente: Prodavinci (c.1980).

Emblemáticas en esta dirección fueron los fastuosas obras del conjunto urbano del Parque Central de Caracas (1970-1983), que se posó sobre el tejido y pequeñas villas de la antigua urbanización El Conde y la notable obra del Metro de Caracas (1976-1983), innegable signo de la Caracas contemporánea, avanzado, higienista, progresista, que sin embargo y a pesar de su contraparte recalificadora del espacio público de la ciudad, al perpetrar espacios peatonales como el Boulevard de Sabana Grande, el Boulevard de Catia y la Plaza de La Hoyada (Figura 18), además de la revitalización de los entornos de las preexistentes Plazas Carabobo,  Venezuela o  Altamira, entre otras, también significó el sacrificio de muchas edificaciones a su paso, generando no pocas veces conflictos y polémicas como reacción de las comunidades habitantes de tales entornos

Otro ejemplo ilustrativo lo representan las obras del Foro Libertador (1981-1983), constituido por la Biblioteca Nacional, la Corte Suprema de Justicia y la avenida Panteón (Figuras 19 y 20) para cuya construcción se demolieron numerosas manzanas del tejido urbano tradicional de las parroquias Altagracia y San José. No obstante, a pesar de estas contradicciones, el periodo, nos legó importantes obras de ingeniería y arquitectura, con repercusión dentro del panorama internacional. La Represa del Guri (1963-1976), en el estado Bolívar o el Complejo del Teatro Teresa Carreño (1973-1983), en Caracas son solo algunas de ellas. 

Figura 19: Panteón Nacional antes de la construcción del Foro Libertador. Fuente: ebay (s.f.)

Figura 20: Foro Libertador, Biblioteca Nacional y al fondo el Panteón Nacional. Fuente: Caracas, The hidden city (2013).

Conclusiones

El corolario de este recuento es exaltar que la diversidad representa una de las características y fortalezas más evidentes del patrimonio cultural de Venezuela, rasgo que no es solo producto de los aportes recientes, sino de la trayectoria histórica que el enclave geográfico que ocupa Venezuela experimentó desde tiempos ancestrales. La superposición de culturas, aunada a la escasa valoración y respeto por las preexistencias ha predominado durante todos los periodos, fomentando un proceso permanente de reinvención y refundación, anulando lo precedente. 

En el periodo prehispánico fue lugar de acogida a varias etnias, unas errantes, otras sedentarias, con raíces lingüísticas y culturales diferentes, que se fueron diseminando y adecuando a los distintos contextos geográficos, en muchos casos con enfrentamientos entre grupos y en la actualidad dispersas, unos segregados y otros entremezcladas con el resto de la población. 

Durante el periodo colonial, fuimos primero, entre 1528 y 1556, una concesión territorial otorgada en calidad de pago al grupo de los banqueros alemanes Welsares. Luego fuimos provincias itinerantes dependientes, adscritas unas a la Real Audiencia de Santo Domingo, dependiente del Virreinato de la Nueva España y otras a la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá, dependiente del Virreinato del Perú, hasta su elevación a Virreinato de Nueva Granada. No fue sino hasta 1777, cuando en tiempos de Carlos III, bajo el periodo borbónico, se fraguó geopolíticamente la unidad en el proyecto de la Capitanía General de Venezuela, integrando el territorio que poco más o menos representa en la actualidad el estado venezolano, con las pérdidas de los territorios insulares de Trinidad y Aruba, que hasta el siglo XVIII formaron parte de dicha unidad. Durante este periodo la fusión de los grupos americanos nativos con los europeos y más tarde con los procedentes de África configuraron el germen de la diversidad étnico cultural que caracteriza a Venezuela.

Durante el largo periodo republicano, Venezuela también fue receptora de nuevas oleadas migratorias de distintas partes de Europa y América. Francia, Inglaterra, Alemania o los Estados Unidos reemplazaron el foco cultural que durante el periodo colonial había representado España. Paulatinamente se fueron sumando otros contingentes, que motivados por procesos bélicos o en la búsqueda de nuevas perspectivas de vida se integraron y mezclaron, enriqueciendo el proceso de mestizaje e hibridación cultural que se extiende hasta el presente. En el periodo de entreguerras llegaron corsos, italianos, portugueses, holandeses, árabes, chinos, configurando una sociedad compleja y diversa, pero también tolerante y receptiva a tantas contribuciones culturales.

Este 18 de abril de 2021, Día Internacional de los Monumentos y Sitios, en un momento por demás complejo, lleno de incertidumbres y desafíos para todo el escenario global, sirva la fecha para la reflexión y hacer honor a la complejidad y diversidad que caracteriza a Venezuela, su gente y en consecuencia a su patrimonio cultural, un reto por preservar y conservar.

Textos: María Carlota Ibáñez y Francisco Pérez Gallego